NADA ES IMPOSIBLE AL QUE CREE

Un creyente lleno de la fe sobrenatural de Dios tiene una pasión ardiente por lo imposible y su fe se alimenta cuando en­frenta situaciones imposibles. Cuando Dios nos dio a cada uno nuestra medida de fe, un apetito por lo imposible viene a nues­tro espíritu. Fuimos hechos para tener apetito por lo imposible.

La fe percibe como un hecho real aquello que aún no es revelado a los sentidos. La naturaleza de la fe no es para que sea revelada a los sentidos. Por eso es que cuando Dios nos manda a hacer algo, nunca le hallamos sentido, porque si tuviera sentido no sería sobrenatural. La mente carnal no puede ver lo invisible, por eso es como si no existiera.

Dios nos ha dado una medida de fe a cada uno. Conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno (Romanos 12:3)

¿Todos los creyentes tienen fe? Sí, pero en diferentes medi­das. La Palabra nos confirma que todos tenemos fe, pero no to­dos tenemos la misma medida. Dios llevará a un nivel de fe más grande a aquellos que hayan creído por cosas mayores y hayan hecho crecer su fe. Cuando llevamos nuestra medida de fe has­ta el límite, entonces Él nos impulsa a un nivel mayor. Cuando elegimos permanecer confortables en un lugar donde nuestra fe no es retada, es posible que la medida de fe que tenemos se pierda, en lugar de aumentar. Si somos buenos mayordomos de la medida de fe que tenemos, Dios nos dará más.

¿Qué es una medida de fe? ¿A qué se refiere la Escritura cuando habla de medida? Una medida, es la esfera de influen­cia y el nivel de autoridad donde usted pone su fe a producir. El ser humano es capaz de influenciar —para bien o para mal— un promedio de 10.000 personas durante su vida. En el mundo espiritual, todo opera de acuerdo a niveles de autoridad. Por ejemplo, cada uno de nosotros ha recibido una medida de auto­ridad en la iglesia. La medida de fe que Dios le ha dado a cada uno de nosotros es para ser usada de manera efectiva conforme a su nivel de autoridad. Recuerde que si su medida de fe es sufi­ciente para mover montañas o derribar fortalezas, en la misma proporción debería ser su nivel de autoridad. Debido a que a cada uno se le ha dado una medida de fe, nunca habrá una excusa para no creerle a Dios.

¿Cómo recibir la fe de Dios?

Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios (Marcos 11:22)

En el versículo anterior la traducción correcta es, “Tened la fe de Dios”. En el griego, el verbo aparece en voz pasiva, lo cual significa que la acción viene desde afuera. En otras pa­labras, Jesús no nos pide que tengamos fe en Dios, sino que Dios nos da la fe que a Él le pertenece. Más sencillo: nuestra naturaleza humana es incapaz de producir fe por sí misma, por eso debemos tomar la fe de Dios. Jesús le dijo a Pedro: “Pedro recibe la fe de Dios para que bendigas a otros”; y en el libro de los Hechos vemos a Pedro haciéndolo.

Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, leván­tate y anda (Hechos 3:6)

La naturaleza humana sólo puede dudar, no puede creer; pero la naturaleza divina sólo puede creer, no puede dudar. Todo miembro de nuestra iglesia ha sido entrenado a través de los grupos de discipulado y del Instituto de Liderazgo, para que ejercite la medida de fe que Dios le ha dado. Esto in­cluye a quienes apenas se inician en el evangelio. Veamos este testimonio que ilustra lo que digo:

A la Casa de Paz que era liderada por un joven matrimo­nio que apenas llevaba seis meses atendiendo nuestra iglesia, llegó un miércoles por la noche una pareja a la cual le habían diagnosticado SIDA. La esposa del líder se paró con autoridad y oró con fe por ellos, pidiéndole a Dios que los sanara. ¡Y Dios se glorificó en medio de la congregación de sus santos! Pues cuando la pareja fue a hacerse nuevos exámenes, estos resultaron negativos. Aunque médicamente el SIDA sigue siendo una enfermedad incurable, que ataca el sistema inmunológico, baja las defensas, y provoca mutaciones de células en el organismo; para Dios ya esa enfermedad ha sido abolida de la faz de la tierra. ¡Lo que parece imposible para el hombre es posible para Dios!

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

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