quienes-son-llamados-para-la-guerraGuerra Espiritual – ¿Quiénes Son Llamados Para la Guerra? 3

 

Continuemos.

Mientras mi corazón se compungía con la visión, Dios confortaba mi alma, y me decía: “No desmaye tu corazón ante la visión, porque el tiempo ha llegado en que Yo descenderé para gobernar la tierra. Los cielos y la tierra serán uno en esta dispensación, y Yo estoy escogiendo a los que gobernarán a Mi lado”. Mientras hablaba conmigo, como un relámpago, venía a mi espíritu la Palabra que dice: “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con Él son llamados, elegidos y fieles» (Apocalipsis 17.14).

Aquí vemos que el pelear al lado del Cordero, una batalla contra una alta jerarquía demoníaca, no es para todos. Dios ha escogido a este ejército y lo ha hecho por causa de la fidelidad de ellos. La fidelidad de éstos tiene que ver con profundos niveles de cruz, de negación y de valentía. Estas son personas que pueden dar pasos de obediencia con consecuencias en desfavor de ellos mismos, soldados cuya prioridad es el seguir a Dios aunque les cueste la propia vida. Éstos son los que tienen poder contra Satanás mismo (Apocalipsis 12.11).

Hay obediencia a Dios que todos pueden llevarla a cabo, esto es, Sus mandamientos y nuestras actitudes cristianas, pero hay órdenes de alto nivel de obedi­encia, que nos conducen a ser escogidos por Dios o que nos eliminan de Sus altos propósitos.

La guerra en las esferas celestes requiere guerreros sin miedo, soldados eficaces, a quienes Dios pueda dirigir con una simple mirada. Personas que sean como el aire, a quienes el Señor pueda soplar hacia donde Él quiera porque no tienen arraigos en la tierra. Aquí, el valor y el arrojo para pelear no son las cuali­dades primordiales, sino el nivel de muerte interior. Hay órdenes divinas que marcan el que unos sigan y otros se vuelvan atrás.

Recuerdo las preguntas que Dios me hizo cuando me dio la misión de subir al monte más alto del mundo, el Monte Everest. La primera pregunta fue: “¿Qué tanto anhelas la liberación de la ventana 10/40 si te digo que no te estoy garantizando que regresarás con vida?” (La ventana 10/40 era la zona menos evangelizada del mundo en los años 90). Pocos saben lo que se siente despedirse de sus hijos cuando, llenos de lágrimas, te preguntan: “¿Mami, Dios te dijo que vas a regresar, verdad?”, y tú sabes la respuesta dentro de ti.

Otra fue: “¿Y qué, si te pido el precio de llevarme a uno de tus seres más queridos para liberar la fortaleza del Everest?” Nada es más espantoso que ver una balanza en la que de un lado, pende uno de tus seres más amados, y del otro, millones de almas siendo jaloneadas al infierno.

Una más fue: “¿Estarían dispuestos a ir a la cárcel en Nepal para que yo rompa las cadenas de sus cautivos?” Ésta era, desde luego, la más fácil. Y las tres cosas estuvieron a punto de suceder. Así como Dios libró a Abraham de matar a su hijo, después de que se lo había pedido en sacrificio, así también Dios cambió Su decreto cuando a todo le dije que sí, y lo hice.

Es necesario que Dios nos ponga a prueba para ser escogidos, porque los niveles de miedo, de confusión y de dolor tienen que ser vencidos antes de empezar la batalla.

 

3. Guerreros de Luz.

Los escogidos son guerreros adiestrados en la luz, ya que la luz de Dios es lo único que puede disipar las tinieblas. La palabra dice: « porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destruc­ción de fortalezas” (2 Corintios 10.4). También dice: “Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz”.

La luz es el arma más poderosa que existe, ya que ningún demonio puede resistirla. La luz es Dios mismo. En asuntos de guerra, no se trata tan solo de un asunto teológico, en el que posicionalmente somos luz, sino de ser verdaderas lumbreras que produzcan la luz del Altísimo.

El verdadero conflicto es una confrontación entre la luz y las tinieblas. Como dice el apóstol Juan en  Juan 1:4-5.

Un principio es que: La oscuridad se torna insustancial frente a la luz. Yo no tengo que gritarle durante tres horas a la oscuridad para que se vaya cada vez que enciendo un foco en mi casa. A la manifestación instantánea de la luz, las tinieblas automáticamente desaparecen. Ahora, si Jesús es la luz que mora en nosotros, ¿por qué no desaparecen las tinieblas alrededor nuestro en forma inmediata?

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Guerra de Alto Nivel”

Por Ana Mendez Ferrel

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