Relevante. El primo hermano de la practicidad es la relevancia. Cuando hablamos de relevancia, tenemos que preguntarnos: «¿Cuáles son las preguntas que la gente se estará haciendo?» «¿Cuáles serán las dudas para las que aún no hay respuesta en su corazón?». Cuando descubramos las respuestas a esas dos interrogantes, sabremos un poco más de cómo dirigir nuestra enseñanza. Es de absoluta importancia contestar las dudas que tienen sus ovejas porque si no reciben explicación de parte suya, la buscarán en otro lado, con otro pastor que quizá no abrace los mismos valores que los suyos. Si su oveja está tan hambrienta de relevancia, no se sorprenda cuando sepa que anda buscando otros pastos a dónde comer. Si el pasto que usted le está proveyendo no es lo suficientemente apetecible, el hambre será un factor inmensamente motivacional para hacer que la oveja busque nuevos horizontes. Al preparar el alimento semanal, pregúntese: «¿Esta enseñanza estará contestando algunas de las preguntas que tienen mis ovejas?». Obviamente, en una enseñanza jamás abarcaremos todas las preguntas que tienen, pero si poco a poco vamos contestando algunas, de a una por una, es mucho mejor que la alternativa.

Una ayuda adicional para saber cómo ser un comunicador relevante la encontré en un amigo mío de Perú. No estoy seguro si la frase se originó con él, pero a él se la escuché por primera vez. El pastor Robert Barriger me lo explicó de esta manera: «Marcos, para ser un comunicador relevante solo tenemos que rascar donde pica». «Rascar donde pica» se convirtió en uno de los principales filtros al preparar el alimento semanal para mis congregantes. Es un hecho que muchos comunicadores estamos rascando donde no pica, y por insistir en rascar ahí («hasta que les entre la revelación»), estamos sacándoles sangre a las ovejas e infligiendo sobre ellas una tremenda molestia al tener que aguantar aún otro mensaje más acerca de algo que ni les ayuda ni les afecta, y mucho menos les alimenta.

En ocasiones, al conducir mi auto, me da una picazón en la espalda. Por tener las manos en el volante y sin poder alcanzar el lugar de molestia, le pido a mi esposa Miriam que me haga el favor de buscar la zona de desconfort. Ella acerca sus uñas a mi espalda y comienza a rascar por cualquier lado mientras le voy dando instrucciones: «No, un poquito más a la izquierda, para arriba un poco más…». Mientras no le atina a la picazón, es casi una tortura lo que estoy viviendo. Teniendo la respuesta (sus uñas) tan cerca de la zona del hormigueo y, sin embargo, seguir sintiéndola me está causando un problema de frustración emocional muy alto. Me río de este pensamiento, pero así viven muchas ovejas que domingo tras domingo se acercan a la reunión para ser alimentadas («rascadas»), y tienen la respuesta tan cerquita, pero nunca se van con la satisfacción plena que se siente cuando al fin le dan al área de necesidad. Cuando mi esposa al fin encuentra la picazón en mi espalda, comienza a rascar con fuerza y determinación. ¡Cuánto alivio siento! Es casi un lujo. Por poco levanto las manos para glorificar a Dios cuando recuerdo que voy conduciendo y debo mantenerlas en el timón. De la misma manera responderá mucha gente cuando al fin siente que el pastor les rascó donde pica. Glorificarán a Dios porque sienten ese alivio enorme de haber recibido ayuda práctica para su necesidad. Ese es el glorioso resultado de ser un predicador que se preocupa por la relevancia.

Como decíamos, muchos pastores quieren utilizar la enseñanza del mensaje para impresionar a las ovejas con su conocimiento. Usan palabras que nadie entiende y frases que requieren de estudios superiores. Solo un pequeño porcentaje de la congregación les entendió. Querido líder, le repito que nuestro tiempo de enseñanza congregacional no debe ser para impresionar a nadie. Es para que las ovejas se alimenten de una palabra que les ayude a vivir la Palabra de Dios en su andar diario. Encontremos ese balance donde comunicamos con tanta elegancia que hasta el más inteligente de la congregación se siente cómodo, sin rebasar los límites de la comunicación práctica, accesible y relevante. Prefiero que la gente se regrese comentando sobre cómo poner por obra la Palabra de Dios, que estar elogiando mi gran habilidad de comunicador. De hecho, entre menos hablen de mi habilidad como comunicador y hablen más acerca de lo que comuniqué, más efectivo fui en la comunicación. «Rásqueles donde pica».

(CONTINÚA… DALE CLICK ABAJO EN PÁGINAS…)

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