La Oración – Guarde el Legado con Seguridad 2

 

Continuemos.

Años atrás, tomé un taxi en el centro de Chicago que me llevó velozmente por la autopista Kennedy  hacia el aeropuerto. Me recosté en el asiento, exhausto después de una semana de reuniones especiales en el Instituto Bíblico Moody. Dios se había movido de modos muy notables.

Tuve que predicar en la mañana y por la tarde todos los días, además de dar consejería a un buen número de estudiantes, 76 para ser exactos (para mí era un récord). Ahora me dirigía a casa y estaba física y espiritualmente sin fuerzas. Mientras miraba sin ver el tráfico, eché mano de la oración de Jabes: “Oh Señor”, supliqué, “me siento sin resistencia. To­das las energías las entregué a tu servicio. No podría en­frentarme con ninguna tentación. Por favor, te ruego que apartes el mal de mí hoy”.

Cuando abordé el avión, me di cuenta que me tocaba un puesto en el centro de una fila, no era un buen comienzo para mi vuelo. Las cosas empeoraron rápidamente. El ca­ballero que estaba sentado a mi izquierda sacó una revista pornográfica. “¡Señor, pensé que habíamos hecho un tra­to! ” gemí en mi espíritu y miré hacia el otro lado. Pero an­tes que el avión despegara, el hombre que estaba a mi derecha abrió su maletín y también sacó su propia publica­ción llena de obscenidades.

En ese momento, ni siquiera pensé pedirles que cam­biaran su material de lectura. Cerré los ojos. “Señor”, oré, “sabes muy bien que no tengo fuerzas para enfrentarme con todo esto hoy. ¡Por favor, te ruego que apartes el mal lejos de mí!”

De repente, el pasajero a mi derecha masculló una maldición, dobló su revista y la volvió a su portafolio. Lo miré para ver qué había incitado su acción. Pero no noté nada, hasta donde puedo decir. Luego el hombre de la iz­quierda lo miró, maldijo en alta voz y también cerró su re­vista. De nuevo, no pude entender el motivo aparente de esta decisión. Estábamos sobre Indiana cuando comencé a reír sin que me pudiera controlar. Ambos me preguntaron qué era lo divertido.

—Señores —les respondí—, ¡sé que no podrían creer­me si les cuento!

 

El Juego de Mantenerse Lejos.

Hemos llegado a una de las fortalezas ocultas de Satanás en las vidas de los creyentes. Según
mi experiencia, casi todos los cristianos oran solamente por fortaleza para soportar las tentaciones; por la victoria sobre los ataques de nuestro enfurecido adversario, Satanás. De alguna manera no creemos que tengamos que pedir a Dios simplemente que nos aparte de la tenta­ción y que mantenga al diablo a raya en nuestras vidas.

Sin embargo, en el modelo de oración que Jesús ense­ñó a sus discípulos, casi una cuarta parte de sus cincuenta y cinco palabras piden liberación: “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6:13). Allí no se pide nada acerca de discernimiento espiritual o de poderes especiales. Tampoco hay ni una sola palabra sobre enfrentamiento.

¿Cuándo fue la última vez que usted le pidió a Dios que lo mantuviera lejos de la tentación? De la misma ma­nera que Dios quiere que se le pida por más bendiciones, territorios, y poder, igualmente Él anhela oír nuestras peti­ciones para ser guardados a salvo del mal.

Sin la tentación, no pecaríamos. Casi todos nosotros enfrentamos muchas tentaciones, y por lo tanto, con fre­cuencia pecamos demasiado, porque no le suplicamos a Dios que nos mantenga lejos de los estímulos que nos in­ducen a pecar. En consecuencia, daremos un enorme salto espiritual hacia delante, si comenzamos por enfocarnos menos en derrotar la tentación y más en evitarla.

Con todas las legiones celestiales dispuestas bajo sus órdenes, aun Jesús oró por su liberación. Inclusive con toda su perspicacia y discernimiento divinos, al ser tenta­do en el desierto, rehusó enfrentarse a Satanás en una dis­cusión acerca de sus atrayentes y cautivadoras ofertas. A medida que nos movamos con mayor profundidad en el campo de lo milagroso, el más efectivo método de combate contra el pecado que podamos manejar, consiste en orar para que no tengamos que combatir la tentación sin necesidad alguna. Y Dios nos ofrece todo su poder sobre­natural para hacer precisamente eso.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Oración de Jabes”

Por Bruce Wilkinson

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