Conozco personas que aunque todos los días suben un peldaño, son muy infelices y es porque han apoyado su escalera en la pared equivocada (se que algunos entienden exactamente de lo que hablo) y lo que es peor, descubren que en la cima también hay angustia. Es la depresión de la falsa felicidad. Se casaron enamorados del amor y no de quien decían amar. Es como seguir toda una carrera con el único fin de obtener un diploma para colocar en la pared; si no amas lo que vas a hacer, el diploma se pondrá amarillento antes de lo que imagines.

Como suele suceder con las celebridades de Hollywood, que la mayoría termina en clínicas de desintoxicación. Me pregunto ¿qué hay ahí arriba, en la cima, que los espanta tanto? ¿Será que, a deseo cumplido, deseo muerto? En mi caso, prefiero fracasar en algo que amo, a tener éxito en aquello que no disfruto.

Ahora ¿Cómo logras enamorarte apasionadamente y no perder la llama en el intento? Te voy a dar el secreto, aunque te rías: “Hoy te amo mas que ayer” debería ser la frase de cabecera de cada día de nuestras vidas. Recuerda que las relaciones afectivas nunca permanecen estáticas, o se van haciendo mas profundas o mas superficiales, pero siempre están en movimiento.

– ¿Eres feliz? -les preguntas a alguien.

– No me puedo quejar, paso un buen momento – te responden.

– Te pregunté si eres feliz.

– Bueno…tengo una linda familia.

– No me estás contestando lo que te pregunto.

– Digamos que no hacen faltar nada…

– No te pregunté por tu economía, sino por tu felicidad.

– Que se yo…supongo que si, no me lo he puesto a pensar.

Lo cierto es que al amor no hay que pensarlo, hay que sentirlo. A la felicidad tampoco se la supone, se la vive. En fin, en el mejor de los casos, ya no edifican una vida ni mantienen la llama, solo se dedican a sobrevivir.

En mi caso, he decidido pintar la vida del color que mas me guste. Si amo, lo hago con pasión o prefiero no hacerlo. Escribo, dibujo y actúo con pasión. Doy mis conferencias y predico con pasión, como si fuese la última vez que lo fuese a hacer. Tengo algunas canas, un par de arrugas más y me canso un poco mas que hace dos décadas atrás, pero hasta nunca he perdido el fuego y espero no hacerlo nunca. No siento culpa ni pido perdón por ser intenso, por ir hasta el fondo siempre, por ser apasionado hasta quedarme sin fuerzas y caer exhausto en la cama, cada noche de mi vida. Así es, soy insaciablemente apasionado.

Lo invierto todo, lo doy todo, no me guardo nada para mañana, ni siquiera una buena idea para un próximo libro. El pasado murió mientras dormía, el mañana aún no me pertenece, solo cuento con el capital del hoy y lo transito con pasión. Si así es como he vivido, imagínate como me gustaría morir: nada menos que amando apasionadamente; lo cual por estos días, es casi un artículo de lujo…

Por Dante Gebel

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