por-hablar-malPredicaciones – Por Hablar Mal 2

 

Continuemos.

Fue uno al sabio y se arrepintió, porque se dio cuenta que las palabras habían lastimado, había hablado mal y a veces había puesto el oído para escuchar tonterías de otra gente. El muchacho le dijo, sabio, quiero pedirle perdón a Dios. Quiero que Dios me perdone. Entonces le dijo, ok, vamos a hacer lo siguiente, vas a ir esta noche a tu casa, vas a agarrar un almohadón, vas a ir al pueblo, te vas a parar en el medio, vas a romper el almohadón y vas a soltar todas las plumas en el pueblo. Y mañana a primera hora vas a venir nuevamente a mi casa. El muchacho se fue, llegó a la casa, agarró el almohadón, se fue al pueblo, era de noche, rompió el almohadón, soltó todas las plumas, se fue a dormir. Al otro día el joven fue a la casa del sabio que le dice, hiciste lo que te dije. Sí. Muy bien. Ahora andá y recogé todas las plumas que soltaste. Y el muchacho dice, no, eso no lo puedo hacer. Así son las palabras, una vez que las soltás, después es muy difícil volverlas a juntar.

Pero las palabras son como una paloma mensajera, siempre vuelven al lugar de donde salieron.

Hoy vamos a cerrar los oídos a cualquier comentario negativo de quien sea. Vamos a cerrar la boca de hablar mal de quien sea, porque si queremos gozar de días felices, dice, refrene su boca de hablar mal. Y hablar mal no es solo decir malas palabras, es chusmear, por eso, si empezamos a hablar correctamente vamos a tener bendición.

Es tan culpable el que oye como el que dice. Quiero soltarte esta palabra que Dios me estuvo hablando. Si queremos ver días felices y amamos la vida, cuidemos nuestra lengua de hablar mal. Esta revelación quiero que la guardes en tu corazón. Gozar, no solo que haya días felices, gozar, pasarla bien, Cristo no es una revelación, no es una estampita, no es un crucifijo colgado, Cristo es esperanza, Cristo es vida, Cristo es la presencia del Señor.

Moisés saca al pueblo de Israel después de cuatrocientos años de esclavitud. Estaban en Egipto, violaban a sus mujeres e hijos, los tenían de esclavos. Y un día Dios levanta a Moisés, que le dice, Señor, no sé hablar. Porque todo no tiene que ver con la capacidad, tiene que ver con saber hablar. Y Dios le dice, te voy a enseñar a hablar.

Y Moisés saca al pueblo de Israel de Egipto. Salió con botín y con oro. Y cuando estaban en el medio del desierto, Moisés se casa con una egipcia. ¿Cómo, saliste de Egipto y estás con una egipcia? Y lo vio la hermana y con el hermano empezaron a chusmear: “A vos te parece, se casó con esa mujer negra, porque eran negros los egipcios, con esa negra de Egipto, para qué la trajimos acá”, y empezaron a hablar mal. Y dice que Dios los escuchó y los reunió a los tres, a Moisés, a la chusma de María y al otro chusma y les dijo, yo los escuché, yo te escuché, estuviste hablando mal de Moisés y a Moisés no me lo toca nadie, porque Moisés tiene errores pero está hablando mis palabras. Y a María que chusmeó del hermanito le agarró lepra, le quedó la piel blanca. No se le cayó el pelo, no le agarró una apendicitis, no le agarró otra enfermedad. Cuando alguien quedaba leproso lo excluían, lo separaban.

Cada vez que hablás mal de alguien, Dios te separa de la gente bendecida, te separa de la prosperidad, te separa de la paz, te separa de la alegría. Cada vez que hablás u oís un chusmerío, Dios te separa y quedás excluido. Por eso hay gente que está excluida, están excluidos de la prosperidad, de la paz, de la familia bendecida, están excluidos porque hablar mal te separa. Y Moisés habló a Dios y a los siete días María, la hermana de Moisés, la leprosa, volvió a ser incluida.

(CONTINÚA…)

Por Bernardo Stamateas

Lee Por Hablar Mal 3

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre