«POR LA GRACIA QUE SE ME HA DADO, LES DIGO A TODOS USTEDES: NADIE TENGA UN CONCEPTO DE SÍ MÁS ALTO QUE EL QUE DEBE TENER, SINO MÁS BIEN PIENSE DE SÍ MISMO CON MODERACIÓN, SEGÚN LA MEDIDA DE FE QUE DIOS LE HAYA DADO». Romanos 12.3, NVI.

Hace unos años me hice consciente de la siguiente verdad: si el tan conocido y amado salmo 23 comenzara diciendo «Marcos Witt es mi pastor…», las palabras a coro que terminarían diciendo mis liderados de turno serían: «Todo me faltará». Al contarle esta ocurrencia a mi congregación, la gente siempre se reía. A pesar de que es mi sincero deseo hacer el mejor trabajo como pastor y líder, no puedo evitar el reconocer que soy un pastor y un líder sumamente inferior al Pastor de los pastores y Líder de líderes. Jehová es el pastor. Es Su ejemplo el que nos guía, nos enseña y nos inspira a ser líderes más completos. Mi humanidad y la suya nos impiden que seamos líderes perfectos, y por eso necesitamos un paradigma ideal. Claro que continuamente a mi ego le encantaría hacerme creer que soy el pastor o el líder perfecto. Sin embargo, mi constante deseo de ser real, la Biblia, el Espíritu Santo y, por qué no mencionarlo, la opinión de otros, me obligan a darme cuenta de que estoy lejos de la perfección.

Sin embargo, sí existe un pastor perfecto: es Jehová, y esa no es una afirmación liviana o disfrazada de espiritualidad. Objetivamente, Jehová es el que todo puede, todo sabe, todo suple, todo sustenta, todo guarda y protege. Él no tiene carencias. Él es perfecto en todo lo que hace. Él es quien sostiene todo con la diestra de Su poder. Es quien conoce el fin desde el principio y puede soplar vida donde hubo muerte. Es quien restaura, renueva, inspira, libera, perdona y eleva nuestras vidas a todo el potencial que Él sabe que hay en ellas. Solo Él puede ser el pastor perfecto. Nadie más. Es importante que tanto pastores como ovejas nos acordemos constantemente de que Él es el dueño de las ovejas. Le pertenecen a Él. Dios es el único gran Pastor.

SOY UN PASTOR Y UN LÍDER SUMAMENTE INFERIOR AL PASTOR DE LOS PASTORES Y LÍDER DE LÍDERES.

El día en que los líderes terrenales nos demos cuenta de que las ovejas le pertenecen a Jehová, será el día más liberador de nuestras vidas. No son nuestras. Contamos con el privilegio de tener una apertura a sus corazones y decisiones, y de guiarlas por las sendas que el Señor nos muestra en Su Palabra. Podemos acompañarlas en sus momentos de triunfo o derrota, asistirlas en su curación, alimentarlas y cuidar de sus vidas, pero al final de todo, Jehová es el Pastor de las ovejas y nosotros no. Nos ha encomendado la tarea de cuidar de ellas, en nombre de Él, pero son propiedad de Jehová, el único, perfecto y Buen Pastor.

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