Parejas – PAREJAS POSESIVAS 2

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CONTINUEMOS.

¿QUÉ LE PASA A UNA PERSONA CO-DEPENDIENTE?

Piensa que los demás son más importantes que él, por eso son personas inseguras y preguntan: “¿Qué harías en mi lu­gar?”, “¿Cómo te parece?”, “¿Qué pensás vos?” y el otro em­pieza así a ser su fuente de vida para tomar decisiones. La persona co-dependiente se abandona y vive experimentan­do y pidiendo opinión a los demás.

Estas personas han sufrido un gran problema de aban­dono por el cual hoy son adictas a la gente. Primero necesi­tan un hombre, un hijo, después un nieto, y así sigue la ca­dena…

Mujeres que son maltratadas, abusadas emocional, física y verbalmente, personas crédulas que soportan todo. Reciben el maltrato pero después ese mismo hombre les regala flo­res, llora, se arrepiente y le creen, porque son dependientes. Las mujeres inseguras temen a la in­dependencia, lo ven como algo peligroso: “¿Cómo voy a arre­glarme sola?”; “¿Cómo me voy a mantener?”, entonces siguen aceptando la situación de control. En toda inseguridad hay miedo.

El objetivo de la pareja sana no es el sometimiento, el acoso, la manipulación, sino el compañerismo.

Y el hecho es que a esta persona le sucede lo mismo, es insegura. Es decir, el controlador y el controlado son dos per­sonas inseguras que se encontraron en la vida. El controlador es inseguro porque dice: “si te doy libertad, te vas y el controlado es inseguro porque “necesita que al­guien lo afirme”, como no tiene autoconfianza, depende que alguien le diga “¡bárbaro!”, “¡bien hecho!”

Nos dejamos controlar por la inseguridad que sentimos de nosotros mismos. Tenemos tanta necesidad y tanta confusión que pensamos que el otro siempre es más que uno, y el peligro al aceptar esta creencia es el pensar que el otro sabe mejor que yo lo que necesito. Tenemos tanta necesidad de un guardaespaldas efectivo que decimos: “Dejo mi vida en tus manos, decidí vos, hace lo que quieras y decidí la vida que ten­go que empezar a vivir”.

El manipulador siempre querrá hacerte sentir cul­pable para que termines haciendo lo que él quiere. Cuando por miedo accedés al control del otro, estás re­nunciando a tu libertad, a tu independencia. Y así es como al aceptar el control y la manipulación, comenzamos a actuar como si fuésemos niños o niñas sumisas buscando que el otro resuelva los problemas que pensa­mos que no podemos resolver.

Por eso es que nos urge saber que la mayor protección para nuestra vida no viene del afuera, de nuestra pareja, sino de adentro nuestro y tiene que ver con el valor y con lo que vos pensás de vos mismo. Creé que valés. No hay mayor pro­tección que aceptar lo que te merecés porque es allí cuando conocés cuánto valés.

¿Sabes el valor que tenés? ¡Ser Libre!

Si no lo conocés, vas a ser una mujer o un hombre contro­lado por otro que “supuestamente” tiene que saber tu valor. La independencia es el único camino que una mujer o un hombre pueden encontrar para derribar la manipulación y recuperar su autoeficacia y estima. Ser autónoma produce esquemas de “antiapego”, “anticodependencia” y promueve la manera más sana de relacionarse afectivamente con los otros en las áreas básicas de la vida. Las personas autónomas y libres mejoran un cien por ciento su autoeficacia y la con­fianza en sí mismas. Por este motivo, pueden comenzar a ven­cer sus propios miedos y la soledad permanente que las en­cerraba, adquiriendo mejores niveles de autoobservación. Por eso para lograrlo, proponete metas y objetivos a al­canzar cada día:

  • Describí tus logros como tales, no como casualidades.
  • Aprende a marcar fronteras, tolerancia cero a la violencia.
  • Levantate cada mañana y proyecta a corto plazo, para ese día. Si no tenés un proyecto, todo el mundo va a ocupar tus horas porque no tendrás nada que hacer. Proyectá dia­riamente, escribí y colocalo en un lugar visible para que cuando alguien te diga “me podrías hacer…”, “ayudar”, y no querés, le podés decir que “no” porque ya tenés un proyecto.
  • Decí un “No” completo. No un “no” a medias, no tengas miedo de decirlo, porque si lo decís a medias, titubean­do o “más tarde”, “mañana”, el controlador te lo enten­derá como un “sí”. Tenés que aprender a decir un “no” completo, no digas “ni”, si no querés hacer algo decí: “No, gracias”.

No uses justificaciones, decimos “no” y explicamos “por qué no”. Damos una explicación larga como justificación por­que tenemos miedo. Y el “no” tiene que ser absoluto, com­pleto, no justifiques, tenés derecho a decirle “no” a ese control. No justifiques, porque el manipulador aprove­chará tu justificación para llenarte de culpa y para que termines haciendo lo que él quiere.

Extracto del libro “Pasiones Tóxicas”

Por Bernardo Stamateas

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