La Oración – El Toque de Grandeza 1

 

¡Oh, si… tu mano estuviera conmigo! (1º Crónicas 4:10).

Bueno, ahora ya lo hizo. Ya traspasó el límite. Se in­trodujo más profundo. Ha subido hasta golpearse con la piedra fría de la realidad. Es incapaz de sos­tener la vida que ha alcanzado….

Dado que se atrevieron a pedir un ensanchamiento de los ministerios, muchos cristianos han vacilado en este punto de su transformación espiritual. Han recibido bendi­ciones en escalas que no imaginaron posibles. Han visto cómo Dios aumenta los límites de sus influencias y opor­tunidades. Sin embargo, repentinamente el empuje del viento se detiene bajo las alas. Débiles e incapaces, empiezan a caer en picada.

¿Parece familiar? Puede ser que sus nuevas oportuni­dades de negocios amenacen con sobrepasar sus experien­cias y recursos. Quizá los muchachos que comenzaron a congregarse en la cocina de su casa parecen tener sobre la familia una influencia negativa mucho más fuerte de lo que usted haya podido influirlos positivamente. Quizá re­sulta que las nuevas oportunidades para el ministerio por las que oró y recibió del Señor, requieren una persona con mayores y mejores capacidades de las que usted jamás po­drá tener.

Usted ha recibido una brazada de bendiciones de Dios, ha caminado vacilante por un territorio nuevo… y tropezó con dificultades abrumadoras. Cuando los creyen­tes se encuentran en esta clase de dilemas inesperados, con frecuencia se sienten asustados, engañados, abandonados y, claro está, un poco irritados. A mí me pasó…

 

El Descenso al Poder.

¡Hablemos de caídas! Me sentí fuera de control y débil, todo lo contrario a lo que se supone que un líder sien­ta, y casi todos los días pude ver cómo el piso subía al en­cuentro de mi rostro. Estaba en el comienzo de mi aventura de servicio, después que las puertas empezaron a abrirse con nuevas posibilidades emocionantes en el ministerio de Caminata Bíblica. Pero, simplemente, no podía evadir la idea de que era el hombre incorrecto para esa tarea.

Extremadamente molesto decidí buscar el consejo de un anciano de toda mi confianza. En ese tiempo John Mitchell tenía como ochenta años, un maestro de Biblia nacido en Yorkshire que fue el padre espiritual de miles de cristianos. Le dije lo que creía que Dios me llamaba a ha­cer y luego confesé mi problema. Aún estaba en el proceso de tratar de describir mi crisis con algunos detalles cuando me detuvo.

—Hijo —me indicó, en su amable acento irlandés—, ese sentimiento del que procuras es­capar se llama dependencia. Significa que andas con el Señor Jesús —hizo una pausa para que meditara en sus palabras, y luego siguió—: En realidad, en el instante en que no te sientas dependiente, es el momento en que te  apartas del verdadero vivir por fe.

No me gustó lo que oí. —Usted dice, doctor Mitchell, ¿qué percatarme de que ciertamente no puedo hacerlo es lo que se supone que debo sentir?

—¡Claro que sí, jovencito! —respondió risueño—. Es lo único que está bien.

Es una verdad que asusta pero es completamente vivi­ficante, ¿no es cierto? Como hijos e hijas bendecidos a quienes Dios elige, se espera que intentemos algo lo sufi­cientemente grande como para que sea un fracaso garanti­zado… a menos que Dios intervenga. Tomemos un minuto en oración para procurar comprender cuán contraria es esa verdad a todo lo que humanamente escogeríamos:

  • Va contra el sentido común.
  • Se opone a nuestras experiencias previas.
  • Parece menospreciar nuestros sentimientos, ense­ñanzas y preparaciones anteriores y nuestra necesi­dad de sentirnos seguros.
  • Nos prepara para que nos vean como si fuésemos tontos y perdedores.

Pero es el plan de Dios para sus más honrados siervos.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Oración de Jabes”

Por Bruce Wilkinson

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