La Doctrina de la Creación – La Creación 3

 

Continuemos.

Aun­que hay algunos cristianos que sinceramente sostienen diferencias con respecto a la cuestión de los reinos vegetal y animal, estos pasajes son tan explícitos que sería muy difícil que alguien sostenga la completa veracidad de la Biblia y todavía sos­tenga que los seres humanos son resultados de un largo proceso evolutivo. Esto se debe a que cuando la Biblia dice que el Señor «formó al hombre del polvo de la tie­rra» (Gn.2:7), no parece posible que se entienda que significa que lo hizo en un pro­ceso que llevó millones de años y que empleó el desarrollo al azar de miles de organismos cada vez más complejos.

Aun más imposible de reconciliar con el con­cepto evolutivo es el hecho de que esta narración claramente muestra que Eva no tuvo una madre humana, sino que fue formada directamente de la costilla de Adán mientras este dormía (Gn.2:21). Pero en una concepción puramente evolutiva esto no sería posible, porque entonces incluso el primer «ser humano» femenino hubie­ra descendido de alguna criatura casi humana que todavía era animal. El Nuevo Testamento reafirma la historicidad de esta creación especial de Eva a partir de Adán cuando Pablo dice: «De hecho, el hombre no procede de la mujer sino la mu­jer del hombre; ni tampoco fue creado el hombre a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre» (1 Co.11:8-9).

La creación especial de Adán y Eva muestra que, aunque podamos ser como animales en muchos aspectos en nuestro cuerpo físico, somos muy diferentes de los animales. Somos creados «a imagen de Dios», el pináculo de la creación divina, más como Dios que cualquier otra criatura, designados para gobernar sobre el res­to de la creación. Incluso la brevedad del relato de la creación en Génesis pone un maravilloso énfasis en la importancia del hombre a distinción del resto del univer­so. Esto resiste las tendencias modernas a ver al hombre como insignificante ante la inmensidad del universo. Derek Kídner nota que la Biblia se levanta contra toda tendencia de vaciar de significado la historia humana de presentar los tremendos actos de la creación como un simple levantar el telón al drama que lentamente se desdobla a todo lo largo de la Biblia. El prólogo se acaba en una pági­na; hay mil que siguen.

En contraste, Kidner anota que la explicación científica moderna del universo, por verdadera que pueda ser, nos abruma con estadísticas que reducen nuestra significación aparente a un punto que desaparece. No el prólogo, sino la historia humana misma, ahora es una sola página en mil, y el tomo terrestre se pierde entre millones sin catalogar. La Biblia nos da la perspectiva de la significación humana que Dios propuso que tengamos.

 

4. La Creación del Tiempo.

Otro de los aspectos de la creación divina es la creación del tiempo (la sucesión de un momento tras otro). Cuando hablamos de la existencia de Dios «antes» de la creación del mundo, no debemos pensar que Dios existía en una extensión infinita de tiem­po. Más bien, la eternidad de Dios quiere decir que él tiene una existencia diferen­te, una existencia sin el paso del tiempo, una existencia que para nosotros es difícil incluso imaginarnos (Job 36:26; Sal.90:2,4; Jn.8:58; 2 P.3:8; Ap.1:8). El hecho de que Dios creó el tiempo nos recuerda su señorío sobre el tiempo y nuestra obliga­ción de usarlo para su gloria.

 

5. La Obra del Hijo y del Espíritu Santo en la Creación.

Dios Padre fue el agente primario que inició el acto de la creación; pero el Hijo y el Espíritu Santo también estuvieron activos. Al Hijo a menudo se le describe como la persona «por medio» de la cual la creación resultó. «Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir» (Jn.1:3). Pablo dice que hay «un solo Señor, es de­cir, Jesucristo, por quien todo existe y por medio del cual vivimos» (1 Co.8:6), y «ha sido creado por medio de él y para él» (Col.1:16). Leemos también que es «por me­dio» del Hijo que Dios «hizo el universo» (He.1:2). Estos pasajes dan un cuadro coherente del Hijo como el agente activo que ejecuta los planes y direcciones del Padre.

El Espíritu Santo también estaba obrando en la creación. Generalmente se le muestra completando, llenando y dando vida a la creación de Dios. En Génesis 1:2, «el Espíritu de Dios iba y venía sobre la superficie de las aguas», lo que denota una función preservadora, sustentadora y gobernadora. Job dice: «El Espíritu de Dios me ha creado; me infunde vida el hálito del Todopoderoso» (Job 33:4).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

Lee La Creación 4

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