La Oración – Guarde el Legado con Seguridad 4

 

Continuemos.

Testigos de la Libertad.

Como Satanás se opone al máximo a quienes se convierten en la amenaza mayor para él y su reino, entre tanto Dios le dé a usted más respuestas a sus plegarias tipo Jabes, más se debería preparar para hacer frente a los ataques espirituales.

Algunas veces no podemos escondernos del mal, pero por causa del poder de Dios, usted está intentando desatar un asalto ofensivo contra las fuerzas de las tinieblas. En esas ocasiones es posible levantarse contra el enemigo con lo que el apóstol llama “las armas de nuestra contienda” (2 Corintios 10:4).

Recuerdo una reunión de oración en los años iniciales del movimiento “Cumplidores de Promesas”. Los veinticinco miembros nuestro equipo de liderazgo para el evento nos reunimos para orar, mientras decenas de miles se encontraban abajo en el estadio. La oposición era tan fuerte y pesada que tropezábamos con nuestras palabras y caíamos en silencio. A menos que pudiéramos de­rrotar la opresión satánica, sabíamos que iba ser imposible iniciar el programa. Por último, uno de los miembros del equipo se puso de pie y empezó a ata­car al mal con la verdad.

“Amigos, la victoria ya es nuestra”, declaró con com­pleta confianza mientras seguíamos de rodillas. Firme­mente decidido, comenzó a proclamar la voluntad de Dios para ese día. Su memorable oración continuó, era algo como esto: “Señor, es tu deseo que busquemos esta bendición para incontables hombres y sus familias. Sabe­mos que es tu más profundo anhelo que ocupemos más terreno para tu reino en esta generación, en este día en la historia ¡y en este estadio! Y con reco­nocimiento te damos gracias porque, sin duda algu­na, tenemos la certeza de que así lo vas a hacer”.

Lo mejor que el resto de los demás pudimos hacer al principio fue trabajar junto con él en oración, descansando en el Señor para que se moviera sobre nosotros y a nuestro favor. El peso que sentíamos era casi imposible de sopor­tar. Pero nuestro líder de oración no titubeó: “Padre, es tu propósito profundo e inconmovible que tu Santo Espíritu esté aquí, en esta hora, en medio de nosotros, y se mueva ya a través de to­das las filas y de cada uno de los hombres que se han congregado en este coliseo. Tú has venido aquí para obrar en una dimensión sobrenatural que escasamente podemos comprender, pero que anticipamos con todo fervor. Y en tu nombre, Se­ñor Jesús, todo otro poder sobre la tierra se debe inclinar y huir”.

En un momento, durante el curso de esta oración, to­dos nos quebrantamos delante de Dios. Nuestras súplicas desesperadas se convirtieron en alabanza y adoración; y supimos que fuimos testigos de la libertad en el Espíritu. Luego, todos nos lanzamos juntos a aquella arena para proclamar con denuedo los resultados abundantes de lo que ya habíamos logrado en oración.

 

Un Legado de Triunfo.

Creo que a Jabes le hubiera gustado esa oración. Siempre quiso vivir libre de la esclavitud del mal, porque el carác­ter confiable de Dios, y la Palabra llena de firmeza, le ha­bían mostrado algo inimaginablemente mejor.

“Permanece fuera de la arena de la tentación cuando te sea posible”, aconsejaba, “pero jamás vivas en temor o de­rrota. Gracias al poder de Dios, podrás mantener seguro tu legado de bendición”.

¿Cree usted que un Dios sobrenatural se va a mostrar para guardarlo del mal y proteger su inversión espiritual? Jabes lo creyó y obró de acuerdo a este convencimiento. De ahí en adelante su vida transcurrió sin la pena y el dolor que vienen con el mal y la aflicción.

Pablo le dijo a los colosenses que Dios “dio vida jun­tamente con El (Cristo), habiéndonos perdonado todos los delitos” y que “habiendo despojado a los poderes y autori­dades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando so­bre ellos por medio de Él (en la cruz)” (Colosenses 2:13-15).

¡Qué asombrosa declaración de victoria! Por medio de Cristo podemos vivir de triunfo en triunfo; no en tenta­ción ni en derrota. Con la cuarta súplica de Jabes como parte de nuestra vida, estamos listos para movernos a un nivel más alto de honor y bendiciones con crecimiento ili­mitado.

Aquí está la razón: Al contrario de casi todos los perfi­les de inversiones, en el reino de Dios la inversión más se­gura también ofrece el desarrollo y el crecimiento más notorios.

Extracto del libro “La Oración de Jabes”

Por Bruce Wilkinson

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