Guerra Espiritual – La Autoridad del Creyente 2

 

Continuemos.

La oración no es contestada en base al mérito de la persona, porque nadie que ora es absolutamente perfecto en el terreno moral (muchos están muy le­jos de dicha perfección moral). El factor decisivo para obtener respuestas a la oración no es primordialmente la superioridad espiritual, sino simple­mente la osadía, el valor y la fe para orar a pesar de nuestro sentimiento de indignidad.

Si estamos ca­minando concienzudamente en la luz que el Señor nos ha dado, no debemos permitir nunca que la sensación de indignidad estorbe nuestra vida de oración. Esto queda claro en Hebreos 4:15-16: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pue­da compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiada­mente al trono de la gracia, para alcanzar miseri­cordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.

Dios conoce todas nuestras debilidades, nues­tras flaquezas y nuestra indignidad; y ya que fue tentado exactamente como nosotros, sabe lo indig­nos que nos sentimos; pero aun así nos invita a venir. Nos llama a acercarnos confiadamente, no porque seamos dignos de hacerlo, sino porque él es digno. Él ha planeado que la oración sea un apren­dizaje, una experiencia de instrucción, con el objeto de prepararnos para el oficio de gobernantes en los siglos venideros.

 

Un Aprendizaje Mientras se Trabaja

Muchos de nosotros pensamos que Dios sólo contestará las oraciones de otras personas, espe­cialmente de aquellas que según creemos son espiritualmente superiores. La razón de ello, es que tenemos “información fidedigna” concerniente a nuestras propias debilidades, nuestros defectos, nuestra indignidad y nuestro pecado. Aunque es verdad que “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado”, todas las oraciones que son escuchadas y contesta­das, lo son por una sola y única razón: Lo que Cristo ha hecho por nosotros.

Cuando aceptamos a Cristo como nuestro Sal­vador y nacemos de nuevo, por esa misma causa, Dios nos atribuye toda la dignidad de su Hijo. Si duda de ello, mire 1 Corintios 1:30: “Más por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santifica­ción y redención”, la obra completa. Es por eso que toda oración que es oída y contestada tiene que estar hecha en su nombre; es decir sobre la base de su dignidad, y no de la nuestra.

Si usted es nacido de nuevo y está caminando en toda la luz que posee, sin tolerar ningún pecado conocido, es tan apto para recibir respuestas a sus oraciones como el santo más maduro. El único re­quisito necesario es que ore. “No tenéis… porque no pedís” (Santiago 4:2).

Ya que la oración es un “aprendizaje mientras se trabaja”, el propósito de Dios al poner en marcha el sistema de oración no se puede cumplir sin la oración. “No tenéis”, no a causa de que usted cree que no merece nada, sino simplemente porque no pide. Satanás utiliza este sentimiento para evitar que ore. Cuando lo consigue, ha ganado.

Todas las oraciones que Dios está contestando provienen de gente que no sólo se siente inmerecedora como usted, sino que realmente no merece nada. Dios lleva a cabo toda su obra por medio de gente indigna, quienes, a pesar de esa convicción, están de todos modos haciendo de la oración el asunto más importante de sus vidas. Por lo tanto, no permita que Satanás ponga desaliento en su co­razón y le obstaculice en su oración a causa de su sensación de ser inmerecedor.

Si está lo suficientemente capacitado como para que Dios ponga una carga de oración sobre usted, entonces, está en la posición de intercesor. El tiempo que pasa en oración no es tiempo malgas­tado.

Toda oración que está de acuerdo con la volun­tad de Dios tiene su origen en el corazón del Señor. Cuando Dios pone sobre usted una carga de ora­ción, eso quiere decir que él ya está obrando para hacer aquello; por lo tanto, si usted tiene una carga de Dios por cualquier cosa, puede orar con la fe de que el Señor ya está actuando.

No permita que Satanás le aleje cada día más de la oración a causa de un sentimiento de indigni­dad. A usted se le ha dado autoridad sobre el dia­blo; pero dicha autoridad es totalmente inútil si no ora.

Extracto del libro “Destinados a Vencer”

Por Paul E. Billheimer

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