Guerra Espiritual – La Autoridad del Creyente 1

 

 

La Base Constitucional de la Autoridad del Creyente.

La autoridad para imponer la victoria de Cristo sobre Satanás fue delegada a la iglesia.

En Mateo 16:18, 19: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que de­satares en la tierra será desatado en los cielos”.

También en Mateo 18:18: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”.

El mandato divino es corroborado en Lucas 10:17-19: “Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nom­bre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará”.

Esta delegación de autoridad está claramente implícita también en Mateo 28:18-19: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id… “.

Toda potestad (autoridad) le fue dada a Jesús en virtud de su triunfo consumado en el Calvario; y, a su vez, él ha delegado dicha autoridad en sus dis­cípulos. Estos textos forman una sólida base para la comisión de aquéllos como agentes de imposición de la victoria del Calvario.

El hecho de que Satanás parezca estarse salien­do con la suya, no pone en tela de juicio la autenti­cidad de la victoria de Cristo sobre el diablo en la cruz; sólo significa que la agencia de imposición de la misma no ha llevado a cabo lo que le corresponde hacer en forma efectiva.

Si comprendiéramos real­mente lo que le sucedió a Satanás en el Calvario, si en­tendiéramos lo absoluta que fue su derrota, y concibié­ramos el poder de la sangre y la eficacia de nuestra au­toridad, tal vez nuestra propia experiencia y la histo­ria del mundo hubieran sido diferentes.

Satanás ha conseguido engañar al pueblo de Dios acerca de lo que le sucedió a él en la cruz. Me­diante el lavado de cerebro y el engaño, ha logrado convencer a la iglesia de que es casi tan poderoso, o igual a Dios, cuando en realidad no tiene poder en absoluto.

No goza de posición legal, ni de derecho alguno, ni de autoridad. Sabe que cuando la iglesia se dé cuenta de lo completo de su derrota y sepa cómo utilizar la autoridad que le ha sido delegada, será vencido. Por lo tanto, tiene la esperanza de que el pueblo de Dios seguirá en tinieblas, sin conocer o usar la autoridad que le corresponde.

 

El Aprendizaje de la Oración.

Algunos tienen recelos inspirados por Satanás en cuanto a dedicar tiempo al ministerio de la ora­ción; la razón es que no comprenden que Dios obra únicamente por medio de la misma. El propósito que Dios tenía al crear su programa de oración era enseñarnos a vencer, a modo de preparación para el oficio de gobernantes; esto lo está utilizando como aprendizaje. Dios no ideó la oración simplemente como su manera inigualable para que las cosas se realizaran; en su plan, ésta tiene un solo propósito: Ejercitarnos para vencer.

Dios tiene el poder para realizar todas sus inten­ciones sin que nosotros cooperemos en oración, ex­cepto aquello relacionado con nuestra necesidad de la enseñanza y la educación. No tiene ninguna otra manera de prepararnos para señorear sino median­te nuestra cooperación en la oración. A causa de ello, no hace nada en la esfera de la redención hu­mana salvo por medio de la oración: Toda su activi­dad y realización las ha ligado a la oración. Todo lo que hace en este terreno está limitado a las oracio­nes de su pueblo.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Destinados a Vencer”

Por Paul E. Billheimer

Lee La Autoridad del Creyente 2

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