Mujeres – CÓMO SE PUEDE DETECTAR LA SOLEDAD

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1. ¿Cómo se puede detectar la soledad?

Cuando una persona comienza a sentirse incomprendida y no puede expresar libremente sus sentimientos, comienza a esconderse y a encerrarse en sí misma. Y así es cómo comienza a caminar en un laberinto que no tiene salida. La soledad hará que pensamientos de baja estima comiencen a susurrarte al oído, de tal manera que preferirías no establecer relación alguna. ¿Cómo expresar todos los miedos que te invaden, cómo dar a conocer el dolor de aquello que te llevó a estar hoy así?, ¿por dónde empezar…?

Y así es como cada vez más te encierras en ti misma, no hablas, y construyes una pared que nadie puede atravesar. Sin embargo, para poder destruir esa pared y permitir que otros puedan traspasarla, necesitas sanar esta emoción.

Tal vez te estarás preguntando: ¿Y por dónde empiezo? Sería muy bueno que comencemos por conocernos a nosotras mismas para que una vez que lo hayamos logrado, podamos volver a relacionarnos sanamente con los otros.

2. ¿Qué elementos activan la soledad?

Los conflictos personales tales como la baja estima, la impotencia, el egoísmo, iras reprimidas y conflictos de roles pueden activar la soledad. ¿Cuántas mujeres sintieron alguna vez que se olvidaron de vivir? Sientes que has ayudado a todo el mundo y todos realizaron sus sueños, pero miras tus manos y las ves vacías de logros, de objetivos alcanzados, de satisfacciones personales. En este momento sientes: «Yo me olvidé de vivir».

¿Cuántas veces dijiste «Necesito que me pase algo nuevo en la vida»? ¿Cuántas veces sentiste que necesitabas un cambio urgente en tu vida?

«Ya estoy aburrida de esta rutina, necesito que algo venga, algo nuevo, algo distinto, algo que me mueva, que me cambie». No puedes creer que dejaste pasar años escuchando las peticiones de los demás pero no pudiste escuchar tu voz interna, aquella voz que en un momento te llenaba de pasión y de vida.

Por años las mujeres han callado, no nos permitíamos decir directamente lo que queríamos o esperábamos, y menos aún contradecir al «hombre de la casa». Cuando eras chica ni te imaginabas cuestionar lo que tu papá te decía, y a tu marido… ¡¡¡menos!!!! A ver si se enoja y se va de casa. Por años nos hemos callado y nos sumergimos en un silencio que se devoró todos nuestros sueños y que decidió por nosotras.

«Ya estoy aburrida de esta rutina, necesito que algo venga, algo nuevo, algo distinto, algo que me mueva, que me cambie»

No nos animamos a decir: «A mí me gustaría tener esto, o hacer tal cosa, o lograr tal meta». No lo pudimos decir, no se lo contamos a nadie. Tenemos esas ganas contenidas, las tenemos en nuestra mente como un hermoso sueño o una gran fantasía, pero no las podemos expresar.

Mujeres que esperan: Una fiesta sorpresa para su cumpleaños; un chocolate; un ramo de jazmines; que el otro recuerde el aniversario de bodas; que el otro un día diga: «Deja, amor, hoy cocino yo, no hagas nada».

Mujeres que dicen: «A veces estoy esperando que alguien me llame y me invite a cenar; porque quiero salir a pasear y salir de toda la rutina, pero no me animo llamar a alguien y decirle que quiero ir a cenar». «A mí me gustaría decirle a mi marido que quiero que salgamos a divertirnos, o que por una semana nos vayamos a un lugar los dos solos, para disfrutar, pero no se lo puedo expresar, no se lo puedo decir; es como que estoy frente a él y me da miedo decírselo, o no me salen las palabras».

Y pasa el tiempo y nada de lo quieres sucede y te desilusionas y te resignas y te dices a ti misma: «Está bien, pobre, tiene mucho trabajo, por eso no se acuerda», o «pobre, no se dio cuenta». Y así vas acumulando sueños y deseos inconclusos. Sin embargo, hay una solución que puedes poner en marcha hoy: para recibir, primero tenemos que pedir. El que pide, recibe.

Extracto del libro Estoy Casada Pero Me Siento Sola

Por Alejandra Stamateas

Lee El Que Pide, Recibe

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