ng2008_25Relatos – Los Personajes de la Primera Navidad 5

 

 

El Rey Herodes

Mi nombre es Herodes. ¡Soy el rey de Judea y de todos los puebluchos que con mi espada he conquistado¡ ¡Yo soy el rey! A mí me pertenecen estas tierras y míos son los hombres y las mujeres que habitan en ella. Mío es el poder, mías son las riquezas. Si yo lo deseo, las personas viven y si yo lo ordeno, las personas mueren.  ¡Soy el rey y no comparto mi reinado con nadie!

Intentan traicionarme y arrebatarme el trono, pero no podrán contra mi. Nadie puede contra mí. Siento que mil ojos me observan entre las sombras esperando el momento de mi debilidad. Ellos quieren verme vencido, desean caminar sobre mi cabeza y poseer todo lo que he logrado. Sus rostros se muestran amigables y saludan cortésmente, pero esconden muerte en sus espaldas. ¡Quieren mi muerte! ¡Quieren sentarse en mi trono! ¡Quieren mi reino! ¡Quieren lo que es mío! ¡Lo que nunca voy a entregarles!

Ellos se acercaron con rumores. Entraron en mis aposentos y susurraron a mis oídos que por toda Jerusalén. unos magos del oriente buscaban al rey de los judíos para adorarle. ¡No hay otro rey que el rey Herodes! Es una trampa de mis enemigos, es el engaño de esta ciudad sometida por mi poder. ¡Yo soy el rey, el único rey!

No puedo dormir. Los rumores son intensos. Cierro mis ojos y los terrores de la noche llenan mi mente de pesadillas: ¡Quieren robarme el trono! Me despierto agitado, perturbado por la violencia de mis sueños. Haré todo lo que sea necesario para conservar mi trono. ¡Haré cualquier cosa para que no me arrebaten lo que es mío!

Desesperadamente convoqué a los principales sacerdotes y a los escribas del pueblo para consultarles sobre la verdad de estos rumores. Ellos confirmaron mis temores más profundos. Estaba escrito en el profeta Miqueas que de la insignificante Belén de Judea saldría un guiador que apacentaría al pueblo de Israel.

¡¿Cuándo nacería ese Rey llamado el Cristo?! ¡¿Quién lo nombró rey?!  ¡¿Y cuál será su reino?! El único rey es Herodes.

En mi desesperación busqué en secreto a los magos del oriente y les pedí detalles del momento en el que la estrella que los guió se detendría sobre el lugar donde nacería este Cristo,  llamado el rey de los judíos. Urgentemente los envié a Belén con la orden de volver a mi para que también vaya y adore a este rey. Magos ingenuos, yo no me arrodillo delante de niños, no le tengo miedo a ningún rey bebé. Magos arrogantes ¡delante mío deben postrarse. Vuelvan, vuelvan pronto con la noticia y haré que besen mis pies. Vuelvan pronto con la noticia para que con mi espada bañada en sangre vaya y adore a su rey.

Los días pasan, el tiempo devora las horas. ¡¿Dónde están los magos que envié a Belén? Ya deberían haber vuelto para decirme en dónde está ese rey de los judíos llamado el Cristo. Ese guiador, ese apacentador que intenta robar lo que es mío. ¡¿Dónde están esos magos?!

¡Se burlaron de mí! Arrogantes magos que se postran delante de un bebé pero que no le rinden honores ni respetos al único rey de Judea. No habrá otro aparte de mi. No permitiré que roben mi trono. No permitiré que sientan que el rey es débil frente a sus enemigos. Ese rey usurpador morirá aunque toda Belén tenga que ser arrasada, y todos sus niños tengan que ser enterrados.

¡Maten soldados! ¡Maten sin piedad a todos los niños menores de dos años! ¡Maten sin piedad, sin oír el llanto desgarrador de los vivos y de los muertos! ¡Maten por su rey, por su único rey!

Maten, mientras el rey de Judea espera su propia muerte envuelto en las llamas de la locura y del infierno.

 

Por Edgardo Tosoni

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