Liderazgo – EL EFECTO DEL AGUA

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«JUNTO A AGUAS DE REPOSO ME PASTOREARÁ». Salmos 23.2

TERCER HÁBITO: PASTOREAR

Hace muchos años descubrí que el agua tiene un efecto muy importante dentro de mí. Me inspira y calma. Me motiva y refresca. Me gusta estar en el mar, los lagos, los ríos, y aun en la piscina. Hay algo acerca del agua que me refresca el interior. De hecho, al escribir estas palabras, me encuentro frente al mar. Hace mucho tiempo supe que si escribo delante del mar, me resulta más ligero el ejercicio. Desde un balcón en el quinto piso del condominio que renté, puedo ver y escuchar las olas, contemplar el reflejo del sol sobre las aguas y sentir la brisa que hace bailar a las palmeras. El único desafío que estoy teniendo en este momento es el de mantener la disciplina mental suficiente como para no salir corriendo a una hermosa piscina en el primer piso, en la que tengo muchas ganas de meterme. Leonardo da Vinci aseguró que el agua es el efecto motriz de la naturaleza. El agua nos invita a ser renovados.

Acabamos de asegurar en el capítulo anterior que las ovejas necesitan descanso, y la siguiente afirmación del poderoso salmo 23 nos detiene en las aguas de reposo. Sin lugar a duda, la armonía en las dos frases de este mismo versículo es hermoso, «delicados pastos […] aguas de reposo». Pasto y agua. La comida balanceada. Los dos ingredientes indispensables para tener saludables a las ovejas. Lo he dicho ya varias veces y me toca repetirlo una vez más: ¡qué privilegio es liderar! Qué honor poder llevar a las ovejas no solo a los pastos delicados y deliciosos del Señor, sino también a sus refrescantes y vigorizantes aguas.

EL AGUA TIENE VARIOS SIGNIFICADOS DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA REVELACIÓN BÍBLICA.

El agua tiene varios significados desde el punto de vista de la revelación bíblica. Primero, es símbolo de la misma Palabra de Dios. En varias ocasiones leemos versículos que hablan de ser lavados y purificados. En una de esas citas, en el Nuevo Testamento, aprendemos que podemos ser purificados mediante el lavamiento por la Palabra de Dios (Efesios 5.26). Igualmente, Jesús dice que Él es la fuente de agua de vida eterna. En la conversación que sostiene con la mujer samaritana, hablan de la diferencia entre el agua que ella viene a tomar del pozo de Jacob y el agua que Jesús le está ofreciendo. Él, por primera vez en la historia de la humanidad, profiere las siguientes palabras: «El que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás» (Juan 4.14, NVI).

Claramente, Jesús es la fuente de satisfacción más importante que el hombre haya conocido.

Cuando pienso en Jesús como la fuente de agua de vida eterna y lo relaciono con la encomienda de llevar a las ovejas a las «aguas de reposo», no puedo dejar de pensar que una de mis tareas como pastor es acercar a las ovejas al Señor Jesús. Él es la fuente de agua viva. Todo se trata de Él. De lo que hizo en la cruz por nosotros. Si logramos enseñarles a las ovejas acerca de todo lo que Jesús ganó por nosotros al tomar nuestro lugar en la muerte, con el fin de que se enamoren de Él y se acerquen más a Él, entonces habremos hecho bien nuestra tarea pastoral. Todo tiene que ver con Él. Todo es por Él y para Él. Nada existe fuera de Él. Siempre debemos asegurarnos de estar llevando a las ovejas del Señor a su Señor. Toda la atención tiene que ser puesta en Él. Toda la gloria tiene que ser dada a Él. Nadie más puede recibir gloria o atención. Incluso, aunque pueda sorprender al creyente promedio, quien estudia la Biblia sabe que esa también es la prioridad central del mismísimo Espíritu Santo: exaltar a Jesucristo.

EL TRABAJO DEL ESPÍRITU SANTO ESTÁ SIEMPRE CENTRADO EN LAS PRIORIDADES DEL SALVADOR DEL MUNDO.

Jesús mismo explicó: «Todo esto lo digo ahora que estoy con ustedes. Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho» (Juan 14.25-26, NVI), y aunque en los últimos años la iglesia haya pretendido darle un lugar por encima de Jesús que Él no se da a sí mismo, el trabajo del Espíritu Santo está siempre centrado en las prioridades del Salvador del mundo.

En nuestra cultura hispana, desafortunadamente tendemos a ser un poco idólatras. Les damos excesiva atención a ciertos hombres y mujeres, actuales o históricos, muchas veces confundiendo la línea fina que existe entre admiración y adulación. Hemos crecido con mucha iconografía a nuestra alrededor. Tenemos la costumbre de sacar periódicamente los íconos a las calles y pasearlos entre la gente, rindiéndoles cierto culto y homenaje. Nos acostumbramos a ver estas estatuas, retratos y símbolos de hombres y mujeres que vivieron en otros tiempos, a quienes les rendimos devoción mediante música, baile y otras muestras simbólicas. Es una parte integral y arraigada de nuestra cultura y herencia. Por eso creo que en muchos lugares del mundo hispano, la palabra del «jefe» sigue siendo una que esclaviza a multitudes, y la acatan simplemente porque es el venerado, el que está encargado.

Extracto del libro “Los 8 Hábitos de los Mejores Líderes”

Por Marcos Witt

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