FE Y PENSAMIENTO

He querido saber se hay otra virtud cristiana más comprendida que la fe. Comencemos con dos aspectos negativos.

Primero, fe no es credulidad. El americano H.L. Mencken, crítico anti-sobrenaturalista del cristianismo, afirmó que “la fe puede ser definida concisamente como siendo una creencia ilógica en la ocurrencia del improbable”. Pero Mencken erró: Fe no es credulidad. Ser crédulo es ser ingenuo, completamente desprovisto de cualquier crítica, sin discernimiento, incluso irracional, en lo que cree. Sin embargo es un gran error suponer que la fe y la razón son incompatibles. La fe y la visión son puestas en oposición, una a la otra, en las Escrituras, pero nunca la fe y la razón. Por el contrario, la fe verdadera es esencialmente racional, porque se basa en el carácter y en las promesas de Dios. El creyente en Cristo es alguien cuya mente medita y se afirma en esas certezas.

En segundo lugar, fe no es optimismo. En eso es que parece que Normam Vicent Peale se confundió. Muy de lo que él escribió es correcto. Su convicción básica se refiere al poder de la mente humana. Él cita a William James, que dijo que “El mayor descubrimiento de esta generación es saber que los hombres pueden cambiar sus vidas alterando sus actitudes mentales” y Ralph Waldo Emerson, “El hombre es lo que piensa durante todo el día”. Así, el Dr. Peale desarrolla su tesis sobre el pensamiento positivo, lo cual él acaba por igualar (erradamente) con la fe. Su primer capítulo del libro El Poder del Pensamiento Positivo tiene el significativo título de “Tenga Confianza en Sí Mismo”.

En el capítulo 7 (“Espere siempre lo Mejor y Consígalo”) él hace una sugerencia: lea el Nuevo Testamento, dice él, destaque “una docena de conceptos sobre la fe, los que más les gusten”, y busque memorizarlos. Que esos conceptos de fe permean su mente consciente. “Repítalos muchas veces”. Ellos se impregnarán en su subconsciente y ese proceso lo transformará en un creyente”. Esto parece ser algo prometedor. Pero, espere un poco. Cuando la Biblia se refiere al “escudo de la fe”, prosigue él, ella está enseñando una “técnica de fuerza espiritual”, a saber, “fe, creencia, pensamiento positivo, fe en la vida. Esta es la esencia de la técnica que ella enseña”. El Dr. Peale prosigue citando algunos versículos maravillosos, tales como “¡Sí puedes! Todo es posible al que cree”; “si tuvierais fe… nada os será imposible”, y hágase “conforme vuestra fe”. Pero, entonces él estropea todo, al explicar este último texto de la siguiente manera: “de acuerdo con la fe que usted tuviera en sí mismo, en su empleo, en Dios, es lo que tendrá y no más que eso”.

Estas citas bastan para mostrar que el Dr. Peale aparentemente no hace ninguna distinción entre la fe en Dios y la fe en sí mismo. De hecho, lo que él demuestra es no preocuparse absolutamente con el objeto de la fe. Él recomienda, como parte de su sistema para acabar con las preocupaciones, que la primera cosa a hacer todas las mañanas, y antes de que nos levantemos, es decir en voz alta “yo creo!” tres veces; pero él no nos dice en qué debemos estar afirmados, qué creemos con tanta confianza e insistencia.

Las últimas palabras de su libro son simplemente “tenga, pues, fe, y vivirá feliz”. ¿Pero fe en qué? ¿Creer en quién? Para el Dr. Peale la fe no pasa de ser más que una palabra para expresar autoconfianza, o un exagerado y no fundamentado optimismo. Oí decir que el Dr. Peale cambió su punto de vista después de tener escrito este libro, pero el libro se halla aún en circulación, y siendo leído. Y en ese libro parece estar bien claro que su pensamiento positivo es, a fin de cuentas, meramente un sinónimo para “fe en aquello que la gente quiere que sea verdad”.

Lo mismo se puede decir con relación al Sr. W. Clement Stone, el filantropista y fundador de Actitudes “Mentales Positivas”. “De simples hombres comunes hacemos superhombres”, dice él, pues desarrolló “la técnica de ventas para acabar con todas las técnicas de ventas”. Porque “usted puede incluso venderse a sí mismo, recitando de la misma manera como hacen los vendedores de la AMP todas las mañanas: “estoy contento, tengo salud, soy el máximo”.

Pero la fe cristiana es bien diferente del “pensamiento positivo” de Peale y de las “actitudes mentales positivas” de Stone. Fe no es optimismo. Fe es una confianza racional, una confianza que, en profunda reflexión y certeza, cuenta el hecho de que Dios es digno de todo crédito.

Extracto del libro “Creer También es Pensar”

Por John Stott

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