cristo-satisface-nuestra-necesidad-de-valor-personalPredicaciones – Cristo satisface Nuestra Necesidad de Valor Personal 1

 

 

Entre las muchas decisiones que se deben tomar para determinar quién y qué es usted, está quién será la persona más importante de su vida. Rara vez nos damos cuenta de que las personas a quienes escogemos como las más importantes de nuestra vida influyen en lo que somos y en lo que llegamos a ser.

Charles H. Cooley, uno de los científicos sociales mo­dernos más importantes, desarrolló el concepto de la “personalidad espejo”. El postulado de Cooley se formula de esta manera: el concepto que una persona tiene de sí misma está determinado por lo que considera que las personas más importantes de su vida piensan de ella.

Por ejemplo, si creo que la persona más importante de mi vida piensa que soy el tipo mejor parecido del pueblo, no pasará mucho tiempo antes que comience a pensar que soy el tipo mejor parecido del pueblo. Eso podrá ser difícil de creer para muchos, ya que tengo doble papada y soy calvo. Pero a los que no son calvos les digo que nadie corona de mármol el mueble barato. Además, me gustaría señalar que a todos al nacer se nos dio cierta cantidad de hormonas, y si algunos las quieren usar para que les crezca el pelo, ese es asunto suyo. No importa si el resto del mundo no cree que yo sea bien parecido, porque mi esposa sí lo cree, y ella es mucho más impor­tante para mí que cualquiera que lea este libro. Ella influye en lo que yo pienso de mí mismo más de lo que yo considero que los demás piensan de mí.

En nuestros primeros años, nuestra madre es pro­bablemente la persona más importante en nuestra vida. Por lo tanto, nuestro concepto de sí mismo y nuestro sentido de valor personal por lo general está determina­do por lo que nuestra madre piensa de nosotros.

Crecí en un lugar donde éramos una minoría, puesto que soy italiano, y en el oeste de Filadelfia la mayoría de la población era judía o negra. Por consiguiente, yo era el muchacho que quedaba fuera de grupo. Mis recuerdos más remotos del vecindario son respecto a la manera en que los muchachos judíos siempre me sorprendían. Ellos eran muy emprendedores y seguros de sí mismos. Usted podrá decir lo contrario, pero le aseguro que los mucha­chos judíos son más listos que los demás. Los niños judíos lograban los mayores éxitos en la escuela.

Aún en la vida adulta los judíos parecen ser mejores triunfadores que el resto de nosotros. Producen más ganadores del Premio Nobel per cápita que cualquier otro grupo étnico. Son personas talentosas en todos los sentidos. Parecen ocupar la cima en todas las profesio­nes. Si quiere encontrar la razón de ese éxito y esos logros, le insto a prestar atención especial a las madres judías.

Las madres judías han recibido el más fuerte embate de muchos y malos chistes. Se les ha llamado agresivas, tiránicas y un sinnúmero de otras cosas poco halagüeñas. Pero yo no acepto esos juicios. Creo que las madres judías están entre las mejores. Su ambiente cul­tural las ha adiestrado para ayudar a sus hijos a sacar el máximo provecho de su potencialidad. Las madres judías son estupendas. Su cultura ha inculcado en la maternidad la idea de que la responsabilidad primordial de una madre es fortalecer a su hijo y hacerlo sentirse especial. Por lo tanto, los niños judíos crecen pensando que son maravillosos.

El niño judío típico crece oyendo a su madre decir que él es talentoso, guapo y capaz de hacer grandes cosas. Ese niño puede descarriarse y perder el primer grado; eso no lo altera ni cambia su opinión. La madre judía se encoge de hombros y dice: “Eso sólo demuestra que no saben educar a un genio en esa escuela”.

Como la madre judía piensa que su hijo es inteligente y hermoso, su hijo acogerá esa opinión. Por consiguien­te, el hijo comenzará a pensar de sí como su madre piensa y comenzará a definirse a sí mismo como inteli­gente y hermoso. El hijo probablemente llegará a ser lo que él piensa que es. Algunos psicólogos le llaman a eso la “profecía de la propia realización”. Quiere decir que si el hijo piensa que es inteligente y capaz de grandes cosas, probablemente llegará a ser brillante y hará grandes cosas. Si eso es cierto, no es de extrañar que los niños judíos a menudo lleguen a lograr grandes cosas cuando son adultos. Sencillamente viven de conformidad con la imagen positiva de sí mismos que ha sido creada por sus padres.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Es Viernes Pero el Domingo Viene”

Por Tony Campolo

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