La Doctrina de Dios – Los Atributos Incomunicables de Dios 2

 

Continuemos.

La diferencia entre el ser de Dios y el nuestro es más que la diferencia entre el sol y una vela, más que la diferencia entre el océano y una gota de agua, más que la diferencia entre el universo y el cuarto en que estamos sentados; el ser de Dios es cualitativamente diferente. Ninguna limitación o imperfección de la creación se debe proyectar en nuestro concepto de Dios. Él es el Creador; todo lo demás es criatura. Todo lo demás puede desaparecer en un instante; él necesariamente existe para siempre.

La consideración en balance respecto a esta doctrina es el hecho de que nosotros y el resto de la creación podemos glorificar a Dios y proporcionarle gozo. Esto se debe indi­car a fin de guardarnos contra cualquier idea de que la independencia de Dios nos deja a nosotros sin significado. Alguien pudiera preguntarse: si Dios no nos necesi­ta para nada, ¿tenemos alguna importancia? ¿Hay alguna significación para nuestra existencia o para la existencia del resto de la creación?

En respuesta se debe decir que somos en realidad muy significativos porque Dios nos ha creado y ha determinado que seamos significativos para él. Esta es la definición final de signi­ficación genuina. Dios habla de sus hijos e hijas de todos los términos de la tierra como «todo el que sea llamado por mi nombre, al que yo he creado para mi gloria, al que yo hice y formé» (Is.43:7). Aunque Dios no tenía que crearnos, decidió hacerlo por decisión totalmente libre. Decidió crearnos para que le glorifiquemos (Ef.1:11-12; Ap.4:11).

También es cierto que podemos proporcionar verdadero gozo y deleite a Dios. Una de los cosas más asombrosas que dice la Biblia es que Dios se deleita en su pue­blo y se regocija por ellos. Isaías profetiza respecto a la restauración del pueblo de Dios (Is.62:3-5).

De modo similar lo hace Sofonías (Sof.3:17-18). Dios no nos necesita para nada, sin embargo es un asombroso hecho de nuestra existencia que él escoja deleitarse en nosotros y permitimos darle gozo a su corazón. Esta es la base de la significación personal en la vida de todos los del pueblo de Dios; ser significante para Dios es ser significante en su sentido supre­mo. No se puede imaginar ninguna significación personal mayor.

 

2. Inmutabilidad.

Podemos definir la inmutabilidad de Dios como sigue: Dios es inalterable en su ser, perfecciones, propósitos y promesas, y sin embargo Dios en efecto ac­túa y siente emociones, y actúa y siente en forma diferente en respuesta a situaciones dife­rentes.

A. Evidencia en la Biblia.

En el Salmo 102:25-27 hallamos un contraste entre las cosas que podemos pensar que son permanentes tales como la tierra y los cielos, por un lado, y Dios, por otro lado.

Dios existió antes de que fueran hechos los cielos y la tierra, y existirá después de que ellos hayan sido destruidos. Dios hace que el universo cambie, pero en con­traste con este cambio, él es «el mismo».

Refiriéndose a sus propias cualidades de paciencia, magnanimidad y misericor­dia, Dios dice: «Yo, él Señor, no cambio. Por eso ustedes, descendientes de Jacob, no han sido exterminados» (Mal.3:6). Aquí Dios usa una afirmación general de su in­mutabilidad para referirse a algunas maneras específicas en las que él no cambia.

Santiago les recuerda a sus lectores que toda buena dádiva viene en última ins­tancia de Dios (Stg.1:17). Su argumento es que puesto que las buenas dádivas siempre vienen de Dios, pode­mos tener confianza de que sólo buenas dádivas vendrán de él en el futuro, porque su carácter nunca cambia en el más mínimo grado.

Dios es inmutable; no en toda manera que pudiéramos imaginar, sino sólo en las maneras en que la misma Biblia afirma. Los pasajes bíblicos ya citados se refieren bien sea al propio ser de Dios o a algún atributo de su carácter. De esto podemos concluir que Dios es inmutable, por lo menos respecto a su «ser», y con respecto a sus «perfecciones» (es decir, sus atributos o varios aspectos de su carácter).

La doctrina de la inmutabilidad de Dios es de la más alta importancia para la religión. El contraste entre ser y llegar a ser marca la diferencia entre Creador y criatu­ra.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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