¿CUÁL ES EL PROPÓSITO DE LA UNCIÓN?

Jesús enseñó primero acerca del reino a fin de que los discípulos pudieran entender el propósito del poder. Lo mismo sucede con la unción; primero tenemos que saber para qué es, de lo contrario no servirá de mucho tenerla.

El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pre­gonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos (Lucas 4:18)

La palabra clave aquí es “para”. ¿Para qué vino el Espíritu Santo sobre Jesús? Nótese que de todos los propósitos ninguno de ellos tiene que ver con un beneficio egoísta o personal, sino que la intención es bendecir a otros. No podemos perder de vista que la unción es para sanar a los enfermos, expulsar demonios, predicar el evangelio, hacer milagros, y que el fin último es que Jesús sea exaltado. Ésa es la razón principal por la cual fuimos consagrados y separados al ministerio. Cuando los hombres y mujeres usan su manto o unción para auto-promocionarse, para sacar ganancias deshonestas, para alcanzar fama o posesiones, entonces su carrera termina mal. Afuera hay un mundo enfermo, lleno de inseguridad, miedo, depre­sión, tristeza, amargura y soledad; un mundo atormentado por espíritus inmundos, vacío, sin dirección, que necesita alguien ungido que rompa sus ataduras; alguien que Dios use para hacerlo libre y darle esperanza.

Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pu­drirá a causa de la unción (Isaías 10:27)

Dios quiere usar su vida para romper todo yugo de escla­vitud a vicios, drogas, alcoholismo y otras adicciones. En nuestro ministerio, cada anciano, ministro, diácono, mentor y líder de Casa de Paz ha sido entrenado y ha recibido la impartición de la unción de sanidad y milagros que está so­bre mi vida. Prueba de esto son la gran cantidad de milagros que Dios hace en las reuniones de Casas de Paz y discipulados, usando a los líderes. Veamos uno de esos testimonios:

Durante una reunión mensual de su discipulado personal, el ministro Alberto Fonseca, oró por una de sus discípulas que sufría de incontinencia urinaria, lo que la llevaba a orinarse sin darse cuenta ni sentirlo. Por esa razón siempre tuvo que usar pañales desechables. El problema se originó cuando al nacer tuvo que ser operada de espina bífida y durante la cirugía su vejiga resultó dañada. Los médicos que atendieron su caso le diagnosticaron que ese mal no tenía cura y que toda su vida de­bía usar pañales desechables. De acuerdo con su testimonio, la mujer no sitió nada especial cuando se oró por ella, excepto un simple cosquilleo que le bajó por su vientre y por primera vez en 25 años sintió deseos de ir al baño a orinar. En los días siguien­tes, cuando se quitaba el pañal notó que estos estaban secos. Entonces se dio cuenta que había sido sanada. Así terminaron años de oprobio y extrema tristeza que incluso la llevaron a la depresión. Dios hizo el milagro completo. ¡Dios la sanó!

Existen dos diferentes clases de unciones o mantos que están operando en la tierra sobre ciertos individuos:

Mantos generacionales. Esos mantos son transferidos de padre a hijos espirituales o naturales. Cuando se ha desarrollado una relación padre-hijo o mentor-discípulo, en su tiempo, el manto es transferido de una generación a otra, como ocurrió en el caso de Moisés v Josué o Elias y Elíseo

Mantos especiales. Estos mantos son dados por Dios a ciertos hombres con el fin de llevar a cabo un mandato específico, para una generación específica. Una vez cumplido el propósito, el manto no se puede duplicar. Lo podemos ver en el caso de David, de quien Dios dice que tiene un corazón conforme al corazón de Él. En toda la Biblia no hay otro hombre con un corazón semejante, excepto Jesús. David, siendo un rey disfuncional, a quien seguramente la iglesia de hoy descalificaría, recibió un manto especial para la alabanza, la adoración y la guerra.

¿Cómo sabemos que tenemos un manto especial?

Cuando se trata de un manto especial, a menudo Dios le da un anticipo de lo que sucederá en su ministerio, siempre que persevere y sea fiel. En mi caso, hace quince años, Dios me mostró lo que iba a suceder. La primera vez fue mientras predicaba en Cuba; vi todos los enfermos sanarse en un instante. También en Argentina, el Señor me mostró los milagros creativos más po­derosos que hasta ese momento había visto. Después de eso no volví a verlos sino hasta el año 2000. Dios me dio, en aquel tiem­po, un anticipo de lo que iba a hacer conmigo, para que fuera en pos de ello. En la actualidad, camino con ese manto especial y veo la gloria de Dios manifestarse en todo lugar donde predico. Un manto o unción especial a menudo vendrá acompañado de una muestra de lo que sucederá en el futuro.

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

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