Mujeres Cristianas – Tengo un Hijo con Problemas 5

 

Continuemos.

4. Tengo que Sostenerlo en mi Mano.

Dios le dijo: “Alza al niño y sostenlo en tu mano”. A veces los padres cuando no podemos resolver un problema de nuestros hijos se lo entregamos a otra persona. Entonces ya desde jardín de infantes los chicos van al psicólogo. No digo que esté mal o que no es necesario en un caso especial; lo que digo es que a veces la situación no es tan grave. Entonces no los sueltes de tu mano.

Si tienen que ir a un profesional por prescripción, que vayan; pero vos seguí haciendo tu tarea y tu tarea es de mamá, no de profesional. Tu tarea no es interpretarles la conducta, tu tarea es una tarea de mamá o de papá; no es el auto-sacrificio.

Para ser padres no es un valor el sacrificio, no es un valor que seas una madre sacrificada, no apuntamos a eso. No apuntamos a ningún tipo de sacrificios porque ya no es necesario desde que Él se sacrificó en la cruz por todos nuestros pecados.

“Bueno pastora, pero a mí me gustaría estar con ellos todo el tiempo”, y entonces aparece la culpa, y especialmente en las mamás.

La culpa hace que no podamos resolver los conflictos que hay en nuestra casa. Porque la culpa siempre te va a bloquear, a atar, siempre te deja pensando en un tema todo el tiempo. La culpa te dice que tu hijo está mal porque algo hiciste. La culpa hace que no puedas resolver tu problema y por lo tanto tampoco el problema de tus hijos. ¡Quitemos la culpa!

“Pero yo trabajo pastora… ¿cómo hago?”

Te voy a dar algunas ideas: Demostrales a tus hijos cuando vengas del trabajo que ese momento que estás con ellos es el más hermoso del día. Dile: “Ah, estar este rato junto a vos es lo más lindo que me pasó en el día, pasé cosas buenas, trabajé, pero este momento lo disfruto muchísimo”. Tal vez no estés todo el día con ellos, pero en ese momento, ese hijo o esa hija sabe que vos lo súper-disfrutás.

Las mujeres que trabajamos llegamos a casa y ¿qué hacemos? ¡Seguimos trabajando!

Llegamos y tenemos que preparar rápido la comida, cocinar, limpiar, hacer las tareas de ellos del colegio, y entonces nuestros hijos nos ven obsesionadas por algo, nos ven nerviosas, angustiadas. Y eso no les da paz a ellos.

Nosotras queremos mostrarnos como las mujeres que seguimos preocupadas por ellos, porque ahora lo importante es atenderlos a ellos, y somos madres sacrificadas que siempre están pensando en la necesidad de los demás, en dar y en hacer para los demás. Y nuestros hijos no quieren ver eso.

 

Nuestros hijos quieren ver una madre tranquila y que les dé tranquilidad.

A. Vos llegas, no hay nada hecho en casa, pero vas con ellos a hablar.

No te ponés como loca viendo qué falta, que no falta. Te tomás el tiempo, y con tranquilidad decís: “tengo ganas de hablar con vos un ratito, ¿cómo te fue?, vení, sentémonos”. Pero no haciendo una cosa y la otra a la vez; sentada y relajada. Eso es un acto de inteligencia emocional con nuestros hijos. Lo estás amando, lo estás validando y lo estás valorando.

Hay mamás que tienen hijos grandes casados ¡y van a la casa de sus hijos a limpiar! Y el hijo le dice: “mamá tomá un mate, un café, sentate”, y ella “no, dejame limpiar, te plancho la ropa”. Y tu hijo necesita ese acto de inteligencia emocional: me siento, me relajo y compartimos. Porque mamá sabe disfrutar de la vida y me está enseñando a mí a disfrutar de la vida y a tener paz y calma en medio de cualquier situación.

 

B. Los límites son cuidados de amor.

Al principio los chicos se rebelan contra los límites pero después saben que los has cuidado, entonces aprendé a poner límites. Pero tienen que ser cuatro o cinco reglas nada más, no un montón de reglas que después nadie las cumple, ni siquiera vos.

Por ejemplo, para tus hijos jovencitos: “si querés un celular, tenés que atender siempre a mamá y a papá cuando te llaman”, entonces esa regla tiene que estar firme y fija.

(CONTINÚA…)

Por Alejandra Stamateas

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