Para Líderes – LA PROVISIÓN 3

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  1. AMBIENTE

Cada familia tiene su propio ambiente. Hay algunas familias que son muy serias y formales. Otras más casuales y relajadas. También existen esas familias, como la mía, que son ruidosas y llenas de hilaridad. Al paso del tiempo, cada familia ha ido descubriendo su expresión familiar particular. En la mayoría de los casos, esta expresión es en gran parte influenciada por las cabezas del hogar, por el simple hecho de que los hijos se parecen a los papás. En la congregación de ovejas es similar. El pastor tiene el privilegio de determinar qué clase de ambiente desea que haya en la casa. Es el encargado del «tono» ambiental. Se encarga de educar y enseñar a los miembros de la familia a comportarse e interactuar unos con otros. Adicionalmente, mucho de lo que las ovejas aprenderán será por el ejemplo y proceder del pastor mismo. Como es él, serán ellas. Es por esta razón que muchas veces me río internamente cuando escucho a algún pastor decir que su gente es difícil y complicada, o mal agradecida y problemática. Por dentro solo puedo pensar: Hermano, las ovejas se parecen al pastor y por donde va él, ellas lo siguen. Así que, véase al espejo. Ahí está el problema.

Mi compromiso de pastor era que nuestro ambiente sería uno de mucha afirmación, amor incondicional y alegría. Le llamaba las tres A para un buen ambiente: afirmación, amor incondicional y alegría.

Afirmación. Siempre dando palabras de ánimo y bendición. Un compromiso de recordarles a las ovejas su futuro, no su pasado, lo que llegarán a ser, no lo que han sido. Una palmada en la espalda, un «creo en ti» cuando la oveja misma no creía en sí. La afirmación es una de las más potentes herramientas que puede utilizar el pastor para sacar del fango de su pasado a una oveja. Utilice la afirmación intencionalmente repitiendo frases como:

  • Tú puedes hacerlo muy bien.
  • No te rindas.
  • ¡Qué buena idea!
  • Gracias por escuchar.
  • Gracias por ayudar.
  • Tú marcas una diferencia.
  • Estamos seguros de que tomarás una buena decisión.

Amor incondicional. Aceptando a las personas tal y como son. No tratando de cambiarlas, ya que reconocemos que no es esa nuestra tarea, sino la del Espíritu Santo. A nosotros nos toca amarlas, abrazarlas, recibirlas, mimarlas y consentirlas. Las conocemos, ayudamos y hacemos todo dentro de nuestro poder para que conozcan a otros, se sientan aceptadas, bienvenidas, recibidas y apoyadas. Que nunca se nos olvide que la iglesia no es un museo de cristianos perfectos, sino un hospital de personas necesitadas. Es nuestra tarea abrazar a la gente para que el Señor haga Su obra en ellos. Ámelos incondicionalmente mientras esa obra está siendo hecha.

Alegría. Una casa alegre es una casa sana. Una casa sana es una casa triunfante. Como pastor, sea el instigador de la alegría. Haga todo lo que está en su poder para que reine la alegría y el gozo en su congregación. Esto no quiere decir que siempre se la pasan a risa y risa, pero sí habla de que existe un compromiso consciente de hacer que la casa sea un lugar alegre. Que no haya sombras de tristeza en el lugar de reunión. Que los que ministran en la plataforma tengan siempre una sonrisa. Que los que reciben a la gente en la puerta sea gente amena y alegre. Haga su tarea de inyectarle al ambiente una buena dosis de buen humor, positivismo y regocijo en la familia.

En 2 Samuel 14.14 dice: «Dios no nos arrebata la vida, sino que provee los medios para que el desterrado no siga separado de él para siempre» (NVI). Que gran tarea la que fue depositada en nuestras manos. ¡Qué privilegio es liderar! El Señor nos permite cuidar de su rebaño y brindarles a las ovejas lo que necesitan para que puedan crecer y cumplir con el llamado que Él ha puesto en cada uno de sus corazones. Nos corresponde proveerles de buen alimento, cobija y ambiente. Cuando nos encargamos de tener ovejas sanas, tendremos un redil sano, creciente y abundante.

Extracto del libro “Los 8 Hábitos de los Mejores Líderes”

Por Marcos Witt

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