Mujeres Cristianas – Mujeres Independientes 2

 

Continuemos.

La deuda es un espíritu que quiere dominarte para que seas pobre y no puedas ensancharte ni alcanzar el sueño de Dios. La voluntad de Dios no es que te achiques sino que te ensanches; ese pensamiento pequeño no le pertenece a Dios. Los seres humanos tendemos a achicarnos; por ejemplo vivís en un departamento grande y cuando tus hijos se casan, ¿qué haces? Te achicás, vas a un “departamentito” porque “total yo me arreglo.” ¡Nunca digas que es suficiente, Dios quiere que te ensanches!

A Satanás le encanta que te endeudes porque así achica tu mundo (“no puedo hacer esto porque aún debo esto otro”), y ese espíritu reinará en tu casa para que nunca obtengas lo que Dios quiere hacer con vos y tu familia. ¡Extiéndete! La viuda quedó endeudada pues su marido había contraído deudas. Los acreedores llegaban a golpear su puerta queriendo llevar a sus hijos en forma de pago. El profeta le preguntó: “¿qué tienes en tu casa?” Y la mujer dio una respuesta típica: “nada”.

¿Cuántas veces pensaste “no tengo nada”? “No tengo un título”, “no tengo dinero”, “no tengo riquezas, ni ahorros, ni propiedades, ni proyectos económicos”. ¿Y en lo emocional? “Nada, porque mis hijos andan por cualquier lado”. La primera respuesta es “nada” porque despreciamos, maldecimos, hasta lo “poco” que tenemos.

Muchas veces lo hacemos por costumbre porque no estamos conformes con lo que poseemos y pensamos que al otro no le falta nada; de esa manera nos auto maldecimos, y el que tiene poco quiere más, la que tiene el pelo largo lo quiere corto, la que lo tiene lacio lo prefiere ondulado.

La viuda estaba desahuciada y el profeta le preguntó, ¿qué tenés en tu casa? La “casa” es la mente, son los pensamientos, el interior. El profeta le decía: “¿Habrá dentro tuyo, mujer, alguna palabra de fe; alguna palabra profética que esté dormida, una palabra de aliento que pueda sacarte de la deuda?

Hoy Dios pregunta: ¿Dentro de tu casa, tenés la suficiente fe para finalizar con lo que te empobrece?

Hallá las riquezas de la fe que Dios ya te entregó y están en tu interior, creelo y experimentarás el milagro. Quizás sea una palabra profética guardada en tu interior hace tiempo y aún permanece. No busques afuera, no busques en los demás, porque Dios te lo entregó a vos. Por poco que parezca no lo desprecies, para hacer el milagro Dios no necesita mucho.

No desprecies ni maldigas tu persona, tu cuerpo, tu pareja; bendecí, cuidá y Dios te dará más. Sé fiel en lo poco y Dios te pondrá sobre mucho; aunque parezca poco experimentarás el gran milagro de Dios que se transformará en mucho.

La viuda se había acostumbrado a vivir del milagro de su marido, de su trabajo, de su dinero, a depender de sus decisiones, de sus palabras proféticas, de su vida espiritual. ¡No vivas la vida de nadie! Dios te creó para ser dueña de tu vida, de tu independencia.

No dependas de la oración de otro. Si nadie te ora hacelo vos misma y el milagro vendrá. Si te oran mejor porque es un plus que Dios te regala, pero la fe que hay en vos es suficiente para que te auto profetices.

Quizás viviste realidades que te dejaron un sabor agridulce. Cuántas mujeres al enviudar se descubrieron con más capacidades de la que suponían; cuántas después de una crisis, se vieron con mayores posibilidades. Sabor agridulce, primero agrio y luego, cuando aprendas a vivir del único poder que Dios puso en tu interior, será dulce.

No esperes de los demás, hacelo vos y experimentarás una sensación que nada la supera. Dejarás de ser víctima, no tendrás que llorar delante de nadie porque sabés que hay algo en tu interior, en tu casa, que sos una mujer fuerte y valiente, y darás a luz a una empresaria.

(CONTINÚA…)

Por Alejandra Stamateas

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