Hombres – POR MUY EXTRAÑO QUE PAREZCA…

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Por muy extraño que parezca, por mucho que cueste creerlo a veces, un día aparece esa persona. Esa persona que te que te susurra que te quiere, que sonríe cuando tu sonríes, que hace que con tan solo rozarte la mano te ponga los pelos de punta, que se ríe de tu risa. Que te mire de esa manera profunda… que asusta. Que produzca ese nudo en la garganta. No, no estoy hablando de una persona perfecta, dejaré eso para las películas. Yo me refiero a cuando encuentras a alguien, que lo sientes, que verdaderamente le importas. Que te agarre fuerte de la mano o que te abrace durante un instante y que lo único que te salga pensar sea “ojalá no me soltaras nunca”.

Es que a lo largo de nuestra vida, conocemos a alguien, que sin saberlo, logra hacer un hueco en nuestro corazón, hasta el punto de ocuparlo completamente. Esa persona, se convertirá en la razón de cada sonrisa, de cada latido, de esa felicidad que te inunda. Esa persona, lo es todo, pero no nos damos cuenta de lo mucho que nos importa, hasta que nos imaginamos miles de momentos sin esa persona, hasta que la distancia no se pone en medio, no sabemos apreciar cada palabra que se dijo, cada mirada en silencio; y a veces, es demasiado tarde para dar marcha atrás, para decir aquel te quiero que tanto querías decir y no dijiste.

En ocasiones me escriben y me dicen: “Pero Dante ¿y si me animo a decirle lo que siento y me rechaza?”, yo les respondo: Tú eliges arriesgarte o guardarla en la lista del olvido. Si te dice que no, por lo menos te la sacas de la cabeza de una vez, aunque luego te tarde más tiempo quitártela del corazón… pero algo es algo, por lo menos sabrás donde estás parado.

Si me preguntas que haría yo, te diría: Elegiría hablar y no esquivar las miradas. Elegiría querer y todas las consecuencias que eso conlleva. Elegiría que esa sea la persona que llene mis días de sonrisas y mi almohada de recuerdos (porque siempre la sueñe). Vamos, toma valor y dile: “Elegí hacerme adicto a tus miradas, a tus pequeñas y adorables manías, a tu risa, a tu forma de hacer las cosas. Adicto a ti. Yo elegí arriesgar y jugarme todo por ti, aun sabiendo que podía perderte de un día para otro. Siempre dije que si tú eras un error, yo prefiero equivocarme. Prefiero que seas la mejor equivocación de toda mi vida y no el peor “quizá pudo haber sido…”.

Y AQUI VA EL BONUS:

Es probable que tengas temor a que te responda: “Es que no estoy segura de lo que siento; prefiero ser tu amiga…”. Si eso pasa, te doy un par de sugerencias para que se las escribas o se lo digas personalmente: “¿No estás segura de lo que sientes? Solo se me ocurren tres cosas: ¿Eres difícil para enamorarte? ¿Tienes miedo? o ¿Me amas y no lo sabes? Tengo algunas soluciones en mente:

Si eres difícil para enamorarte, la vida me ha enseñado lo que es la perseverancia. Si una gota de agua que insiste logra penetrar una roca, de forma inevitable se cuela por la más pequeña, insignificante, por la más mínima grieta, alcanza a humedecer el interior, aunque la roca no quiera. Aunque ella se crea dura e impenetrable. Es totalmente vulnerable cuando una gota quiere cumplir su objetivo: ¡Bañar su corazón! ¿Sabes? Te amo desde hace mucho tiempo, aun cuando tú no me amas. Si la razón es que eres difícil, sé que un día llegaré a mojar tu corazón, aunque no lo quieras…

Si lo que te pasa es que tienes miedo, solo puedo decirte que si no pruebas no lo sabrás nunca. ¿Cómo hago para que sientas que te hago falta? Cosa difícil en nuestra situación porque ni siquiera me tienes. ¿Cómo vas a extrañar mis besos si no sabes cuál es el sabor de mi boca? ¿Cómo vas a extrañar mis abrazos si no sabes cómo aprieto? ¿Cómo vas a extrañar olerme si no sabes cuál es mi aroma? ¿Cómo vas a buscar refugiarte en mis brazos cuando el despertador suene si no estoy contigo en la mañana? ¿Cómo vas a extrañar mi saludo y mi regreso si ni siquiera me he despedido de ti? Y si decides no amarme, ¿cómo te deshaces de mí si no me tienes? ¿Cómo te alejas de mí si ya estoy lejos?

Finalmente, ¿será que me amas y no lo sabes? Esta es la razón más difícil. Si esto es lo que te sucede, es en lo que me siento más perdido. Ya te abrí mi corazón, te dejé pasar. Comencé por extrañarte cuando no te veía, luego empecé a necesitarte, te he explorado y he comprobado que eres perfecta, que encajas a la perfección con lo que desde toda la eternidad he amado. Ahora sé que te amo porque me haces falta.

Ahora bien, si finalmente descubres que no me amas, que no me amarás nunca, ambos habremos aprendido un nuevo método de como NO se hacen las cosas. Y todo aprendizaje es un éxito. En fin, si después de todo esto no logro conmoverte, tendré que conformarme con ese pequeñísimo momento en que nos cruzamos la mirada o lo que es mejor, cuando me saludas con una sonrisa. Es lo único que me queda, pero por lo menos… algo es algo”.

Si con todo eso, no se derrite o se derrumba de amor… ya no pierdas más tu valioso tiempo. Pero por lo menos te vas a quedar con el sabor… que lo intentaste todo.

Por Dante Gebel

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