¿SOBRE QUÉ BASES OPERA LA GLORIA O LA PRESENCIA DE DIOS MANIFESTADA?

La soberanía de Dios. Esto significa que Dios hace lo que quiere, cuándo quiere y cómo quiere. Hoy en día, acostumbramos a no darle libertad al Espíritu Santo para ejercer Su soberanía divina en nuestra vida personal, mucho menos en la iglesia. Por eso asistimos a servicios monótonos donde nada sobrenatural ocurre. De ahí que nuestra prioridad siempre debe ser que el Espíritu Santo pueda manifestar la soberanía de Dios y hacer lo que Él quiere.

No te apresures a irte de su presencia, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quiere (Eclesiastés 8:3)

La iniciativa de Dios. Jesús es la cabeza de la iglesia, por lo tanto es quien toma la iniciativa para la acción y se mueve a su entera voluntad, como quiere. Sin embargo, otras veces Dios no inicia la acción. Cuando esto sucede, es mejor que hagamos lo que ya nos man­dó, dejando bien establecido que conocemos lo que Él ordenó, y que no vamos a inventar algo para salir del paso. La Escritu­ra nos muestra al rey Saúl esperando al profeta Samuel para ofrecer sacrificio a Jehová, pero como no llegó decidió que él lo haría; eso es desobediencia. No es esto a lo que me refiero. Pero si, por ejemplo, hacer lo que Dios ya ordenó: evangelizar, hacer discípulos, sanar a los enfermos y echar fuera demonios. La mayoría de creyentes entiende lo que es la soberanía de Dios, pero son pocos los que entienden cómo trabajar bajo esa soberanía; cómo movernos en fe.

A. Esperando siempre la iniciativa de Dios. Cuando la presencia de Dios no se manifiesta, tenemos que ejercitar nuestra fe, unción, y dones. Si no actuamos y siempre estamos esperando que Dios tome la iniciativa, entonces esta­mos operando en los extremos. Por ejemplo, si sentimos que el Espíritu Santo no ha tocado al perdido, nosotros, por fe, tenemos que hacer el llamado de salvación. Como Dios ya nos mandó a hacerlo, no debemos esperar a que sea Él quien dé el próximo paso. Claramente, el próximo paso es nuestra responsabilidad.

B. Toman siempre la iniciativa desde el lado humano Esto implica que programan previamente todos los planes de la iglesia, lo que lleva a un activismo vacío del poder y la presencia de Dios. Éste es el otro extremo.

1. ¿Cuál es la diferencia entre gloria y unción?

  • La unción es para la tierra y sólo opera en nuestro mundo. La gloria testifica de los poderes del siglo venidero porque es la atmósfera del cielo. Así como el aire es la atmósfera de la tierra, la gloria es la atmósfera del cielo.
  • La unción nos prepara para la gloria. La gloria es la presencia de Dios.
  • La unción nos da la habilidad o el poder para pa­rarnos en Su presencia; la gloria es Su presencia.
  • En la unción trabajan el don y la fe de un hombre; en la gloria es Dios mismo trabajando.
  • En la unción, la fe pone demanda sobre el manto de un hombre; en la gloria, la fe pone la demanda sobre la presencia de Dios.
  • La unción nos fue dada para sanar a los enfermos, pero en la gloria de Dios la enfermedad es ilegal.
  • En la unción Jesús es el sanador, en la gloria Jesús es el Creador.
  • En la unción trabajamos, pero en la gloria adora­mos y descansamos.
  • La unción nos fue dada para decapitar gigantes; en la gloria los gigantes no entran.
  • En la unción sentimos cómo el poder de Dios sale de nosotros; en la gloria el poder sale de Dios mismo.

Cuando he operado en la unción por mucho tiempo, me siento físicamente agotado, porque la gente pone demanda so­bre la unción de Dios en mí, y ésta saca todo lo que tengo dentro, me quedo vacío; es lo mismo que le sucedió a Jesús cuando una mujer tocó su manto.

Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que ha­bía salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? (Marcos 5:30)

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

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2 Comentarios

  1. Toda iniciativa nace de la fe, en creer que con Jesucristo, todo es posible. Pero también es importante la vida espiritual de cada creyente, la purificación que uno va escalando todos los días venciendo tropiezos y dificultades. Solo así seremos ungidos como hijos de Dios, solo así podremos ver su gloria.
    Sin embargo es interesante, cuando muchos cristianos, están más interesados en esa gloria aquí en la tierra, en conseguir frutos terrenales, es decir la prosperidad material o terrenal. Cosa que no ofreció Jesús, Las glorias que Él nos ofrece, son para la nueva vida por venir. Cuando seamos partícipes, allá en su gloria, cuando nos acerquemos a sus atrios celestiales.

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