LA FE ES AHORA

Cuando Dios me habló de construir el actual templo de El Rey Jesús, con capacidad para seis mil personas, todos los contratistas me dijeron que tomaría un mínimo de 5 años edi­ficarlo. Sin embargo, yo le creí a Dios para construirlo en un lapso de dos a 3 años; y así fue. Él proveyó las finanzas, reunió a las personas adecuadas y terminamos el edificio en 28 me­ses, dentro del tiempo que yo había creído. ¡Ahí mi fe rompió las leyes del tiempo! Si a mí me sucedió, a usted también puede ocurrirle; sólo tiene que decidirse a vivir por fe y no por vista.

Probablemente usted refute: Sí, para usted es fácil decirlo porque Dios le ha bendecido con dones, gracia y favor. ¡Claro que sí! Pero déjeme decirle que yo comencé como cualquiera de ustedes. Cuando Dios me habló de edificarle el santuario para 6.000 personas, me dijo que éste se construiría sin deudas. Al recibir un estimado del costo de semejante construcción, le digo que tuve que estirar mi fe porque la suma total llegaba a 25 mi­llones de dólares, entre terreno y edificación. En el momento que el Espíritu Santo me dio la orden de comenzar a construir, no tenía el dinero; sólo tenía fe. Eso fue impactante, porque nunca le había hecho algo así antes; menos en la comunidad latina. Pero pusimos manos a la obra, obedeciendo a Dios, cuando la realidad nos mostraba que sólo teníamos $700.000 dólares en el banco, que apenas cubrían el costo de las vigas del templo. Pero Dios, a través de sus profetas, me confirmó lo que me ha­bía dicho. Fue entonces cuando recibí la promesa bíblica que me sostuvo durante toda la edificación.

Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La hari­na de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá (1Reyes 17:14)

Este verso se cumplió a cabalidad. En promedio pagába­mos $500.000 dólares mensuales, y yo tenía que creer por ese monto cada mes. Durante 28 meses pudimos experimentar la fidelidad de Dios, más allá de toda lógica humana, y Él nunca nos falló. Hubo varias ocasiones en que debíamos pagar cuentas de $800.000 y faltando 5 días para el vencimiento sólo teníamos $50.000 en el banco. Pero Dios fue fiel y nos proveyó más de 25 millones de dólares, en menos de 2 años y medio. Tampoco fue que alguien ofrendó millones de dólares; la ofrenda más gran­de que recibimos fue de $250.000 dólares. El resto provino del esfuerzo unido de un pueblo fiel, al cual Dios bendijo para que ofrendara.

Pagamos la construcción en efectivo y Dios no usó millo­narios, sino que lo hizo con empleados, obreros, profesionales, jóvenes y amas de casa; gente común y corriente, como usted y como yo. Él hizo esto para que Su nombre fuera glorificado y pudiéramos anunciar a los cuatro vientos, que Él es el provee­dor. Si lo hizo conmigo, también lo puede hacer con cualquiera que en Él crea. Esto ha servido de testimonio para que muchos entiendan que, cuando Dios dice algo y lo creemos, podemos considerarlo hecho. Hoy en día muchos hijos espirituales, y aun otros pastores, han tomado este testimonio como ejemplo para edificar templos sin deuda. Dios lo está haciendo. ¡Gloria a Dios!

La fe es ahora. ¿Cuándo es el tiempo de la fe? La fe es ahora. La fe es el pasado y el futuro reunidos en el presente, lo cual constituye el ahora.

Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy (Éxodo 3:14)

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

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