Sexualidad – UN BUEN MATRIMONIO 1

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¡A PREPARAR LA BODA!

  1. ¿Qué es el matrimonio?

Es una idea divina: la idea del matrimonio nació en la mente de Dios, ya que fue instituido por Él antes del pecado del hombre, Génesis 2:24. Dietrich Bonhoeffer escribió en una prisión nazi en Alemania un sermón de bodas que decía: “El matrimonio es más que simplemente vuestro amor el uno por el otro. Tiene una dignidad y poder más alto, pues es una idea de Dios por medio de la cual él desea perpetuar la raza humana hasta los fines de los tiempos…”.

Es un contrato para toda la vida: “Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”, Mateo 19:6.

Es la provisión de compañero/a para tu vida.

Es el fin de la soledad: “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo…”, Génesis 2:18.

UN BUEN MATRIMONIO

Un buen matrimonio debe basarse en la unión de pequeñas y grandes cosas:

Nunca ser demasiado grande para tomarse de las manos. Recordar decir “te quiero” por lo menos una vez al día. Nunca ir a dormir estando enojados. Estar de acuerdo en los valores y tener objetivos comunes.

2. ¿Qué se necesita para un matrimonio feliz y duradero?

A. Que Dios construya el matrimonio: el Salmo 127:1 dice: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican…”. El matrimonio se asemeja a un gran edificio a construir.

Dios es el arquitecto que ha diseñado el modelo de este edificio llamado matrimonio. El edificio debe construirse de la manera que Él lo ha diseñado y con los materiales que Él ha indicado.

Ustedes son los albañiles que, juntos, construirán el edificio. De­berán cumplir con las órdenes del arquitecto si quieren que el edi­ficio perdure. El secreto radica, no tanto en la habilidad que tengan para construir, sino en la obediencia a las órdenes dadas por el arquitecto.

¿SABEN POR QUÉ TANTOS MATRIMONIOS FRACASAN EN LA VIDA?

Simplemente han dejado de obedecer y escuchar la voz del arquitecto divino. Este es el principio de la ruina.

Los materiales para la construcción del edificio son:

  • Ladrillos de confianza y fidelidad: ningún matrimonio podrá so­brevivir sin la confianza, la fidelidad mutua y el respeto.
  • Ladrillos de diálogo: con las palabras podemos construir o derri­bar. Proverbios 18:21 dice: “la muerte y la vida están en el poder de la lengua”. “La congoja en el corazón del hombre lo abate, más la buena palabra lo alegra”, Proverbios 12:25. Construyan diciéndo­se palabras de aprecio. Háganse cumplidos: “¡qué bonito vestido tienes, mi amor! ¡Qué rica comida has hecho!”.
  • Ladrillos de estímulo: todos tenemos áreas de nuestra vida donde nos sentimos inseguros. Qué alentador y provechoso será si se dan ánimo mutuamente, “¡Tú puedes hacerlo! ¡Vamos querido, lo logra­rás!”.
  • Ladrillos de amistad: la relación matrimonial debe ser una relación de amigos. Cantar de los Cantares 2:2 presenta al matrimonio como dos amantes y dos amigos al mismo tiempo. Pasen tiempo juntos haciendo cosas que les agraden a ambos. Charlen y dense mutua atención.
  • Ladrillos de amor: si construyen sin este material, el matrimo­nio se desmorona. El verdadero amor no excluye la razón. Es emoción más voluntad. El verdadero amor se construye cada día. El verdadero amor no es egoísta, piensa en el otro sin pensar en sí mismo. El amor es sacrificial, no tiene límites. Nada le resulta demasiado. El amor es comprensivo, acepta a la otra persona tal como es.

“LAS SIETE ETAPAS DE UN RESFRIADO EN EL MATRIMONIO”

El amor y la preocupación del esposo por su esposa suelen declinar con los años. Larry y Nordis Chrístenson lo sugieren en este cómico artículo titula­do “Las siete etapas de un resfriado en el matrimonio”:

  • Primer año: “Mira, mi amorcito, estoy preocupado por ti, mi muñequita. Estás respirando con mucha dificultad. Te llevaré al hospital para que te hagan los exámenes generales y para que tengas un buen descanso. Sé que la comida es mala en el hospital, pero yo te llevaré alimentos de un buen restaurante. Ya hice los arreglos”.
  • Segundo año: “Mira, mi amor, no me gusta como suena esa tos. Ya llamé al doctor y le dije que viniera pronto. Ahora, acuéstate, muchachito, por favor. Hazlo por amor a mí”.
  • Tercer año: “Sería mejor que te acuestes, mi amor. No hay nada como un pequeño descanso cuando uno se siente mal. Te traeré la comida. ¿Dónde está la sopa?”
  • Cuarto año: “Mira, tienes que cuidarte. Después que les des la comida a los niños y laves los platos, es mejor que te acuestes”.
  • Quinto año: “¿Por qué no te tomas un par de aspirinas?”
  • Sexto año: “¿Por qué no haces unas gárgaras o tomas alguna cosa, en vez de sentarte por ahí ladrando como una foca?”
  • Séptimo año: “¡Por favor, deja de estornudar! ¿Qué estás tratando de hacer? ¿Quieres hacerme pescar una pulmonía?”

(CONTINÚA… DALE CLICK ABAJO EN PÁGINAS…)

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