Hombres – SÉ CORTÉS CON TU ESPOSA

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¿En algún momento le hablas a tu esposa de forma tal que se con­sidere rudo si estuvieras hablando con un amigo o socio de nego­cios? ¿Eres bondadoso con todos durante el día, pero cuando llegas a la casa desbordas toda tu frustración, agobio y enojo sobre ni esposa? ¿En algún momento permites que de tu boca salgan críticas en contra de tu esposa, frente a otras personas? Si así es, como una hermana en Cristo que profundamente se preocupa por ti y por tu esposa, permíteme darte la primera asignación im­portante de este libro: ¡DEJA DE HACERLO!

De por sí el matrimonio ya es bastante difícil para que uno de los dos sea rudo, cruel o desconsiderado con el otro. Ninguna otra cosa hace que el matrimonio se parezca tanto a un infierno en la tierra. No hay nada más que perturbe, derrote, atormente, sofo­que o que provoque emociones; ninguna otra cosa que produzca en nosotros los peores sentimientos como un matrimonio en el que uno de los cónyuges carece de la más elemental cortesía. He escuchado de varios matrimonios que se disolvieron porque durante mucho tiempo la esposa recibió un trato tan rudo que llegó a sentir que se estaba convirtiendo en una persona resentida, enojada, amargada y sin esperanza. En otras palabras, se estaba con­viniendo en el tipo de persona que nunca deseó ser. Debemos te­ner suficiente interés en nuestro cónyuge como para dejar de ha­cer aquellas cosas que le causan heridas y molestias.

No hay nada más maravilloso que la voz masculina. Es fuerte, profunda y enriquecedora. Y el sonido de voces masculinas cantando al unísono es uno de los sonidos más maravillosos que existe sobre la faz de la tierra. Pero la voz masculina también puede ser Herradora, especialmente para las mujeres y los niños. La mayoría de los hombres no tienen la más mínima idea del poder que hay ni sus voces. Cuando un hombre habla, sus palabras tienen el po­der de crear y también el poder de destruir. Sus palabras pueden ser como cuchillo afilado que hiere y mata, o como un suave bálsamo que sana y da vida.

No estoy diciendo que no puedas dialogar honesta y confiada­mente con tu esposa sobre los asuntos que les atañen. Den a conocer sus pensamientos y emociones por todos los medios posibles. Pero no permitan que sus palabras se conviertan en armas de críticas que destruyan lo que desean preservar. Aunque no sea nuestra intención, la falta de paciencia y el cansancio harán que nuestras palabras parezcan carecer de toda cortesía. Recuerda que «el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder» (1 Corintios 4:20), No son las palabras que hablas, sino el poder de Dios detrás de ellas lo que harán la diferencia. Orar primero, antes de dialogar sobre un tema sensible, le dará poder a tus palabras, y te dará la seguridad de decirlas con corazón sincero.

Tu esposa fue creada como regalo de Dios para completarte. «Y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mu­jer por causa del varón» (1 Corintios 11:9). Pero se debe tratar como el regalo de Dios que es, para que la completa bendición de Dios se cumpla en tu vida. Si la honras y le otorgas el valor mereci­do, tu esposa probará ser la más valiosa entre todas tus posesiones. La Biblia nos dice que «cualquier cosa que pidiéremos la recibire­mos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él» (1 Juan 3:22). Ruégale a Dios en oración que te ayude a hablarle a tu esposa de forma cortés y agradable ante sus ojos, y que te haga sensible de corazón para saber cuándo no lo haces.

Extracto del libro “El Poder del Esposo Que Ora”

Por Stormie Omartian

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