La Doctrina de la Sangre – El Sacrificio de Cristo Como Expiación 2

 

Continuemos.

Otras varias escrituras podrían citarse para afirmar siempre la preponderancia de la idea de la muerte en el sacrificio del Señor Jesucristo, “La sangre de Cristo” es, como “la cruz”, solo otra, una más clara expresión de la muerte de Cristo en su significación salvadora. Gracias a Dios por los hombres del pasado y del presente que han puesto en claro, recurriendo a las propias escrituras, la gran verdad que el liberalismo teológico pretende poner en duda.

Habiendo señalado brevemente lo relativo a la enseñanza errónea sobre este aspecto, pasemos a considerar la enseñanza positiva de las Sagradas Escrituras.

 

2. LA EXPIACION REPRESENTA LA OBRA DE LA CRUZ DESDE EL PUN­TO DE VISTA DE LA CULPABILIDAD DEL PECADOR.

A. La expiación supone la existencia del pecado, y tie­ne como propósito destruirlo. Este es el primer propósito. La expiación tiene por objeto al pecado. La expiación es la obra por la cual el pecado es borrado. La raíz hebrea “Kaphar” es una palabra antigua, usada reiteradas veces en las Escri­turas, que significa cubrir; significa “llevarse” el pecado.

Las Sagradas Escrituras presentan al hombre, y al mundo en que vivimos, no como salieron de la mano de Dios, sino como el hombre y como el mundo han quedado después de que el pecado los ha invadido. La Biblia nos enseña cómo el pecado ha invadido nuestro mundo, y subraya que, cuando el pecado invade al género humano, destruye la vida.

Las nociones humanas sobre el pecado suelen ser superficiales, pero la Biblia destaca su proyección universal y sus consecuencias eternas. El pecado no es un invento de los predicadores. El pecado priva al hombre de su vida. Lo priva de su vida al separarlo de Dios, porque la vida ha sido, y sigue siendo, el privilegio de Dios. La idea que las Escrituras destacan al hablar de la expiación es la idea de remover la culpa, de quitar la culpa acumulada a causa del pecado.

 

B. Pero además la expiación tiene el gran propósito de unir al hombre con Dios. De modo que la expiación cubre el pecado, lo aparta, lo borra de la presencia de Dios. ¿Para qué? Para que ya no sea más una barrera a la comunión con Dios. De modo que la cruz es un hecho eterno, ordenado por Dios, para destruir al pecado. Teniendo presente este hecho eterno de la cruz, Dios proveía los sacrificios del Antiguo Testamento. El simbolismo tan variado del Antiguo Testamento no puede ser menospreciado, ni debe ser reducido a meras ilustraciones. Detrás de las sombras del Antiguo Tes­tamento están los hechos y las verdades eternas de Dios.

 

C. Estos sacrificios del Antiguo Testamento destacan esas verdades de valor eterno:

1) Los sacrificios incluían la confesión del peca­do. Toda gran doctrina bíblica parte de la base de que el pecado es una realidad, y no un asun­to para ser discutido. El pecado es un asunto para ser confesado; el reconocimiento del peca do, la confesión del pecado, es esencial para volverse hacia Dios.

2) La expiación subraya que la ley de Dios tiene que ser cumplida y no puede ser dejada de lado. El perdón no significa que Dios pueda ser ne­gligente con el pecado, como nosotros solemos ser, ni el perdón puede verse como debilidad en Dios. Dios nos perdona sobre la base de su jus­ticia} su ley tiene que ser cumplida y no puede ser dejada de lado.

3) La expiación requería un sacrificio. Una vícti­ma inocente tenía que ocupar el lugar del cul­pable. En el gran día de la expiación, del cual habla el libro de Levítico, el sumo sacerdote hacía traer un animal, ponía su mano sobre él, confesaba los pecados del pueblo, y después de ésto la víctima, el animal, era degollado. Es­te animalito tenía que ser sin tacha; no podía ser enfermo, no podía faltarle una parte esen­cial de su cuerpo.

Hay aquí una lección preciosa, que nunca debemos dejar pasar inadvertidamente. Se dice de Cristo, en la carta a los Efesios, que Él se ofreció sin mancha, que Él ofreció su propio cuerpo y que ésta era una ofrenda sin mancha. Esta es la gran lección. Pero además de ésta, hay ciertamente otra lección para nosotros: Sólo lo mejor era digno de ser ofrecido a Dios.

4) En cuarto lugar, había derramamiento de sangre. La sangre era aplicada; el pecado era cubierto por la sangre.

5) La culpa del pecador era transferida; había una víctima inocente que recibía la culpa del culpable. Todo esto nos conduce a encontrar consuelo y paz en el hecho eterno de la cruz.

(CONTINÚA…)

Extracto del artículo “La Doctrina Bíblica Sobre la Sangre”

Por Horacio A. Alonso

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