La Doctrina de la Sangre – El Sacrificio de Cristo Como Expiación 3

 

Continuemos.

3. EL TRASFONDO DE LA EXPIACION ES FUNDAMENTAL PARA EN­TENDER EL SIGNIFICADO DEL SACRIFICIO DE CRISTO.

A. El sacrificio de Cristo en la cruz es primeramente la provisión del amor de Dios. Nunca podemos contemplar la cruz adecuadamente si olvidamos el gran amor de Dios. La cruz es la manifestación suprema del amor de Dios. “El que aún a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos noso­tros ¿cómo no nos dará también, con El, todas las cosas?”

La cruz revela hasta dónde puede llegar el amor sin límite. El mundo religioso, tanto el que se llama a sí mismo cristiano, como el mundo pagano, ese mundo religioso inculca a los feligreses que algo tienen que llevar a Dios. Enseña que las personas tienen que dar a Dios para recibir, y más bien se habla de que el hombre tiene que hacer algo para “congraciarse” con Dios’; sin decirlo abiertamente, enseñan que se puede comprar a Dios. Ignoran que, desde la eternidad Dios existe, no como el Dios que exige, sino como el Dios que da. Y la cruz es la provisión del Dios que da, que da lo mejor que tiene.

 

B. La obra de la Cruz es una obra expiatoria porque agota el pecado, extingue el pecado. Notemos que aquí estamos entrando al significado más profundo, estamos acercándonos a la cumbre de la obra inmen­sa de Cristo en la cruz.

  • La obra de Cristo es expiatoria porque agota, extingue el pecado, y es expiatoria porque ahora el juicio de Dios sobre el pecado del hombre. Cristo absorbe el pecado; se ha­ce responsable del pecado.
  • La obra de Cristo es una obra expiatoria porque extingue el pecado de manera vicaria. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir de manera sustitutoria, representativa, de ma­nera que reemplaza a otro.
  • La obra de Cristo es expiatoria porque extingue el pecado en lugar de otro, porque Cristo reemplaza al que tenía que morir.
  • La muerte de Cristo es expiatoria porque Él la sufrió en lugar del culpable, en el nombre del culpable.

Como ha señalado Walter Bevan: “No había nada accidental en la muerte de Cristo, Él siempre tuvo delante suyo ese momento supremo que llamó “Mi hora”. A la sombra de La cruz leemos allí en Juan capítulo 17: “Padre la hora ha llegado, glorifica a Tu Hijo como también Tu Hijo te ha glorificado a Ti”.

Cristo se movía hacia aquella hora, y antes de que aquella hora llegara nadie pudo hacerle ningún mal. Pero cuando esa hora llegó, entonces Dios mismo sumó el pecado, Dios mismo juntó el pecado con toda su fuerza, y habiéndolo medido como sólo Dios puede hacerlo, y en toda su pecaminosidad insondable, lo cargó sobre su Hijo”.

Las palabras humanas son insuficientes; sólo la lectura del gran Capítulo 53 de Isaías, de los salmos mesiánicos y de otras escrituras, pueden guiarnos: “El llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros do­lores; el castigo de nuestra paz fue sobre El. “Jehová cargó sobre Él el pecado de todos nosotros”, “…puso su vida en expiación por el pecado”.

 

C. Notemos que esto no significó una arbitraria impo­sición del castigo sobre uno que no peca, para dejar libre al pecador, sino que es más bien la consecuencia, moralmente inevitable, que se verifica porque Cristo se identificó con una raza pecadora. De modo que el castigo de la cruz no fue sufrido porque El tuviera culpa, sino que se verificó porque el Dios Santo y el hombre pecador se reúnen en el Hijo de Dios encarnado cuando El sube a la cruz.

Todo el Nuevo Testamento subraya que Cristo declaró su entrega voluntaria a la muerte; declaró una rendición de su vida, y señaló que sería por su muerte que El atrae­ría a los pecadores.

 

D. La obra de Cristo es expiatoria porque la ley de Dios ha sido honrada y no pasada por alto. La ley de Dios es santa, justa, buena. La ley de Dios expresa el carácter de Dios. Esta ley de Dios establece una relación entre el pecado y la muerte, y esta ley ha mantenido su vigencia en la cruz. Este principio que vincula al pecado con la muerte, es el principio que tenía al hombre bajo su dominio, y este poder ha sido quebrantado; este dominio de la muerte sobre el hombre ha sido quebrantado en la cruz.

(CONTINÚA…)

Extracto del artículo “La Doctrina Bíblica Sobre la Sangre”

Por Horacio A. Alonso

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