Hombres – ORANDO PARA SER EL ESPOSO QUE DIOS DESEA

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Tu matrimonio es como un partido de fútbol. Tú y tu esposa son un equipo. Y ella desea tener la seguridad de saber que cuan­do las cosas no andan bien y llegó el momento decisivo, aunque el enemigo ya esté celebrando tu derrota y todo parezca estar perdi­do, tú tienes fe y crees que las cosas pueden cambiar incluso en el último segundo. Ella necesita tener la seguridad de que en tu bolsillo tienes escondida una jugada que puede llevarlos hasta el otro lado del campo con el balón para obtener un gol ganador. Ella desea que confíes en que nada es imposible con Dios, y que debido a esta realidad nunca dejarás de esperar que suceda lo imposible. Cuando tu esposa sabe que estás orando, se siente plenamente confiada de todas estas cosas.

En mi encuesta, el 85% de las esposas ex­presaron que la oración más importante que un esposo puede hacer, es que él llegue a convertirse en la clase de hombre, esposo, y cabeza del hogar que Dios desea que sea. Este es el lugar más im­portante para que un hombre comience a orar.

«Para que vuestras oraciones no tengan estorbo». Lo bueno respecto a la oración —o el problema con la oración, dependiendo de tu perspectiva— es que para hacerlo tenemos que acudir a Dios. Esto significa que no podemos andar con enga­ños. Significa que el Señor va a revelar todos los pensamientos negativos, las malas actitudes, la dureza del corazón o los moti­vos egoístas. La oración ferviente y honesta siempre trae a la luz los sentimientos más profundos de nuestro corazón. Y esto puede ser bastante incómodo e incluso una experiencia miserable.

Si algo he aprendido de la oración es que si en nuestro corazón estamos albergando falta de perdón, amargura, egoísmo, orgullo, ira, irritabilidad o resentimiento, nuestras oraciones no serán con­testadas. «Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Se­ñor 110 me habría escuchado» (Salmo 66:18). Cuando oramos, en nuestro corazón debe haber rectitud. Todos nosotros, hombres y mujeres por igual, ponemos en peligro las oraciones cuando no oramos con rectitud de corazón.

Al orar, la condición de nuestro corazón tiene más efecto so­bre el resultado de la respuesta a dicha oración, que el contenido mismo de la oración. Es por esta razón, que cuando nos acercamos a Dios en oración, Él nos pide que primero confesemos todo lo in­debido que haya en nuestros corazones. Y lo hace así para que nada nos separe de Él. La Biblia dice: «Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras ora­ciones no tengan estorbo» (1 Pedro 3:7).

Vivir sabiamente con tu esposa significa en parte, reconocer que ella necesita tu cobertura, tu protección y tu amor. Y porque ambos son coherederos de la gracia de Dios, necesitas honrarla en tus pensamientos, palabras y acciones. Cuando no lo haces, tus ora­ciones hayan estorbo. Esto significa todas tus oraciones, y no solo las que elevas a favor de tu esposa. Muchos hombres no reciben res­puesta a sus oraciones porque no aprendieron este paso tan vital. Una de las mejores maneras de honrar a tu esposa es orar por ella con un corazón limpio delante de Dios.

Pídele a Dios que te muestre todo lo que necesitas ver sobre la verdadera condición de tu corazón. Quizás tengas un matrimonio perfecto y seas sublimemente feliz, y aun así tengas una actitud ha­cia tu esposa que esté muy por debajo de lo que Dios desea. Cual­quier cosa que Él te revele, confiésalo ante su presencia. Cuando confesamos ante el Señor todas las actitudes imperfectas que hay en nuestra vida, Él nos ayuda a vencerlas. Encontrarás que el as­pecto más difícil de ser un esposo intercesor no será el tiempo que emplees orando por tu esposa, sino orar con un corazón recto ante Dios. Por eso es que para orar adecuadamente por tu esposa, pri­mero debes comenzar orando por ti mismo.

Extracto del libro “El Poder del Esposo Que Ora”

Por Stormie Omartian

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