La Doctrina de la Biblia – La Suficiencia de las Escrituras 7

 

Continuemos.

Desdichadamente, un patrón similar ha tenido lugar demasiado a menudo en­tre evangélicos dentro de varias denominaciones. Los asuntos doctrinales que han dividido a las denominaciones protestantes evangélicas entre si casi uniformemen­te han sido asuntos sobre los cuales la Biblia pone relativamente poco énfasis, y asuntos en los cuales nuestras conclusiones se deben derivar de inferencia hábil mucho más que de afirmaciones bíblicas directas.

Por ejemplo, ha habido o se han mantenido diferencias denominacionales respecto a la forma «apropiada» de go­bierno de la iglesia, la exacta naturaleza de la presencia de Cristo en la Cena del Se­ñor, la secuencia exacta de los eventos que rodearán el retomo de Cristo, el tipo de personas que se deben admitir en la cena del Señor, la manera en que Dios planeó que los méritos de la muerte de Cristo se apliquen a los creyentes y no a los que no creen, los candidatos apropiados para el bautismo, la correcta comprensión del «bautismo en el Espíritu Santo», etcétera.

No debemos decir que estos asuntos no tienen ninguna importancia, ni tampo­co debemos decir que la Biblia no dé solución a ninguno de ellos. Sin embargo, puesto que todos estos temas reciben relativamente es­caso énfasis directo en la Biblia es irónico y trágico que dirigentes denominacionales a menudo dediquen gran parte de su vida a defender precisamente puntos doctri­nales menores que hacen a sus denominaciones diferentes de otras.

¿Está realmen­te tal esfuerzo motivado por el deseo de lograr unidad de comprensión en la iglesia, o acaso pudiera brotar en alguna medida del orgullo humano, de un deseo de retener poder sobre otros, o de un intento de auto justificación, lo cual desagra­da a Dios y a la larga no edifica para nada a la iglesia?

 

Preguntas Para Aplicación Personal.

1. En el proceso de crecer en la vida cristiana y ahondar su relación con Dios, ¿aproximadamente cuanto énfasis ha puesto usted en la lectura de la Biblia misma y cuanto a leer otros libros cristianos?

Al procurar saber la voluntad de Dios para su vida diaria, ¿cuál es el énfasis relativo que usted asigna a leer la Biblia misma o a leer otros libros cristianos?

¿Piensa usted que la doctrina de la suficiencia de la Biblia le hará poner más énfasis en leer la Biblia mis­ma?

2. ¿Cuáles son algunos asuntos doctrinales o morales respecto a los cuales us­ted tiene preguntas?

¿Ha aumentado este tema su confianza en la capaci­dad de la Biblia para dar una respuesta clara a alguna de esas preguntas?

3. ¿Alguna vez ha querido que la Biblia dijera más de lo que dice respecto a al­gún tema? ¿O menos?

¿Qué piensa que motivó ese deseo?

Después de leer este tema, ¿qué le diría usted a alguien que expresara tal deseo hoy?

¿Có­mo se muestra la sabiduría de Dios en el hecho de que él escogió no hacer la Biblia ni mucho más larga ni mucho más corta de lo que es?

4. Si la Biblia contiene todo lo que necesitamos que Dios nos diga para obede­cerle perfectamente, ¿cuál es el papel de lo siguiente para ayudamos a hallar la voluntad de Dios por nosotros mismos: consejo de otros, sermones o cla­ses bíblicas, nuestra conciencia, nuestros sentimientos, la dirección del Espíritu Santo al percibirle impulsando nuestros deseos internos e impresiones subjetivas, los cambios de circunstancias, el don de profecía (si usted piensa que puede existir hoy)?

5. A la luz de este tema, ¿cómo podría usted hallar la voluntad «perfecta» de Dios para su vida? ¿Es posible que podría haber más de una alternativa «per­fecta» en muchas decisiones que tomamos? (Considere Sal.1:3 y 1º Co.7:39 al buscar la respuesta).

6. ¿Han habido ocasiones cuando usted ha entendido los principios de la Biblia lo suficiente respecto a una situación específica pero no ha sabido los hechos de la situación lo suficiente para saber cómo aplicar correctamente esos principios bíblicos?

Al procurar saber la voluntad de Dios, ¿puede haber otras cosas que necesitamos saber excepto la enseñanza de la Biblia y los hechos de la situación en cuestión, junto con la habilidad para aplicarla correctamente?

¿Cuál es, entonces, el papel de la oración al buscar di­rección? ¿Por qué cosas debemos orar?

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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