Guerra Espiritual – Cómo Ministrar Liberación 5

 

Continuemos.

4. Crucificar la Carne y el Ego.

Tome su cruz diariamente y siga al Señor Jesucristo. Rompa todos los viejos patrones y hábitos que le han mantenido ligado a los espíritus malignos. Debemos estar dispuestos a negarnos a nosotros mismos y a crucificar nuestra propia carne. Si los apetitos y los deseos de la carne no se llevan a la cruz, se deja una puerta abierta para que los demonios regresen.

«Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame» (Lucas 9.23).

«… y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí» (Mateo 10.38).

 

5. Apartarse del Pecado.

El separarse del pecado implica separarse de lugares, personas y circunstancias que sean un medio para inducirle a pecar. El separarse del pecado también incluye deshacerse de revistas, materiales, objetos y todo aquello que esté relacio­nado con el pecado (Proverbios 1.15).

«El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia» (Proverbios 28.13).

 

6. Revestirse con la Armadura de Dios.

La manera como nos revestimos con la armadura espiritual es con la oración y a través de los dichos de nuestra boca. Es importante que nos vistamos con la armadura antes de salir del hogar y nos la coloquemos pieza por pieza. Recuerde que Dios no se la va a poner; es usted quien tiene que hacerlo.

«Por lo demás, hermanos míos, fortaléceos en el Señor y en su fuerza poderosa. Vestíos de toda la armadura de Dios, par que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo» (Efesios 6.10-11).

 

7. Cubrirse con la Sangre de Jesús.

Cada vez que tenga su tiempo de oración, use la “Sangre de Jesús” para cubrir su mente, su espíritu, su alma y también a su familia. La sangre de Jesús nos cerca con una barrera de protección que el enemigo no puede penetrar. Es necesario cubrirse diariamente con su sangre, al igual que ponerse la armadura espiritual.

«Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, que menospreciaron sus vidas hasta la muerte» (Apocalipsis 12.11).

 

8. Desarrollar un Espíritu Perdonador.

Una de las mayores razones por las cuales el enemigo puede venir a oprimir a los creyentes, es porque guardan resentimiento y falta de perdón en sus corazones. Después de perdonar a los que nos han ofendido en el pasado, tenemos que entender que vivimos en un mundo en el que siempre encontraremos a alguien que nos va a herir nuevamente. Por eso, es necesario que inme­diatamente vuelva a perdonar y que desarrolle un espíritu perdonador. (Mateo 18.21-35).

 

9. Resistir al Diablo.

Dios nos ha dado armas espirituales; úselas para resistirlo. Estas armas son: la sangre de Jesús, la Palabra, el ayuno, los ángeles, la unción del Espíritu Santo, la alabanza y la oración.

«Someteos, pues a Dios: resistid al diablo, y huirá de vosotros» (Santiago 4.7).

 

10. Renovar Nuestra Mente.

La forma en que los demonios pueden intentar regresar es a través de la falta de disciplina. La mente es un campo de batalla. Usted debe desalojar las imaginaciones y llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Recuerde que usted tiene el poder y la autoridad dados por Dios para echar fuera demonios de su mente y para reprender cualquier ataque que venga a su vida.

«Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas» (2 Corintios 10.4).

Cuán importante es saber que la palabra de Dios promete libertar a todo aquel que se sienta escla­vizado y oprimido por las fuerzas demoníacas. El nombre de Jesucristo es la máxima autoridad para romper cualquier atadura de las tinieblas y hacer libre completamente a todo aquel que esté dispuesto a creer en Él.

Extracto del libro “Sanidad Interior y Ministración”

Por Guillermo Maldonado

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