nuevo-5Devocional – Castigos

 

Pasaje clave: Levítico 26:14 al 29.

 

¡No es pavada lo que acabas de leer!

¿Sabes por qué Dios castiga? Porque Él es justo.

Su justicia no es como la nuestra: “Si nos cae bien…”, “si es nuestro amigo…“, “si a cambio nos hace algunos favorcillos…“, entonces somos mas blanditos, pasamos por alto ciertas cosas y listo. En cambio si no lo soportamos, si nos trató mal, si estabamos esperando tener la oportunidad para vengarnos, entonces volcamos sobre esa persona toda nuestra ira. Pero Dios no es así.

Dios no administra justicia según las apariencias, ni lo hace por “amiguismo”. Su justicia no es ira descontrolada, ni bronca contenida que se libera con crudeza porque “no se la aguanta más”. Él no esta esperando tomarse revancha. Él es justo. Él le da a cada uno lo que cada uno merece según sus obras. Dios no pacta con la injusticia ni con el pecado. Dios no trata igual a los que le obedecen, le aman y le creen que a aquellos que lo tratan como si fuese un invento religioso o se dedican, deliberadamente, a ignorarlo.

Y si bien para Dios no hay “pecados grandes” ni “pecados chicos” (la mentirita piadosa no existe, es mentira y punto), Él emite justicia en función de la gravedad del pecado, de las consecuencias que produjo y de las intenciones con las que fue cometido.

La gravedad y las consecuencias del pecado.

No es lo mismo robarte 50 centavos que tener sexo con tu novia. Ambas son conductas pecaminosas pero la gravedad y las consecuencias son absolutamente distintas.

No es lo mismo copiarle el examen a tu compañero que robar a mano armada. Ambas son conductas pecaminosas pero la gravedad y las consecuencias son absolutamente distintas.

Las intenciones.

Por ejemplo: Le digo algo a alguien, sin embargo, esa persona lo toma mal (aunque no fue nada malo lo que le dije), se siente ofendida y dolida por mis palabras. Sin saberlo, pequé contra ella aunque no fue mi intención lastimarla.

En cambio cuando deliberadamente digo o hago cosas que lastiman a otros, no tengo excusas, porque tuve la intención pecaminosa de hacer lo que hice. Dios no juzga igual ambas conductas.

¡Un corazón muy, muy grande!

Así es el corazón de Dios. Él siempre te da nuevas oportunidades cuando tú estás dispuesto a reconocer tu pecado y a humillarte (26:40-45).

Extracto del libro: “Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Éxodo/Levítico”

Por Edgardo Tosoni

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