cristo-satisface-nuestra-necesidad-de-valor-personalPredicaciones – Cristo satisface Nuestra Necesidad de Valor Personal 6

 

Continuemos.

Algunos creyentes confunden la humildad con el com­plejo de inferioridad. Dios espera que seamos humildes, no que tengamos complejo de inferioridad. Una persona que continuamente dice: “No soy bueno; hay tanto pe­cado en mi vida que el Señor nunca me podría usar porque no he alcanzado el nivel de espiritualidad nece­sario para ser un verdadero siervo del Señor”, aparenta ser religioso aunque de una manera falsa. Parece que dice; “¿Ven lo humilde que soy?”. Siento deseos de responderle: “Parece muy orgulloso de su humildad”.

Dios no quiere que participemos en tales juegos mani­puladores. Él nos llama para que afirmemos nuestra identidad como hijos suyos. Él quiere que reconozcamos nuestro valor infinito.

Fred Craddock, un profesor del Seminario Teológico de Phillips, cuenta la historia de un encuentro que causó una profunda impresión en él y que nos proporciona una poderosa ilustración de la manera en que el valor propio de una persona puede cambiar cuando se da cuenta de que es hijo de Dios.

El profesor Craddock estaba de vacaciones en Gatlin-burg, Tennessee. El y su esposa estaban sentados a la mesa en un restaurante cuando un anciano se les acercó y les preguntó:

¿Cómo están? ¿Están disfrutando de su tiempo? ¿Están de vacaciones?”

Sí — dijo el profesor Craddock —, estamos de vacacio­nes y, sí, estamos disfrutando de este tiempo.

¿Qué hace para ganarse la vida? — preguntó el ancia­no.

El profesor Craddock, queriendo deshacerse de él y volver a la conversación privada que sostenía con su esposa, respondió:

Soy profesor de homilética. Estaba seguro de que un título así ahuyentaría al intruso inoportuno. Pero no fue así.

¡Ah, es un predicador! — dijo el anciano —. Voy a contarle una historia de predicadores.

Pareciera que todo el mundo sabe historias de predica­dores, y el profesor Craddock no quería oír otra. Pero antes que pudiera hacer nada, el anciano había arrimado una silla a la mesa y comenzó a contar su historia.

—Soy hijo ilegítimo — dijo él —. Nunca supe quién era mi padre y fue duro para mí. Los muchachos en la escuela me ponían apodos y se burlaban de mí. Cuando camina­ba por la calle principal de nuestra aldea, sentía como que la gente me miraba fijamente y se hacía esa terrible pregunta: ‘¿Quién será el padre de ese muchacho?’ Pasa­ba mucho tiempo solo y no tenía amigos. Un día un predicador nuevo vino al pueblo y todo el mundo decía que era muy bueno. Yo nunca antes había ido a la iglesia, pero un domingo pensé que iría a oírlo predicar. Era un buen predicador. Seguí yendo. Cada vez llegaba tarde y salía temprano para no tener que hablar con nadie. Entonces, un domingo, estaba tan extasiado con el men­saje del predicador que se me olvidó salir, y antes de percatarme de lo que estaba sucediendo, él pronunció la bendición y terminó el culto. Intenté salir de la iglesia, pero la gente había llenado ya los pasillos y no podía pasar. De repente, sentí una mano pesada en el hombro. Cuando me di vuelta, el predicador alto y grande me estaba viendo desde arriba y preguntando: ‘¿Cómo te llamas, muchacho? ¿De quién eres hijo?’ Temblé cuando él hizo la pregunta. Pero antes que yo pudiera replicar nada, él dijo: ‘Yo sé quién eres. Sé quién es tu familia. Hay un parecido de familia distintivo. Pues, eres el hijo… eres el hijo… ¡eres hijo de Dios!’ ¿Sabe una cosa, señor? ¡Esas palabras cambiaron mi vida!

El anciano se levantó y se fue, y la camarera se acercó y preguntó: ¿Sabe quién es él?

No — respondió el profesor Craddock.

Es Ben Hooper. Dos veces gobernador de Tennessee.

Un hombre supo que era hijo de Dios y cambió la manera de verse a sí mismo. Las opiniones de los demás ya no podían disminuir su sentido de dignidad y valor. Cómo quisiera que todo el mundo llegara a una concien­cia de que es un verdadero hijo de Dios y heredero del Rey de reyes, tal como lo dice Juan 1:12 y Romanos 8:17.

Si puede aceptar estas verdades y aplicarlas en su vida, usted nunca volverá a tener un pobre concepto de sí mismo.

No me avergüenzo del evangelio de Cristo, porque satisface mi necesidad de una imagen positiva de mí mismo. Y si le da una oportunidad a Cristo, lo mismo será cierto para usted. Él no es un Dios que rebaja. Él es un Dios que levanta y pone nuestros pies sobre la peña sólida, que nos enseña a levantar en alto la cabeza y nos llama con una voz que resuena hasta los confines del universo: “Eres estupendo para mí”.

Extracto del libro “Es Viernes Pero el Domingo Viene”

Por Tony Campolo

4 Comentarios

  1. Gracias a Dios por Iluminarle este maravilloso mensaje. El Señor lo siga bendiciendo y usando para llevar el Amor de Dios a más hermanos del mundo entero.

    “Mas Dios muestra su Amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5:8

    Cuan grande es el Amor de Dios por nosotros.

  2. Buen mensaje mi hermano, un día leí en daniel 9.23 “porque eres muy amado”; y vino a mi un deseo de ser tenido así por Dios; que Dios un día me dijera hernan porque eres muy amado…
    Sé que Dios me ama y por eso dio su vida por mi pero no pensé que a pesar de que no soy perfecto ya soy muy amado como le dijo a Daniel por medio de Gabriel. Pero en este devocional mi Dios me confirma lo mucho que me ama hasta decirme que soy muy amado.
    Gracias a Dios por ester mensaje y por su vida mi hermano.

    • Hola Hernán. ¡¡¡Bienvenido!! Así es, su amor es eterno, incondicional y perfecto sobre nuestras vidas. Disfrutalo!!!

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