cristo-satisface-nuestra-necesidad-de-esperanzaPredicaciones – Cristo Satisface Nuestra Necesidad de Esperanza 2

 

Continuemos.

Oscar Cullmann, uno de los teólogos más importantes de la posguerra, da una ilustración que ayuda a poner el futuro de la historia en una perspectiva bíblica. Gracias a sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial, Cullmann nos recuerda la importancia del Día D, el desembarco de las fuerzas aliadas en Normandía, y el Día V, la capitulación de Alemania. Los que estábamos en este mundo en los años cuarenta recordamos el día crucial en que las fuerzas aliadas cruzaron el Canal de la Mancha y desembarcaron en las playas de Normandía. El ejército nazi formó sus tropas a lo largo de la cabeza de playa francesa e intentó empujar a las fuerzas aliadas de vuelta al mar. Los nazis sabían que cualquiera de los dos lados que saliera victorioso ese día ganaría finalmente la gue­rra. Los aliados estaban convencidos de que el destino de Europa y quizá del mundo estaría determinado por lo que ocurriera en las primeras veinticuatro horas de la batalla.

Todo estudiante de historia sabe que los aliados preva­lecieron y establecieron una cabeza de playa desde don­de penetraron para retomar Europa de la dominación nazi. No obstante, muchos meses de lucha y de derrama­miento de sangre siguieron al desembarco en Normandía antes que la victoria final sobre los nazis fuera una realidad. La contienda dolorosa que siguió a esa gran victoria costaría la vida de millones de personas. Ven­drían más bombardeos y devastación después del Día D de los que habían ocurrido ya. No obstante, desde el Día D en adelante, nunca nadie dudó que la victoria sería de los aliados. Fue por esa razón que, después del Día D, el general Rommel se unió a la conspiración para asesinar a Hitler. Él sabía que la guerra estaba perdida, y que sólo era cuestión de tiempo para que se derrumbara todo el Tercer Reich.

Los aliados pelearon y sufrieron muchos reveses, sien­do el más horrendo la contraofensiva alemana en las Ardenas belgas. Pero nunca perdieron de vista la realidad de que la victoria sería de ellos. En los momentos más desalentadores, sabían que sólo era cuestión de tiempo para que se rindiera el enemigo. La batalla decisiva librada del Día D les dio una esperanza que trascendía a toda ilusión, aun en medio de las condiciones más deses­peradas. Supieron siempre que llegaría el Día V.

Cullmann hace la observación que los cristianos tene­mos que reconocer que también vivimos entre el Día D y el Día V. El Día D de Dios ocurrió hace dos mil años en un monte llamado Calvario. Allí el Dios que había invadido su creación perdida, por medio de su Hijo Jesucristo, confrontó los horribles poderes de las tinie­blas en la batalla más crucial de la historia cósmica. Cuando terminó ese viernes terrible, parecía como que las huestes demoniacas habían triunfado y que el Prínci­pe de gloria había sido encerrado y derrotado en una tumba prestada. Pero eso era el viernes. Tres días después, Jesucristo quitó la piedra y se convirtió en el Cristo vencedora Había destruido el poder de las tinieblas.

Si bien la batalla decisiva fue librada y ganada el Día D de Dios, debe reconocerse que su Día V no ha llegado todavía. Ese día será cuando suene la trompeta y sea declarada la victoria final. Su día de victoria será cuando Satanás sea atado y echado en el lago de fuego. Su Día V es cuando el Señor regrese y se convierta en el Rey reconocido de su creación. Cristo reinará dondequiera que el sol lleve con éxito su jornada sucesiva. Pondrá a todos sus enemigos bajo sus pies y finalmente toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Él es el Señor de todo.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Es Viernes Pero el Domingo Viene”

Por Tony Campolo

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