Continuemos.

Tales individuos aprenden a relacionarse con personalidades controladoras y a enfrentar sus problemas con resignación absoluta, sin hacer nada para salir de estas situaciones negativas. Cuando una persona ha tenido experiencias traumáticas o negativas en una relación personal y no pudo hacerles frente, fabrica inconscientemente un mecanismo por medio del cual se convence de que siempre que enfrente nuevas situaciones traumáticas, ya sea con la misma persona o con otras, no podrá hacer nada, excepto volver a ser víctima de esa situación dolorosa. Desarrolla un enfoque fatalista ante la vida y una pasividad ante la situación en particular. La persona internamente está convencida de que sus acciones no pueden tener efecto sobre el otro ni la relación, y por ende tampoco puede controlar las acciones manipuladoras del individuo en cuestión.

Bajo estas condiciones, la persona se siente embargada por un profundo sentido de inseguridad, pesimismo, desprotección y orfandad. Y como consecuencia asume una actitud pasiva, se vuelve triste y puede caer en la depresión.

Todos los seres humanos desarrollamos un monólogo interior, un discurso silencioso interno por medio del cual tratamos de explicarnos por qué nos suceden las cosas que nos suceden. Cuando una persona se explica en dicho discurso interno el por qué del sufrimiento vivido y se resigna creyendo que nada puede hacer, está modelando una desprotección permanente, un sentimiento de indefensión que solo la preparará para una nueva desilusión o dolor.

Es posible que encuentres en tu propia vida relaciones y situaciones molestas de control, abuso y manipulación que has decidido aceptar como normales. Cuando por medio de este libro Dios sane y libere tu vida, nunca más serás víctima de la indefensión aprendida.

LLAMADOS A LIBERTAD

En mis 30 años de atender a la gente en sus problemáticas, he comprobado que un porcentaje altísimo de personas sufre del síndrome de la manipulación. Unos desempeñan el rol de manipuladores, otros son manipulados, y muchos son tanto víctimas como victimarios. Esta realidad también se da entre los creyentes en Cristo. Tienen al Señor en sus vidas, pero continúan sufriendo en el hogar, el noviazgo, sus relaciones laborales y la escuela; a causa de un cónyuge que ejerce violencia psicológica y/o física, un novio o novia que vive amenazando con la ruptura, empleadores acosadores, el bullying o el abuso de los compañeros del colegio. Es decir, son víctimas de diferentes formas de manipulación.

Con mucho dolor uno también debe reconocer el abuso espiritual que mucha gente ha sufrido de parte de sus líderes en las iglesias, y del mismo modo los padecimientos que han experimentado debido a estructuras eclesiásticas que han manipulado y controlado sus vidas. Es cierto que muchos tienen a Cristo, pero la manipulación se ha convertido en una conducta aprendida y viven manipulando a los demás.

Una de las peores explicaciones internas con respecto al problema es: «Yo soy así, qué se le va a hacer… No me pidan que cambie». Esto me hace recordar el cuento del escorpión que cuenta Carlos Vallés:

Un escorpión quería pasar al otro lado del río, pero no sabía nadar. Así que le pidió a una rana que lo llevara sobre su espalda nadando, pero la rana le dijo que tenía miedo de que la picara con su aguijón cuando estuvieran en el agua. El escorpión la convenció de que no haría tal cosa, pues entonces ella se moriría, pero se ahogaría él también. La rana lo entendió, colocó al escorpión en su espalda, se echó a nadar al río, y cuando estaban en medio de la corriente, el escorpión alzó su cola venenosa y la picó. La rana se quejó: «¿Por qué has hecho eso? Ahora nos vamos a morir los dos». Y el escorpión se excusó: «Lo siento mucho, querida rana… pero es que yo soy así». La rana se murió, pero el escorpión logró llegar cerca de la otra orilla muy fatigado. Un hombre se apiadó de él, lo tomó en su mano y le salvó la vida. Y el escorpión lo picó en la mano. El hombre sacudió la mano con dolor y el escorpión cayó al agua.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Libre de la Manipulación”

Por Carlos Mraida

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