Pensamientos – Demasiado Temprano Para Jubilarse

 

No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

Habiendo resistido la tentación del diablo en el desierto y un frío rechazo en su tierra natal, Jesús viajó a Capernaúm, don­de los ciudadanos le dieron una jubilosa bienvenida. «Estaban asombrados de su enseñanza» (Lc.4:32).

La gente llevaba a Jesús más que cuerpos enfermos y almas desorientadas. Le llevaban planes. Itinerarios. Consejos no solicitados. El rebaño de la humanidad deseaba fijar el rumbo de Jesús. «Sigúenos», decían. «Guiaremos tus pasos».

Los de Capernaúm «procuraban detenerlo para que no se fuera. Pero él les dijo: «Es preciso que anuncie también a los demás pueblos las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado» (vs.42-43).

Para no dejarse arrastrar por la gente se ancló a la roca de su propósito: emplear su singularidad (anunciar el evangelio «a los demás pueblos») priorizando a Dios («el reino de Dios») dondequiera que pudo.

¿No le alegra que lo haya hecho así? Suponga que se hubie­ra dejado llevar por la multitud y hubiera establecido su cam­pamento en Capernaúm, razonando: «Yo creía que mi meta era el mundo entero y mi destino la cruz. Pero el pueblo ente­ro me dice que me quede en Capernaúm ¿Puede estar equivo­cada tanta gente?»

¡Claro que sí! Desafiando a la muchedumbre, Jesús le dio la espalda al pastorado de Capernaúm y siguió la voluntad de Dios. Al hacerlo dejaba tras de sí a algunos enfermos sin sanar y a algunos confundidos sin orientar. Rechaza algunas cosas buenas para poder decir sí a su extraordinario llamado.

Extracto del libro “3:16. Los Números de la Esperanza”

Por Max Lucado

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