La Doctrina de la Biblia – La Claridad de las Escrituras 4

 

Continuemos.

Esta verdad debe dar gran estímulo a todos los creyentes a leer su Biblia diaria­mente y con gran anhelo. Nunca debemos dar por sentado, por ejemplo, que sólo los que saben griego o hebreo, o sólo los pastores o eruditos bíblicos, pueden en­tender correctamente la Biblia; recuerde que el Antiguo Testamento fue escrito en hebreo y que muchos de los creyentes para quienes se escribieron las cartas del Nuevo Testamento no tenían conocimiento del hebreo para nada; tuvieron que leer el Antiguo Testamento en una traducción al griego.

Sin embargo los escrito­res del Nuevo Testamento dieron por sentado que estas personas podían leerlo y entenderlo correctamente aun sin tener conocimiento académico del idioma ori­ginal. Los cristianos nunca deben dejar en las manos de los “expertos” académicos la tarea de interpretar la Biblia; deben seguir haciéndolo todos los días por sí mis­mos.

Es más, aunque reconocemos que ha habido muchos desacuerdos doctrinales en la historia de la iglesia, no debemos olvidar que en toda la historia de la iglesia ha ha­bido una sorprendente cantidad de acuerdo doctrinal respecto a la mayoría de las verdades centrales de la Biblia.

En verdad, los que han tenido oportunidades para te­ner comunión con creyentes en otras partes del mundo han descubierto el asombro­so hecho de que dondequiera que hallemos un grupo de creyentes con vitalidad, casi de inmediato se hace aparente una amplia cantidad de acuerdo sobre todas las doc­trinas centrales de la fe cristiana. ¿Por qué es esto cierto, sin que importe cual sea la sociedad, cultura o afiliación denominacional? Es que todos han estado leyendo y creyendo la misma Biblia, y sus enseñanzas primarias han sido claras.

 

F. El Papel de los Eruditos.

¿Tienen algún papel para los eruditos bíblicos o los que tienen conocimiento especializado del hebreo (para el Antiguo Testamento) y del griego (para el Nuevo Testamento)? Ciertamente, hay un papel para ellos por lo menos en cuatro cosas:

1. Pueden enseñar la Biblia con claridad y comunicar su contenido a otros, cum­pliendo así el oficio de «maestro» mencionado en el Nuevo Testamento (1º Co.12:28; Ef.4:11).

 

2. Pueden explorar nuevas esferas de comprensión de las enseñanzas de la Bi­blia.

Esta exploración muy rara vez (si acaso) incluye negación de las principales enseñanzas que la iglesia ha sostenido a través de los siglos, pero a menudo incluirá la aplicación de la Biblia a nuevos aspectos de la vida, el responder a preguntas difí­ciles que han levantado tanto creyentes como no creyentes en cada nuevo período de la historia, y la continua actividad de retinar y hacer más precisa la comprensión de la iglesia en cuanto a puntos detallados de interpretación de versículos indivi­duales o asuntos de doctrina o ética.

Aunque la Biblia puede no parecer muy gran­de en comparación a la vasta cantidad de literatura en el mundo, es un tesoro rico de sabiduría de Dios que supera en valora todos los demás libros que jamás se han escrito. El proceso de relacionar sus varias enseñanzas entre sí, sintetizarlas, y apli­carlas a cada nueva generación, es una tarea grandemente satisfactoria que jamás quedará completa en esta edad.

Todo erudito que ama profundamente la palabra de Dios pronto se dará cuenta de que hay en la Biblia mucho más de Lo que se pue­de aprender en toda una vida.

 

3. Pueden defender las enseñanzas de la Biblia contra ataques de parte de otros eruditos o de los que tienen educación técnica especializada.

El papel de enseñar la Palabra de Dios a veces también incluye corregir falsas enseñanzas. Uno debe poder no sólo «exhortar a otros con la sana doctrina» sino también «refutar a los que se opongan» (Tit.1:9; 2º Tim.2:25: «humildemente, debe corregir a los adversarios»; y Tit.2:7-8).

A veces los que atacan las enseñanzas bíblicas tienen educación especiali­zada y conocimiento técnico en cuestiones históricas, lingüísticas o filosóficas, y usan esa educación para lanzar ataques bastante sofisticados contra las enseñanzas de la Biblia. En tales casos, creyentes con destrezas especializadas similares pueden usar su educación para entender y responder a tales ataques. Tal capacitación tam­bién es muy útil para responder a las falsas enseñanzas de sectas y religiones falsas.

Esto no es decir que los creyentes sin capacitación especializada no pueden respon­der a la enseñanza falsa (porque la mayoría de la falsa enseñanza la puede refutar cla­ramente el creyente que ora y tiene un buen conocimiento de la Biblia en su idioma), sino más bien que los puntos técnicos en la argumentación los pueden contestar so­lamente los que tienen destreza en los aspectos técnicos que se traen a colación.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

Lee La Claridad de las Escrituras 5

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