La Doctrina de Dios – Los Atributos Comunicables de Dios 7

 

Continuemos.

Cuando Pablo predica el evangelio lo mismo a judíos que a gentiles y estos se convierten en uno en un solo cuerpo, el de Cristo (Ef. 3:6), el increíble «misterio» que «desde los tiempos eternos se mantuvo oculto en Dios, creador de todas las cosas» (Ef. 3:9) es claro para que todos lo vean, es decir, que en Cristo personas tan totalmente diversas llegan a unirse.

Cuando grupos tan diferentes racial y culturalmente llegan a ser miembros de un solo cuerpo, el de Cristo, se cumple el propósi­to de Dios, de que «que la sabiduría de Dios, en toda su diversidad, se dé a conocer ahora, por medio de la iglesia, a los poderes y autoridades en las regiones celestia­les» (Ef.3:10).

Hoy esto quiere decir que la sabiduría de Dios se muestra incluso a los ángeles y demonios («poderes y autoridades») cuando individuos de diferentes trasfondos raciales y culturales se unen en Cristo en la iglesia. Si la iglesia cristiana es fiel al sa­bio plan de Dios, siempre estará en el mismo frente para derribar barreras raciales y sociales en las sociedades en todo el mundo, y de este modo será una manifesta­ción visible del asombrosamente sabio plan de Dios de producir unidad de nuestra gran diversidad y por ello hacer que toda la creación le honre.

La sabiduría de Dios también se muestra en nuestra vida como individuos. «Sa­bemos que Dios hace que todo contribuya para el bien de los que le aman, los que son llamados de acuerdo a su propósito» (Ro 8:28). Aquí Pablo afirma que Dios en efecto obra sabiamente en todo lo que sucede en nuestra vida, y que mediante todas estas cosas él nos hace avanzar hacia la meta de confor­marnos a la imagen de Cristo (Ro 8:29).

Debería ser nuestra gran confianza y fuen­te de paz día tras día saber que Dios hace que todo nos haga avanzar hacia la meta suprema que él tiene para nuestra vida, es decir, que podamos ser como Cristo y que por ello le demos gloria. Tal confianza capacitó a Pablo para que aceptara su «espina en el cuerpo» (2 Co 12:7) como algo que, aunque doloroso, Dios en su sabiduría había decidido no quitarle (2 Co 12:8-10).

Todos los días de nuestra vida podemos acallar nuestro desaliento con el con­suelo que viene del conocimiento de la infinita sabiduría de Dios; si somos sus hi­jos, podemos saber que él está obrando sabiamente en nuestra vida, incluso hoy mismo, para llevarnos a una mayor conformidad a la imagen de Cristo.

La sabiduría de Dios es, por supuesto, en parte comunicable a nosotros. Con confianza podemos pedirle a Dios sabiduría cuando la necesitamos, porque él pro­mete en su palabra: «Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie» (Stg 1:5). Esta sabiduría, o capacidad para vivir una vida que agrada a Dios, viene primor­dialmente al leer y obedecer su palabra (Sal 19:7; Dt 4:6-8).

«El principio de la sabiduría es el temor del Señor» (Sal 111:10; Pr 9:10; Pr 1:7), porque si tememos deshonrar a Dios o desagradarle, si tememos su disciplina paternal, tendremos la motivación que nos hace querer seguir sus caminos y vivir de acuerdo a sus sabios mandamientos. Es más, la posesión de sabiduría de Dios no resultará en orgullo sino en humildad (Pr 11:2; Stg 3:13), no en arrogancia sino en un espíritu manso y pacífico (Stg 3:14-18). Él que es sabio según las normas de Dios continuamente andará en dependencia del Señor y con deseo de exaltarle.

Sin embargo, también debemos recordar que la sabiduría de Dios no es entera­mente comunicable; nunca podremos participar por completo de la sabiduría de Dios (Ro 11:33). En términos prácticos, esto quiere decir que frecuentemente ha­brá ocasiones en la vida cuando no podremos entender por qué Dios permite que algo suceda. Entonces simplemente tenemos que confiar en él y seguir obedecien­do sus sabios mandamientos para nuestras vidas (1 P 4:19; Dt 29:29; Pr 3:5-6). Dios que es infinitamente sabio y nosotros no, y le agra­da cuando tenemos fe para confiar en su sabiduría aun cuando no entendamos lo que él está haciendo.

 

5. Veracidad (y Fidelidad). La veracidad de Dios quiere decir que él es el Dios verdadero, y que todo su conocimiento y palabras son a la vez verdad y la norma suprema de la verdad.

A veces se ha usado el término confiabilidad o también verdad como sinónimo de la veracidad de Dios.

La primera parte de esta definición indica que el Dios revelado en la Biblia es el Dios verdadero y real, y que todos los demás que se llaman dioses son ídolos (Jer 10:10-11). Jesús le dijo a su Padre: «Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado» (Jn 17:3; 1 Jn 5:20).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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