Artículos Pastorales – El Estrés 6

 

Continuemos.

E. Saber hacer pausas.

El permitirse una distracción, un alto, una pausa, nos ayuda a lograr un equilibrio saludable. O incluso un cambio de actividades. Muchos cre­yentes trabajan en un ministerio durante años sin preguntarse si Dios no los estará llamando a un cambio, a una pausa. Somos testigos a nivel profesional y pastoral de muchos siervos de nuestras congregaciones que por años trabajaron sirviendo en el mismo ministerio con cansancio y esfuerzo ya que «si no quién lo haría», terminándolo con hastío y frustración por no saber justamente parar y hacer una pausa. La rigidez de muchas personas les lleva al perfeccionismo y a la impaciencia, considerando las pausas como algo sin sentido y sin valor.

 

F. Metas realistas.

No asumir tareas donde la «presión» está más allá de nuestra capacidad y/o tiempo disponible. El saber qué y hasta dónde podemos llegar nos permite rendir mucho más. Muchas veces es la competencia internalizada, la que lleva a poner metas que nada tienen que ver con las necesidades verdaderas que se tienen. Aquellos que se pasan comparando con lo que los otros tienen a nivel económico, laboral, social, etc., no viven felices ya que su vida se torna entonces en una constante tensión.

 

G. Delegar lo delegable.

El poder hace una cosa por vez, el saber que hay tareas que podemos delegar o compartir con otros, el reconocer que no podemos hacer todo. Es el sentimiento de omnipotencia inconsciente el que muchas veces lleva la racionalización de decir «si no lo hago yo, se hará mal». Asumiendo así tareas que no se debieran realizar, o que se podría delegar perfec­tamente. A veces la misma persona se involucra en «ayudar» a sus semejantes perdiendo de vista que la ayuda que da no le corresponde.

En este sentido podríamos compartir un texto que ha sido de mucha ayuda en la pastoral al estresado. Se trata de Gálatas 6:2 y 5.

Después que la persona los lee en voz alta, le preguntamos por la aparente contradicción, ya que en el v.2 habla de «llevar las cargas con otros», pero en el v.5 se habla de «llevar cada uno su propia carga». Luego de dialogar sobre esto, le señalo la riqueza del idioma griego en el cual el Nuevo Testamento fue escrito. Cuando el apóstol Pablo habla en el v.2 de «carga» utiliza (baros) una palabra en griego que se refería a las cargas de gran peso», a algo gravoso, algo que oprime física y emocionalmente. Aquí el apóstol sugiere que pongamos nuestro hombro para que juntamente con la persona que la sufre le ayudemos a llevarla.

Pero en el v.5 utiliza otra palabra (fortion) que se refiere no a una carga pesada, sino a algo transportado, algo «ligero». Correctamente señala W. E. Vine en su Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, que esto es algo que tiene que ser llevado. No recordamos dónde leímos que esta palabra se usaba para referirse al «peso de una mochila». Entonces el apóstol nos dice que cuando las cargas son difíciles debemos compartirlas con otros y ayudarles. Pero que existe una carga que nadie debe llevar, es «la mochila de cada uno», es lo que uno debe llevar solo, es lo que uno puede hacer solo. Es la propia responsabilidad.

Entonces le preguntamos cuántos «pesos pesados» ha ayudado a llevar, y cuántas «mochilas» que no le correspondían está llevando sobre sus espaldas, ya que dichas «mochilas» terminan pesando más que todo.

Así la persona las enumera tomando conciencia que ha llevado cosas sobre sus hombros que las otras personas podían y debían llevar, «favores» pedidos por otros que mostraban comodidad y falta de responsabilidad de muchos, frente a la vida. Luego lo confrontamos para «patear» estas mochilas que no son suyas para aprender a llevar solamente la suya propia (con la cual alcanza y sobra).

 

H. Clarificar los objetivos.

¿Qué quiero? ¿A dónde voy? ¿Qué es lo más importante en mi vida? Revisar las prioridades y objetivos nos ayuda a saber qué camino tomar. Las más de las veces el estresado se involucra en muchas actividades sin darse cuenta, esto lo confunde haciéndole creer con el tiempo que en todo lo que está involucrado es necesario para su felicidad, de ahí que el consejero debe ayudar a clarificar por orden de importancia sus ver­daderas necesidades.

Aprender a responder correctamente a los factores estresantes. No aguantarse, tragar y explotar por dentro, sino responder e inter­pretar los estímulos como Cristo lo haría. Aquí es importante señalar que existen únicamente dos formas de combatir el estrés. En primer lugar la persona debe intentar cambiar las situaciones que lo aquejan, sea trabajo, barrio, ciertos amigos, etc.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Aconsejamiento Pastoral”

Por Bernardo Stamateas

Lee El Estrés 7

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre