Artículos Pastorales – El Estrés 2

 

Continuemos.

Podemos comparar al estrés con las cuerdas de un violín. Estas necesitan estar bien ajustadas para emitir sonidos armónicos. Si las cuerdas están flojas esto será imposible; igualmente si las cuerdas están muy tensas. La vida de cada ser humano debe poseer una tensión ade­cuada que le permita vivir en forma armónica; cuando esto no es así, las dificultades son mayores. Esta tensión básica que necesitamos nos ayuda a tener empuje e iniciativa.

El Dr. Selye, el investigador principal de este desequilibrio llamado estrés, lo clasificó en dos tipos; uno malo y uno bueno.

  • El bueno, al que llamó Eustress, hacía referencia a la tensión básica que necesitamos.
  • Al malo lo llamó Distress, refiriéndose a la tensión excesiva.

Los estímulos estresantes no son solamente las malas noticias, los conflictos, etc., también son factores estresantes las buenas noticias, como por ejemplo una muy esperada por nosotros y que al recibirla genera una respuesta agradable y una fuerte emoción a la cual no estamos habituados. De este modo, una noticia agradable como una que no lo es, produce una respuesta en nosotros.

 

3. Síndrome General de Adaptación (S.G.A.).

El Dr. Han Selye elaboró lo que denominó el «síndrome general de adaptación» que son aquellas modificaciones que el organismo genera para poder adaptarse a las diferentes circunstancias. Esta capacidad adaptativa difiere de persona en persona, y es mucho más fuerte la adaptación, cuando existen elementos o componentes espirituales en el sujeto. Lo llamó síndrome porque es un conjunto de signos y síntomas, y de adaptación porque hay una modificación del organismo que actúa frente a los factores estresantes.

Este síndrome tiene tres fases:

  • Reacción de alarma
  • Adaptación
  • Agotamiento

Expliquémoslo con un ejemplo. Supongamos que en un mismo momen­to un sujeto de 30 años recibe los siguientes factores estresantes: lo echan de su trabajo y tiene deudas importantes que pagar. Entonces comienza la búsqueda de un nuevo trabajo por medio del cual pueda conseguir dinero para pagar estas deudas. Sus sentimientos son de tristeza y rabia a la vez, ya que lo han despedido de su trabajo anterior de una forma injusta e ingrata. Debido a esta trágica situación enferma y debe permanecer en cama durante varias semanas y mientras se encuentra en la cama piensa que, justamente en pocos días, vence el contrato de alquiler y lo debe pagar.

Observemos que en un breve lapso de tiempo ha sufrido demandas fuertes y no ha tenido tiempo de «acomodarse» a cada nueva situación. Frente a cada estímulo estresante su organismo tuvo que echar mano a la energía de reserva para seguir adelante, logrando así adaptarse a estos nuevos estímulos que fueron surgiendo en estos meses. Una vez que el sujeto pasó la fase de alarma y la fase de adaptación, comienza luego de un tiempo a sentirse raro, la preocupación aumenta, logró superar todas estas dificultades, pero ingresa a la tercera fase, la de agotamiento.

Generalmente, las personas reciben constantes estímulos estresantes, en los que el cuerpo logra ir adaptándose y al haber superado todos estos inconvenientes, transcurrido un breve lapso de tiempo, cuando ya ha pasado la tormenta y los factores estresantes no están más, entonces entran en un estado de agotamiento sin saber por qué les sucede. El cuerpo se permite expresar su cansancio no en medio de la tormenta, sino cuando ya ha pasado la misma. Retrocediendo varios meses encontramos los factores estresantes causantes de la tercera fase del síndrome general de adaptación: el agotamiento.

Un ejemplo bíblico muy claro es la historia de Job, que recibió nume­rosos estímulos estresantes en forma continuada y sin tener pausa como para lograr una adaptación normal (Job 1, 2).

Uno de los ejemplos más importantes es Jesucristo; viendo en Él a una persona que constantemente recibe estímulos estresantes del mundo externo de gran intensidad. Jesús aplicó dos aspectos fundamentales para no caer en un estrés:

  • Primero, frente a cada problema y cada tarea vemos a un Jesús que intercala períodos de descanso breves.
  • Segundo, a la vez vemos un Jesús que encuentra una distracción, es decir un alejamiento de los estímulos; o sea, hacer algo diferente a lo que venía haciendo.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Aconsejamiento Pastoral”

Por Bernardo Stamateas

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