SECCIÓN DE ESTUDIO

1. No mantener un compromiso total de santidad.

Querer que Dios nos libere de un área de pecado mientras que no estamos dispuestos a que nos libere de otra.

  • Pecados de los que Dios ya nos ha hablado.
  • Pecados que son alimentados por el mismo com­bustible subyacente (rebelión) que el pecado del que queremos liberarnos.

Estamos tratando de mantenernos como el dios de nuestras vidas, el que decide qué se hace.

Recientemente escuché en un programa de televisión, que un invitado daba testimonio de la condición de su corazón antes de entregarse completamente a Jesús. Una de las cosas que dijo fue un resumen excelente de dónde están muchos de nuestros corazones. Él dijo: “No me importaba ser religioso siempre y cuando esto no interfiriera con mi diversión”.

Esto tiene que ver con la intención fundamental de que nuestro corazón sea santificado, no con el éxito perfecto de ese deseo.

Dios honrará nuestro conocimiento al propor­cionarnos los medios de mantenerlo.

  • Él nos “librará de caer” (Judas 1:24).
  • Él nos “hará fervorosos en hacer lo bueno” (Tito 2:14).
  • Él nos dará todo lo que necesitamos (2 Pedro 1:3).
  • Él nos da poder para caminar en santidad “en este mundo” (Tito 2:12).
  • Es la gloria de Dios hacerlo.

2. No creer y actuar sobre el poder que Dios tiene para liberarnos y mantenernos.

  • Debemos practicar la presencia de Dios y hacerla un hábito permanente en nuestra vida diaria.
  • Debemos recibir un regalo de fe para creer lo que Dios dice acerca de nosotros y acerca de Su poder de trans­formación.
  • Debemos persistir en buscar este regalo.
  • Debemos usar el poder cuando Él nos lo da.
  • Debemos renovar nuestras mentes con la “terapia de la verdad”.
  • Debemos discernir y rechazar los pensamientos y sen­timientos engañosos.

3. No pasar por una transformación de la voluntad a través de creer en el amor incondicional de Dios y aferrándonos a él.

Debemos preguntarnos: “¿Estoy dispuesto a renun­ciar a la única buena excusa que tengo para pecar— que no creo que Dios es justo, o que El me ama o que le importo—para descubrir la verdad acerca de Su amor y su preocupación?”

Debemos preguntarnos: “¿Estoy dispuesto a acer­carme lo suficiente a Dios, para entrar en una relación de intimidad con El, de manera que pueda experi­mentar su amor?”

Debemos preguntarnos: “¿Estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para sanar, ser liberado y transfor­mado?

Por ejemplo, “¿Estoy dispuesto a renunciar a la lástima, el consuelo y atención que me otorga el ser disfuncional?”

¿Estoy dispuesto a renunciar a ciertas relaciones, hábitos, entretenimientos, placeres, etc.?

Debemos formular pedidos específicos a Dios. Ser específicos pone a prueba nuestra verdadera voluntad interna con la realidad que implica el recibir la liberación o cambio solicitado, (un nuevo estilo de vida). Las peticiones específicas hacen que la respuesta de Dios a la oración sea mucho más evidente y El recibe la gloria. Nuestro amor al pecado debe ser sofocado por la rea­lidad y la grandeza incomparable de Su amor.

Resultados de conocer su amor incondicional:

  • Nos enamoramos aún más de Él.
  • Nuestros deseos cambian a Sus deseos.
  • Creemos más profundamente y confiamos en El.

Le obedecemos porque lo amamos y no como parte de un deber u obligación. ¡Una revelación de “dos segundos” del amor de Dios vale una vida entera de terapia!

Como Cristo, persistimos en las cosas de Dios para obtener un profundo conocimiento de lo que ha sido puesto delante de nosotros.

“Jesús… quien por el gozo que le esperaba soportó la cruz” (Hebreos 12:2).

Extracto del libro “Sanidad Sexual”

Por David K. Foster

(CONTINÚA… DALE CLICK ABAJO EN PÁGINAS…)

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre