cristo-satisface-nuestra-necesidad-de-esperanzaPredicaciones – Cristo Satisface Nuestra Necesidad de Esperanza 1

 

No me avergüenzo del evangelio de Cristo, porque es superior a los mensajes y a las enseñanzas de todas las grandes religiones del mundo. Otras religiones tienen enseñanzas de una ética excelente, seguidores fervientemente dedicados y magníficos rituales de ado­ración. No obstante, sólo Jesucristo ofrece al mundo la clase de esperanza que puede generar el espíritu de optimismo que es esencial para vivir con alegría. Sólo el cristianismo describe claramente el curso para la historia humana que culmina en el glorioso triunfo del bien sobre el mal.

Los seguidores del zoroastrismo creen que la historia es una lucha entre las fuerzas de la luz y las fuerzas de las tinieblas, pero no tienen ninguna seguridad de cuál de las dos fuerzas ganará al final. El budismo enseña que este mundo no es nada más que un ciclo sin fin de sufrimien­tos, y los seguidores de Buda sólo pueden esperar en el nirvana que yace fuera de la esfera de la historia donde se pierde toda conciencia y queda abolida la identidad personal. El hinduismo enseña que el mundo en que vivimos es básicamente irreal y que tarde o temprano este mundo y todo lo que hay en él retornará a Brahma, de donde vino, sin dejar rastro de que una vez existimos, y asegurándonos que la historia no tuvo ningún signifi­cado.

Sólo el mensaje bíblico nos da la seguridad firme de que la historia de la humanidad no es un cuento narrado por un necio, sino el desarrollo del gran plan de Dios que terminará cuando El establezca su reino en la tierra como en el cielo.

Muchos me preguntan cómo puedo continuar tan op­timista del futuro de la historia humana a la luz de las circunstancias contemporáneas en el mundo. Entre mis colegas en el campo de las ciencias sociales hay muchos profetas de perdición. Están los demógrafos que ofrecen pruebas de que la explosión demográfica mundial pron­to pondrá tal tensión sobre los recursos y alimentos disponibles en nuestro planeta como para reducir toda existencia humana al nivel más escaso de subsistencia, si es que en realidad llega a sobrevivir.

Están los ecólogos que señalan que contaminamos la atmósfera a tal veloci­dad que estamos destruyendo capas de ozono que filtran los peligrosos rayos que producen el cáncer, y que es sólo cuestión de tiempo para que dosis masivas de luz infrarroja y ultravioleta hagan imposible la supervivencia física. Esos ecólogos advierten además que estamos con­taminando los océanos a tanta-velocidad que destruimos el plancton que es necesario, no sólo para la subsistencia de ciertas formas de vida marina, sino esencial para la producción del oxígeno que los seres humanos tenemos que respirar.

Están los científicos políticos cuyos estu­dios sobre el escalonamiento de la carrera armamentista los lleva a pronosticar la segura desaparición de la civili­zación mediante un inevitable holocausto nuclear. Y están los criminólogos que predicen la completa des­composición del orden y de la ley en el mundo occiden­tal, reduciendo a los seres humanos a la barbarie en el peor de los casos y, en el mejor, a otra edad de las tinieblas.

Frente a esas predicciones, todavía afirmo las buenas nuevas de que vendrá el reino de Dios. El mundo no será destruido por la explosión demográfica, los desastres ecológicos, el holocausto nuclear, la anarquía o cual­quier otro acontecimiento trágico que sugieren los me­dios de comunicación. Los cristianos somos proclamadores de las buenas nuevas de Dios ante todas esas malas noticias. Somos los que estamos absolutamente conven­cidos de que, aunque toda la creación gima y esté con dolores de parto, en su momento la salvación vendrá y Dios preservará a su creación y la perfeccionará divina­mente para su gloria (Romanos 8:21-28).

El mundo no terminará con una explosión como algunos sugieren, ni terminará con un lloriqueo como sugirió T.S. Elliot, famoso poeta inglés. Apocalipsis 11:15 dice cómo es que el mundo terminará: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor… y él reinará por los siglos de los siglos”. ¡Aleluya! ¡Aleluya!

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Es Viernes Pero el Domingo Viene”

Por Tony Campolo

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