La Oración – Guarde el Legado con Seguridad 1

¡Oh, si… me guardaras del mal! (1º Crónicas 4:10).

Un anuncio de una página completa en una revista, ilustra a un gladiador romano en graves proble­mas. De alguna manera dejó caer su espada. El enfurecido león, que ve su oportunidad, se halla en mitad de su embestida, con las amenazantes fauces abiertas. La multitud, de pie en el coliseo, observa con horror cómo el gladiador, aterrorizado por el pánico, trata de huir. El titu­lar dice: A veces no nos podemos dar el lujo de llegar en segundo lugar.

Después de pedir y de haber recibido bendiciones so­brenaturales, influencia y poderío, Jabes podría haber pen­sado que le era fácil saltar a cualquier circo y enfrentar a cualquier león, y vencer. Podríamos imaginarnos que al­guien con la mano de Dios sobre él, oraría: “Presérvame en medio del mal”. Pero Jabes comprendió muy bien lo que aquel gladia­dor condenado a muerte no pudo entender. En todos los aspectos, lo más importante de nuestras estrategias para derrotar al león rugiente es permanecer fuera de la arena. Por este motivo la petición final de su oración consistió en que Dios le sustentara fuera de la lucha.

“¡Oh, si en verdad me guardaras del mal para que no me causara dolor!”

La última petición de Jabes es una estrategia brillante pero que se aprovecha poco para conservar la existencia plena de bendiciones. Después de todo, a medida que su vida trasciende lo ordinario y comienza a afianzarse en un territorio nuevo con el objetivo de honrar a Dios, ¿sabe usted de quién es el te­rreno que está invadiendo?

Antes rogamos por poder sobrenatu­ral para obrar a través de nuestras debilidades; en este, nuestra súplica será por auxilio sobrenatural, para ser pro­tegidos de la conocida capacidad que tiene Satanás para hacer que solo lleguemos en segundo lugar.

 

Los Peligros del Éxito Espiritual.

Sin duda los triunfos traen consigo mayores oportunida­des de fracaso. Basta simplemente con mirar alrededor de los líderes cristianos a quienes después de caer en pecado, se les obliga a retirarse del ministerio. Además, les rodea una estela incontable de individuos conmovidos, desilu­sionados y víctimas de toda clase de heridas profundas. Como alguien dijo una vez: “Las bendiciones son el ma­yor de los peligros, porque tienden a embotar nuestro sen­tido de dependencia de Dios y nos deja expuestos a la presunción”.

Cuantos más adelantos obtenga, en una vida de servi­cio sobrenatural, mayor necesidad tendrá de la oración fi­nal de Jabes. Con seguridad van a venir más ataques sobre usted y los suyos. Tendrá que discernir cada uno de los dardos de fuego del adversario: distracciones, obstáculos, opresión, entre otros. En efecto, si en su experiencia no hay nada de eso, preocúpese.

Nunca olvidaré una charla que oí entre un compañero de seminario y mi tutor, el profesor Howard Hendricks. El estudiante, emocionado, le comentaba cómo iba de bien su vida: —Cuando llegué aquí por primera vez era objeto de tantas tentaciones y pruebas que a du­ras penas podía sostener la cabeza fuera del agua. Sin embargo, ahora, ¡gloria a Dios!, mi vida en el seminario transcurre con normalidad. ¡Puedo decir que ya no he vuelto a ser tentado!

El doctor Hendricks lo miró profundamente alarma­do; esa no era la reacción que el estudiante esperaba.

—Es lo peor que jamás podría oír —repuso el sor­prendido tutor—. Pues me demuestra que ya no estás más en la lucha ¡y que el diablo ya no tiene por qué preocupar­se tanto por ti!

El Señor nos redimió y nos comisionó para estar a la vanguardia. Por este motivo, orar para que se nos guarde del mal (y del maligno), es parte básica de una existencia bendecida. Junto con muchos otros, he descubierto que la única vez en que de manera muy particular necesito esta parte de la oración de Jabes es cuando experimento alguna victoria espiritual. Paradójicamente, es entonces el momento en que me inclino a mantener un punto de vista equivocado (y muy peligroso) de mis valores y fortalezas.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Oración de Jabes”

Por Bruce Wilkinson

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