quienes-son-llamados-para-la-guerraGuerra Espiritual – ¿Quiénes Son Llamados Para la Guerra? 6

 

Continuemos.

En el libro de Apocalipsis 12:7-10 Dios nos muestra una batalla en la que claramente se ve el desarrollo de los dos ejércitos interactuando. Ahora note cómo la misma voz en el cielo declara quienes le han vencido. No dice Miguel y sus ángeles le han vencido, sino que dice: “Ellos le han vencido, por medio de la sangre del Cordero, por medio de la palabra del testimonio de ellos que despreciaron sus vidas hasta la muerte». Y éstos son, obviamente, los santos escogidos de Dios.

La voz en el cielo declara al diablo vencido por los guerreros en la tierra. Hay quienes piensan que los hijos de Dios no pueden enfrentar batallas contra el diablo mismo y menos en regiones celestes. Sin embargo, aquí vemos esta tremenda batalla en la que, quienes vencen, son precisamente los hijos del Altísimo. El diablo es declarado vencido en la batalla, no obstante sigue actuando en la tierra en contra de la Iglesia. Luego, el traerse abajo los poderes de las tinieblas del cielo a la tierra, no necesariamente tiene una repercusión de total eliminación, pero sí es claro, que al ser quitados de las regiones celestes, han perdido su mayor fuerza de acción y Dios los declara vencidos.

 

5. Nuestras Armas Son Poderosas en Dios.

La guerra espiritual es un asunto del Espíritu. La unción para hacer la guerra y la gracia de Dios para darnos la victoria, son el resultado de una vida llena de Dios. Sin embargo, hay personas que quieren pelear ignorando las leyes básicas de protección personal y de la inteligencia para hacer la guerra, trayendo graves consecuencias. Las armas que Dios nos dio son poder­osas en Dios para la destrucción de fortalezas.

Y la armadura con que nos revestimos, no es cualquier armadura. La Biblia dice que es la armadura de Dios. Estas no son cosas ligeras que pueden ser venadas así porque sí. Sin embargo, la gran mayoría de los guerreros no saben cómo ponérsela ni cómo usar las armas. Este desconocimiento conduce a enfrentar la batalla en la carne. Leí una vez que alguien escribió: “Todas las mañanas declara que te estás poniendo toda la armadura de Dios, y así estarás protegido”.

Desgraciadamente, la armadura de Dios no viene sobre nosotros porque hacemos una declaración profética. Esta armadura implica estar establecido en posiciones celestiales inexpugnables como lo son la verdad, la salvación, la justicia, el amor, la fe el apresto del Evangelio y la íntima comunión con la Palabra revelada de Dios, los rehmas de Su Palabra y desde esas posiciones, pelear en el mundo espiritual. Y no gente hipócrita, llena de falsedad y mentira clamando que se ponen el cinto de la verdad o gente injusta, rebelde, chismosa, cuyas lenguas están contaminadas de veneno, clamando que se ponen la coraza de la justicia o la coraza del amor, o personas que no tienen fe ni para sus propias finanzas, atrib­uladas por miedos de toda índole, proclamando que toman en sus manos, proféticamente, el escudo de la fe. Todo esto no es más que hacer el ridículo y pelear en la total ignorancia con armas de carne. Lo que están haciendo al pelear en su carne, es igual que arrojarle hachas a la luna o piedras al sol.

La armadura de nuestro Dios es perfecta, es indestructible, es poderosísima, pero se adquiere en la medida en que nos convertimos en ella. Un guerrero que pelea por el Espíritu del Dios viviente, es un hombre o una mujer impregnado de la verdad, que abomina la falsedad y la mentira, un hombre lleno de justicia y de amor, que ama en las condi­ciones más adversas y más contrarias a sí mismo. Es un hombre lleno de salvación interna, santo en todos sus caminos, que aborrece toda forma de mal y de impiedad, cargado de la fe de Dios porque le conoce y Dios a él. Es un hombre de relación íntima con el Altísimo y de relaciones llenas de benignidad con sus hermanos, lleno de compasión y listo para predicar bajo cualquier circunstancia.

Éste es el hombre o la mujer a quien Dios inviste de Su autoridad, cuyas armas no son hachas de hombre, sino espadas de fuego y bombas atómicas en el mundo espiritual. Un soldado en perfecto orden de autor­idad, adiestrado en principios, valores y sumisión. Un guerrero revestido de humildad y docilidad, es fácil de dirigir por la mano de Dios y de sus superiores. Es una persona temerosa de Dios, que no busca lo suyo ni se jacta, porque sabe que sólo de Dios es la gloria. Estos son los escogidos de Dios, los revestidos de Él, y los armados por Su Espíritu. Éstos no pueden ser vencidos.

Extracto del libro “Guerra de Alto Nivel”

Por Ana Mendez Ferrel

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