La Oración – El Toque de Grandeza 5

 

Continuemos.

Los padres solo decían que lo que intentábamos hacer era completamente imposible. Y estoy seguro que tenían razón. Pero, de pronto, todo comenzó a suceder. En efecto, cuatro de los seis equipos tenían más de un centenar de chicos en las reuniones de la primera semana. Fue necesa­rio que algunos grupos se movieran a casas cuyos patios traseros se unieron, después de quitar las cercas, para alber­gar a todos los muchachos. Para el fin de semana habíamos compartido las Buenas Nuevas con más de 500 jóve­nes; muchos de ellos nunca habían asistido a una iglesia.

Si esos no fueron milagros suficientes, el esfuerzo evangelístico en Long Island efectuado en la playa, arrojó mejores resultados gracias a algunos trucos y actos de ilusionismo. En realidad fui a un almacén local de novedades y regresé al grupo con un equipo de trucos para principian­tes. Ustedes saben, “todo lo que se necesita para deslumbrar e impresionar a los amigos”. Me quedé hasta las tres de la mañana mientras aprendía cómo hacía “desaparecer” un huevo. Pero esa tarde ofrecíamos nuestro espectáculo gratis de ilusionismo en la arena y rogábamos a Dios que su mano estuviese sobre nosotros.

Específicamente, pedíamos al Señor 30 decisio­nes de salvación al terminar el primer día. Nuestra audiencia creció de una simple fila de unos cuantos pequeños (traídos por los padres que con certeza querían unos pocos minutos de paz) a más de ciento cin­cuenta espectadores con sus trajes de baño. Los entrete­nimientos iban desde los actos de trucos más sencillos y elementales hasta representaciones teatrales de pasajes seleccionados de los Evangelios. Los padres comenzaron a acercarse un poco más. Por último, los grupos de mu­chachos aumentaban en nuestro público. A mediados de la tarde pudimos contar 250. Y cuando al finalizar dimos el desafío de la invitación, no menos de 30 indicaron que querían aceptar a Jesucristo como su Salvador y Señor personal, allí mismo en medio de la arena.

Una vez que establecimos nuestro ministerio de la playa, agregamos cruzadas vespertinas en las iglesias lo­cales. Dios bendijo cada esfuerzo más allá de todas nues­tras expectativas, pero precisamente en línea con el alcance de nuestra oración de Jabes. Al fin de nuestra mi­sión de seis semanas pudimos contar mil doscientos cre­yentes nuevos en Long Island, a quienes se les brindó toda clase de ayuda y materiales de seguimiento.

Aquellos 12 estudiantes de secundaria regresaron a sus cómodas vidas de clase media en los suburbios, con­vencidos de que nada hay imposible para Dios y que Él puede hacer todo. Los primeros cambios ocurrieron en sus iglesias ya que decidieron orar para que el Espíritu Santo se moviera en las congregaciones y trajera arrepenti­miento y avivamiento.

¿Imposible? Absolutamente no. Esto solo fue el resul­tado de una docena de jovencitos y de un instructor que observaron cómo se movía la mano de Dios a través de la congregación. A medida que los miembros del equipo mi­sionero compartían sus relatos y desafiaban a los miem­bros de la iglesia a pedir a Dios más y más, una ola de avivamiento pasó a través de esa comunidad como nadie hubiera podido imaginárselo antes. Todo porque 12 estudiantes clamaron por bendicio­nes, por más territorio para la gloria de Dios y para que su mano de poder estuviese sobre ellos.

 

Un Toque del Padre.

Como todo papá amoroso en el campo de juegos, Dios observa y quiere que reclamemos el poder sobrenatural que nos ofrece. “Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo” (2 Crónicas 16:9). Notemos que nuestro Dios no escudriña el horizonte en búsqueda de gigantes espirituales ni de seminaristas sobresalientes. Solo busca a aquellos que le son leales con toda sinceridad. Nuestro corazón fiel y devoto es la única parte que El no provee para su plan de expansión; nosotros mis­mos lo debemos ofrecer.

Usted y yo siempre estamos a una súplica de distancia de las hazañas inexplicables dinamizadas por el Espíritu Santo. Por su toque, es posible experimentar entusiasmo sobrenatural, denuedo y poder. Depende de ti. Pidamos cada día el toque del Padre. Porque para el cristiano, dependencia no es otra cosa que un simple sinónimo de poder.

Extracto del libro “La Oración de Jabes”

Por Bruce Wilkinson

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