UNA BUENA COMIDA REQUIERE DE BUENA PREPARACIÓN, PENSADA CON MUCHO TIEMPO Y PREPARADA CON UN GRAN ESFUERZO.

¿Qué tenemos que hacer? Ponerle atención al entrenamiento básico de la Palabra. Establecer sistemas de aprendizaje permanentes en nuestro programa semanal, que faciliten que todo el mundo pueda aprender lo básico.

Organícelos de tal manera que sean accesibles en cuanto a horarios y días que se ofrezcan estos estudios. Además, que tengan un sentido de permanencia y facilidad de ingreso o registro para que nadie tenga excusas y diga que no pudo estudiar. Accesibilidad y permanencia son dos columnas que deben sostener la enseñanza de los principios fundamentales de la Biblia en toda congregación.

Les hablo específicamente a los pastores generales, aunque esto es igualmente válido para todos los que tienen a cargo un instante de enseñanza. Es un hecho que gran parte de la alimentación sucede en las reuniones generales. Es cuando la mayoría de las personas han dispuesto su tiempo y corazón para acercarse a la mesa del Señor y comer. En ese caso, debería ser un gran banquete. Con un poco de todo para que los convidados se puedan servir generosamente y retirarse con aquella sensación de satisfacción, resultado de haber estado sentados a una buena mesa. Un entremés, un platillo fuerte, un postre. Una refrescante bebida también viene bien.

Como pastores, nos encargamos de la alimentación semanal de nuestras ovejas. Pongamos atención a los detalles. La responsabilidad de la mesa es nuestra. De nadie más. Me sorprende la cantidad de mis colegas pastores que llegan a la reunión semanal sin algo preparado para enseñar. Se excusan con un versículo que dice: «Abre tu boca, y yo la llenaré» (Salmos 81.10). Sin embargo, cualquiera que use ese versículo en el contexto de la disciplina constante de la alimentación de las ovejas, no conoce el significado de ese versículo. Una buena comida requiere de buena preparación, pensada con mucho tiempo y preparada con un gran esfuerzo. Cada comida, cada preparación de mesa, requiere anticipación y estrategia. El cocinero tiene que asegurarse de que ha reunido todos los elementos necesarios para lo que ha planeado cocinar. Igual el pastor a la hora de preparar la comida de sus ovejas debe haber considerado todos los ingredientes que usará para la buena alimentación. No puede ser algo hecho al azar. Debe ser bien preparado.

NO ENSEÑAMOS LA PALABRA PARA IMPRESIONAR A NADIE. LA ENSEÑAMOS PARA QUE LAS OVEJAS LA PUEDAN CONOCER, ABRAZAR Y APLICAR.

Mi experiencia personal en cuanto a la preparación del alimento semanal para las ovejas me enseñó a utilizar tres ingredientes básicos. Son tres axiomas, o filtros, por los que tiene que pasar cada uno de mis mensajes antes de darme a mí mismo la autorización de dárselo de alimento a las ovejas. Mis tres axiomas son: práctico, relevante y divertido.

Práctico. Uno de mis más grandes deseos al enseñar la Palabra es que las personas puedan comprender que la verdad de Dios funciona en cada aspecto de sus vidas. Por esa razón, siempre busco, como alimentador de ovejas, mantener un balance entre lo bíblico-teológico y lo práctico. Si solo nos enfocamos en lo bíblico desde una perspectiva histórica por ejemplo, tendremos ovejas que tienen mucho conocimiento, pero no tienen un evangelio vivencial. Como insiste mi amigo, el doctor Lucas Leys: «La Biblia no es un libro de historia, sino un libro de principios enmarcados en una historia». Si enseñamos la Biblia solo tratando de que quienes nos escuchan aprendan historias, nombres, lugares geográficos y versículos, en vez de los principios del plan de Dios, entonces estas personas tenderán a convertirse en fariseos y legalistas. Gente que sabe las palabras de las leyes sin entender el espíritu de las leyes. Personas que no saben vivir la Palabra. De la otra manera, si solo enseñamos lo práctico y vivencial, reducimos el poder del evangelio a un entendimiento y aceptación humanos, y este tiene el potencial de convertirse en una charla motivacional con citas bíblicas pero que no son analizadas en profundidad. Esto producirá ovejas superficiales. Poco profundas y mal preparadas para cuando lleguen las grandes tormentas que la vida tiende a enviarles de vez en cuando.

No es saludable extremar en ninguno de los dos lados. Desafortunadamente, la mayoría de los pastores extreman por el lado bíblico-teológico, y como resultado tienen ovejas que no saben cómo aplicar la enseñanza a sus vidas prácticas. Como alimentador me hago siempre la siguiente pregunta: «¿Cómo puede el oyente aplicar esta enseñanza a su vida práctica?». Es mi tarea darle las herramientas que necesite para saber vivir la Palabra de Dios. Adicionalmente, tengo que ayudarlo a pasar de ser «oidor» de la Palabra, hasta que se convierta en «hacedor» de ella (Santiago 1.22). Esta es una de mis tareas como su pastor: auxiliarlo a poner en práctica la Palabra de Dios en cada aspecto de su vida. Aunque es cierto que hay algunas ovejitas que no les entra el entendimiento ni por obra y gracia del Espíritu Santo, la mayoría lo capta y practica después de escuchar una buena explicación. ¡Expliquemos bien!

¡Seamos prácticos! Enseñemos cómo las ovejas pueden vivir los principios del plan de Dios, poner en práctica las leyes celestiales en su vida diaria terrenal.

Charles Spurgeon, el inglés conocido como el príncipe de los predicadores en el siglo XIX escribió respecto a la manera en que Jesús enseñaba: “Las parábolas de nuestro Señor eran tan sencillas como los cuentos de los niños y tan naturalmente hermosas como los lirios de los valles donde él enseñó a la gente… Sus parábolas se parecían a él mismo y su entorno, nunca fueron estiradas, fantasiosas, pedantes o artificiales.”

Imitémosle al enseñar ya que nunca encontraremos un modelo más completo o más conveniente para el tiempo actual. Recuerde que no enseñamos la Palabra para impresionar a nadie. La enseñamos para que las ovejas la puedan conocer, abrazar y aplicar.

Extracto del libro “Los 8 Hábitos de los Mejores Líderes”

Por Marcos Witt

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