La Doctrina de la Sangre – El Sacrificio de Cristo Como Propiciación 5

 

Continuemos.

B. Las buenas nuevas del Evangelio son que una propi­ciación ha sido provista. Algo ha ocurrido. Algo ha sido hecho por Dios. Ese algo es la gran obra de la Cruz. Y, como resultado, la honra de Dios ha sido vindicada. La ira de Dios ha sido aplacada. Como ha dicho el gran teólogo Monod: “Salva la santa ley de mi Dios; y después podrás salvarme a mí”.

Algunos críticos dirán que estamos diciendo que Cristo ha cambiado la mente de Dios. Pablo no dice esto. Lo que Pablo dice es que Dios mismo, el Padre mismo, ha hecho esto. En la cruz vemos a Dios que está obrando, junto con el Hijo. Vemos a Dios mismo proveyendo la propiciación en su propio Hijo, mediante su sangre. El escritor a los hebreos señala que la Trinidad estaba envuelta en la obra de la Cruz: “Cristo… por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios” (Hb.9:14).

 

C. La idea de la propiciación comprende pues más que la expiación, porque abarca también la pacificación de Dios. Cristo amó a los hombres como nunca nadie pudo amar los. Sin embargo, habló de ellos como perdidos, condenados bajo la ira divina.

Notemos que la propiciación no significa que Cristo tuviera que morir para que Dios se volviera misericordioso. Dios ya lo era. “Con amor eterno te he amado…” (pudo decir Dios a un pueblo rebelde y contradictorio) “…por tanto, te soporté con misericordia”. Pero en la relación que existe entre un Dios Santo y el pecado, hay algo que hace moralmente imposible que Dios pase por alto el pecado, como si no existiera. Por lo tanto, era necesario que el pecado fuera juzgado, expiado, y era necesario que el carácter de Dios fuera vindicado.

Cristo soportó la ira de Dios, y no contra Él como persona, sino porque fue el sustituto del pecador. Él entró, en la cruz, en el estado del hombre culpable. Allí fue hecho pecado por nosotros. Allí soportó la muerte, que es la paga por el pecado y la expresión de la ira de Dios.

La diferencia pues entre expiación y propiciación es que la propiciación lleva esta noción:

  • Hay alguien que ha sido ofendido.
  • Hay alguien que es el ofensor.
  • Hay algo que debe ser hecho, y que ha sido hecho por ambos la­dos.

Y esta grande y gloriosa doctrina nos enseña que el mismo Dios a quien hemos ofendido ha provisto, El mismo, el medio del perdón. El mismo tomó la carga; se puso debajo de la carga. Su enojo, su ira, ha sido satisfecha, pacificada. Por esto Él puede ahora reconciliar al hombre consigo mismo.

Cuando Pablo dice en Romanos 3:25 que Dios puso a Jesucristo “como propiciación por medio de la fe en su sangre”, lo que quiere decir es que apagó la ira de Dios, y con ello nos redimió de la muerte. No fue la vida, ni la enseñanza, ni su santidad, como tales, sino el derramamiento de su sangre al morir, lo que nos ha traído vida.

Adviértase que algunas versiones bíblicas no utilizan la palabra “propiciación” en Romanos 3:25. Dios Llega al Hombre: “instrumento de perdón”. Dios Habla Hoy (VP): “instrumento de perdón”. La Biblia al Día: “extinguiera el enojo de Dios contra nosotros”. La Biblia de las Américas; “propiciación” (al margen: “sacrificio propiciato­rio”).

 

4. LA PROPICIACION ES EL SACRIFICIO QUE RESTABLECE LA RE­LACION PERDIDA ENTRE EL HOMBRE Y DIOS.

A. El Sacrificio de Cristo abre el camino hacia Dios. El sacrificio de Cristo abre el camino hacia Dios porque era necesario que el pecado fuera expiado, extinguido, quitado. ¿Por qué? Porque el carácter de Dios tenía que ser vindica­do, tenía que ser respetado. Notemos que no sé trata de una transacción con el pecado; no se trata de avenirse, de transar con el mal, de negociar Con el mal, porque esto no se­ría salvar al hombre.

(CONTINÚA…)

Extracto del artículo “La Doctrina Bíblica Sobre la Sangre”

Por Horacio A. Alonso

Lee El Sacrificio de Cristo Como Propiciación 6

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