1. Relación sexual es penetración.

¿ESTO ES ASÍ?

Pablo y Andrea (los nombres están cambiados para preservar su identidad) vinieron con una pregunta: ¿el sexo oral es una relación sexual o no?

Bueno -dijimos nosotros- ¿y ustedes qué opinan?

Y -respondieron – como no hay penetración, creemos que no es relación sexual.

Ahora, ¿se define una relación íntima sólo por la penetración?

No, no se define sólo por la penetración; el repertorio amatorio tiene muchísi­mas posibilidades. Pensar que sólo existe relación sexual cuando hay penetración ha llevado a los jóvenes solteros a experimentar otros comportamientos, entendiéndolos como “moralmente aceptables, porque no son relaciones sexuales”; este pensamiento los lleva a comprometer peligrosamente su integridad en actos ilícitos reservados para la intimidad matrimonial.

  1. La sexualidad es algo privado, mientras no le haga mal a nadie.

Este pensamiento entraña la aceptación peligrosa de la moral de circunstancia y el relativismo moral. Para los cristianos no es una cuestión de ámbito, tampoco de gustos o preferencias, sino una cuestión de amor a Dios en la obediencia de los principios bíblicos.

  1. Todo contacto físico lleva a una relación sexual.

Creer el mito de que el contacto físico implica relación sexual, hace que cuando un esposo se acerque a su esposa por una caricia o un beso, ella piense que es porque en realidad busca una relación sexual, ¡no siempre es así! Todo ser humano desde el nacimiento hasta el día de su muerte, necesita de contacto físico con otras personas a través de caricias, besos y distintas expresiones de amor. Aprendamos a dar y recibir amor.

  1. Las personas mayores que sienten interés por el sexo son viejos verdes.

En nuestra cultura se desestima la vida sexual a la tercera edad. La presión que ejerce la cultura lleva a ver a los ancianos como seres sin necesidad de sexo. Presas de este mito, los hombres mayores no logran entender qué les ocurre. Se ven veteranos, pero con deseos sexuales y erecciones, no tan seguidas como cuando eran jóvenes, pero con amplia capacidad para disfrutar de intimidad sexual con su cónyuge.

Masters y Johnson demostraron que las diferencias en la respuesta sexual de un hombre joven y otro mayor se deben a la declinación del vigor físico, pero sin afectar el grado de satisfacción sexual. Esa pérdida de vigor determina que necesi­ten mayor estimulación para lograr una erección porque no responden con la misma rapidez que antes. La eyaculación es más débil, la pérdida de erección posterior es inmediata y el período refractario (tiempo necesario entre una erección y otra) suele ser más largo, abarcando incluso días. Tardan más en llegar al orgasmo, pero al tener mejor control sobre su eyaculación, pueden mantener una relación sexual más pla­centera y por más tiempo.

Muchas mujeres menopáusicas se sienten sin atractivo y ven como algo perver­so el continuar activas en su vida sexual. A veces el mito les hace creer que deben renunciar a las relaciones sexuales por motivos de dignidad o de “edad”. Pero la respuesta de su cuerpo a la estimulación sexual seguirá siendo la misma, con la diferencia de una disminución en la lubricación vaginal y la menor elasticidad en las paredes vaginales.

Concluimos en que ni la mujer ni el hombre deben renunciar a su sexualidad por la edad avanzada.

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